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lunes, 14 de febrero de 2011

Muestra de arte por fotocopia


En el origen, los años cincuenta, la estructura de la red era pequeña, centrada en un grupo de artistas de EE.UU. que intercambiaban sus trabajos artísticos, pero cada uno de ellos, o al menos varios de ellos, fueron extendiendo el circuito a nuevos componentes y estos mismos a otros tantos. En poco años se extendió como una mancha de aceite a nivel universal, el virus fue creciendo y engendró un cuerpo que tenía vida por sí sólo, no tenía ninguna cabeza, ni forma organizativa alguna, no existía ningún tipo de coordinación entre sus miembros, entrar o salir de la Eternal Network es un acto voluntario. La red está ahí omnipresente a pesar de todos. Pero no existe tampoco “la red”, cada uno de sus miembros es un nodo de la misma, y tiene su propia red que se entrecruza con la de otros. Nadie puede, aunque lo intente, acaparar, centralizar, coordinar, etc. la estructura de la misma en un ámbito geográfico. Las convocatorias abiertas, en las que no se rechaza nada, se exponen todas las obras recibidas, no hay censura, no hay premios, no hay jurados, son un elemento participativo absolutamente democrático /.../. (Merz Mail entrevistado por industrias mikuerpo, “Genealogía de la prensa marginal española”, en Amano # 8, verano de 1997).

La escasa tirada de los primeros números del fanzine permitía toques artesanales y la publicación de formatos complejos, como las copy-novelas de José Manuel Vázquez o el relato postal "Objeción a la conciencia", de Luis Ruid, consistente en un sobre conteniendo diversas cartas cruzadas entre un chico insumiso, su novia y su profesor de historia. La maquetación no era homogénea, sino que reunía elementos de formatos diversos, al estilo de las publicaciones de artista. Estos materiales eran envasados en un continente fácil de archivar y con sentido evocador (carpeta con gomas el # 2, sobre personalizado de mail-art el # 3, concebido exclusivamente para su envío por correo). Los artistas podían trabajar el soporte según diferentes técnicas. Se experimentó con fotocopias láser para componer un catálogo aceptable, pero dado que ello suponía un problema que ni los mejores libros de arte logran resolver completamente, se optó por líneas de trabajo adaptadas al medio, o en todo caso por no tratar de eludir esta limitación.

Allí se manifestaban de forma viva aquellos condicionamientos tecnológicos de la práctica artística que conocíamos teóricamente, y lo inadecuado de seguir sosteniendo formas de expresión que, aún inmersas en el flujo invertido, reproducían en sí mismas la realidad que estábamos cuestionando. La conciencia con que algunos acudían a los eventos, celosos y desconfiados a la hora de ceder sus obras, tenía más que ver con la participación en el espectáculo, o con un espectáculo participativo, que con su disolución. Ciertamente habíamos logrado trasladar el elemento aurático del lugar de la obra al momento del contacto irrepetible, de la puesta en comunicación de las inquietudes personales en un entorno amable y colectivo, pero había que poner mayor énfasis en aquellas formas de expresión adecuadas al objetivo y a la dinámica del proyecto: géneros de bajo presupuesto, fácil reproductibilidad y rápida difusión, como el arte electrográfico, cuya práctica integraba además una reflexión sobre las contradicciones y los límites de un arte ligado a un medio donde el original resultaba ser una copia.

Lo sorprendente era que, pese a que la fotocopiadora había sido un instrumento fundamental en las sucesivas oleadas de autoproducción, eran muy contados los artistas que trabajaban específicamente con fotocopias en nuestro país, y aún era menor la documentación en español sobre el tema, a pesar de que la ciudad de Cuenca cuenta con uno de los pocos museos electrográficos del mundo. En diciembre de 1995, industrias mikuerpo convocó por su cuenta una muestra internacional de copy-art a través de los circuitos de mail-art, ciertas publicaciones marginales independientes e invitaciones personales a los artistas.
 
Tres eran los objetivos que se plantearon en su génesis: promocionar modos de producción artística de bajo presupuesto y fácil reproductibilidad dentro de la filosofía del colectivo, publicar un catálogo con una selección de las obras recibidas y escritos teóricos sobre el tema que supliese a su nivel la laguna editorial existente en este campo y abrir la existencia del colectivo a entidades semejantes. [prólogo al catálogo, 1996]

El éxito de la convocatoria desbordó nuestra capacidad de procesamiento y puso una vez más de manifiesto la existencia de un enorme potencial creativo sin aplicación que sólo necesitaba canalizarse adecuadamente. Consiguió reunir a más de doscientos artistas de los cinco continentes y más de mil obras, convirtiéndose así en la segunda muestra de este carácter llevada a cabo en España y en la más importante cualitativa y cuantitativamente. Las aportaciones teóricas incluidas en el catálogo constituían la mejor fuente de documentación en castellano sobre este tema. Contó con la participación de clásicos del género como Jürgen O. Olbrich o K. Frank Jensen, con la primera línea de poetas visuales nacionales (Antonio Gómez, Ángela Serna) e internacionales (Klaus Groh, Fernando Aguiar, Clemente Padín, Guillermo Deisler), de artistas de la corriente oficial (López de Aël, Carmen Cámara) y de reconocidos activistas “underground” (Lusmore, Vittore Baroni, E.A. Graphix). Destapó la existencia de redes de trabajo que desarrollaban líneas propias (inistas, neoístas) y de colectivos de gestión cultural independiente con buen nivel de autonomía. Mostró la fuerza que estaban alcanzando la network en el que quizá estaba siendo su momento culminante. Aunque se había realizado con el espíritu de las convocatorias de mail-art (todas las obras eran aceptadas y expuestas, no había premios, jurado ni selección, los visitantes podían hacer copias para llevar a casa) resultó imposible dar salida a todo el material enviado y junto a las obras expuestas se habilitaron carpetas plastificadas para exponer el resto. 
 
Entre 1996 y 1997 la muestra viajó a Baleares, donde fue comisariada por el colectivo Reçerca, que editó un catálogo informatizado, y a Valladolid a instancias de La Voz de Mi Madre, que aumentó aún más la participación integrando a numerosos artistas jóvenes. Probablemente los espacios expositivos institucionales no estaban preparados para absorber este tipo de manifestaciones. También viajó a Huelva y a Canarias, donde el fiasco de una organización que desapareció de inmediato hizo que se extraviara una partida importante de material. Los fondos generados fueron donados al Museo Electrográfico de Cuenca, donde siguen estando archivados.

lunes, 2 de agosto de 2010

miércoles, 2 de junio de 2010

Imagen y cambio

por Producciones Imposibles (Oxford)
editores de Mundo Corvo, zine visual

Las imágenes nos envuelven y nos lanzan a la vida o a la muerte. Vivimos rodead@s de color, de formas, de tonalidades, de sombras, de contornos... vivir para ver.

La estética tiene un papel muy importante en nuestro día a día. Hay cosas bonitas y bellas y cosas feas y horrorosas, hay cosas bellas de tan feas que son y hay cosas horrorosas de tan bonitas. La imagen suele ser la primera percepción consciente de lo novedoso (por lo menos para l@s que podemos ver). Arte y anti-arte utilizan lo estético para expresar, comunicar o simplemente para que algo pueda ser contemplado. Muchas veces hay algo detrás de las imágenes, alguna vez hay algo en las imágenes, otras veces no hay nada.

Cualquier forma de control utilizará lo estético para atraer la mirada de las masas. Es posible emplear lo visual para cambiar lo establecido. Si es un mundo de luz y de color, de grandes personajes y espectáculos, somos capaces de cuestionar los pilares que sostienen el presente con una imagen cotidiana; con un gráfico mal fotocopiado, el futuro es nuestro.

Nota publicada en Amano 6 (1997)

miércoles, 17 de marzo de 2010

Poesía Inista

Molero Prior: Reloj Inista


Mari Luz Bermejo: La Historia la escribe el vencedor


Añino: Inica Alfabética


Añino: Espiral


Mari Luz Bermejo: Gráfika Inika


Molero Prior: Las hijas del rey no saben bailar salsa

Publicaciones en Amano 3 ("Cuaderno Inista", 1996)

sábado, 13 de marzo de 2010

Por una música participativa

por Misola Dorela
Amano #6 (abril 1997)

Porque no

La crítica es la condición mínima de subsistencia de una sociedad abierta. (Eduardo Subirats)

Para escapar de la telaraña cultural impuesta por el sistema, es necesario no sólo distanciarse y construir otra red independiente, sino se hace igualmente imprescindible cuidar que la construcción alternativa no repita los mismos elementos arquitectónicos de la anterior. Si tales componentes estructurales se reproducen, las nuevas creaciones quedarán condenadas a su inevitable asimilación y manipulación por la cultura imperante.

Toda la música joven comercial, y también mucha de la perteneciente a la esfera marginal, está atrapada entre unos criterios compositivos de carácter técnico que la atan a unas concepciones estéticas anticuadas y limitantes, que frustran todo intento de participación en la gestación de una nueva mirada transformadora de la realidad social. Esto es debido a que la música joven no ha sido capaz de absorber los elementos estructurales de la revolución de las vanguardias históricas, desarrollándose independientemente de ellas en muchos aspectos clave, y manteniendo, en cambio, una directa conexión con la tradición musical del siglo diecinueve. Tal circunstancia es la responsable de que esta expresión artística pueda entrar como anillo al dedo en el sistema de dominación establecido, ya que se muestra apta para ser reducida de su posible contenido subversivo a una estética formalista y espectacular de carácter comercial. La música que parte de elementos formales propios de una tradición cultural explotada y asimilada puede ser digerida por el sistema actual de producción cultural en serie, e impulsada institucional o comercialmente como producto de consumo habitual, porque los potenciales elementos críticos o revolucionarios que en ella participan se concentran en la esfera contenidista y no han sido transcritos al de los más básicos patrones estéticos musicales.




Recordemos que las estructuras estéticas sobre las que se construyen incluso muchas de las expresiones musicales consideradas propias por los círculos marginales más radicales son, fundamentalmente, la armonía tradicional, la rítmica tradicional, y el concepto de forma musical tradicional. Todos estos componentes técnicos pueden ser tolerados por la cultura establecida, en tanto en cuanto ya ha sido realizada una crítica destructora sobre ellos en tiempos de las vanguardias históricas, que descubrieron su inaptitud para crear o desarrollar nuevos contenidos artísticos distintos de los burgueses dominantes del siglo anterior. La evidente diferencia estilística entre las producciones musicales decimonónicas y las actuales de la música joven reside principalmente en aspectos no estrictamente técnicos de las composiciones, como el disfraz, el gesto, la imagen, la tecnología empleada, etc. Las diferencias de los componentes rigurosamente musicales, en cambio, hay que interpretarlas como la evolución exacerbada de todos los aspectos que ya aparecían en la música burguesa, ritmos repetitivos, armonías esquemáticas, frases musicales de rígida estructura, y, en los mejores casos, melodías con una rica interválica. Este desarrollo estético, sin embargo, ha comprometido a su vez la transmisión de toda una serie de condicionamientos y prejuicios heredados, que en muchos casos, de hecho, se han radicalizado.

La música joven ha mantenido unas estructuras anticuadas por su vocación espectacular. Ya en el siglo diecinueve, la música era sobre todo un fenómeno de masas para la purificación e instrucción colectiva. Basta recordar los casos de Wagner en Alemania o Verdi en Italia, donde sus óperas se convirtieron en verdaderos sentimientos populares, que producían una falsa apariencia de solidaridad entre las clases sociales, para unirlas y dirigirlas a la conquista de la ansiada construcción nacional. El peligro a perder este tipo de conexión directa con el público es lo que ha obligado a la música joven a mantener unas estructuras históricas que hoy en día carecen e impiden todo significado utópico o revolucionario.

De la incapacidad para descomponer la dualidad creador/público, motivada por el cultivo de los actuales procedimientos técnicos heredados que exigen tal separación, y de la asociada vocación espectacular de la música joven, ha nacido una lógica industrial de lo musical dedicada a la mitificación de los nuevos 'artistas'. La estructura de dicha mítica se despliega en todos los ámbitos del fenómeno musical, evidenciando unas relaciones jerarquizadas y aniquiladoras de la diferencia y la individualidad. La anticuada, antidemocrática, dogmática, elitista y soberbia relación jerárquica artista/espectador se mantiene y se lleva hasta los límites extremos que permite la técnica y la logística de fabricación de espectáculos. El escenario se eleva y se agranda imponiéndose como el Olimpo sobre un público oscurecido y miniaturizado. El músico amplifica su voz hasta imposibilitar el diálogo con una masa a la que se le niega la expresión. En general, se recrea toda una realidad simulada electrónicamente de luz y sonido, donde hay quien dirige y quien es dirigido, y donde el tipo de interacción humana está determinado a priori. En definitiva, se impone un concepto de relación social siguiendo las pautas de siempre: el mito despliega su dominio sobre la colectividad.

Ya Adorno alertaba de esta situación, y veía su origen en una determinada estrategia de dominación dirigida a imposibilitar la creación de una nueva cultura independiente. Tal maniobra política estaría comprometida en fraguar un espacio donde se impusiese la consciencia de un imparable proceso de banalización de la cultura y el arte, que mientras son alimentadas y aduladas institucionalmente, se les decreta su defunción en la repetida esquela 'la muerte del arte'. A este respecto, Adorno analiza el jazz y lo que fue su música joven contemporánea, descubriendo que tras haber nacido como mestizaje cultural o como voluntad de superación histórica de una realidad social impuesta, ambas experiencias estéticas fracasan debido a la incorporación de comportamientos fetichistas y acríticos de origen burgués. Ante lo cual propone una reflexión histórica y la vuelta a los criterios musicales de la vanguardia clásica de los años diez. La conciencia de la masa de oyentes está perfectamente adecuada a la música convertida en fetiche. Se escucha música de acuerdo con los preceptos establecidos, y, desde luego, la depravación misma no sería posible sí tuviese lugar una resistencia. [1]



Porque sí

lo que busco, desde que he cobrado conciencia de que existe un muro entre el público y el creador musical, es hacer caer ese muro. (Pierre Boulez)

La conciencia de la existencia real de una inevitable separación y la falta de comunicabilidad del lenguaje musical son unas constantes fundamentales con las que los compositores del siglo XX no han podido dejar de confrontarse. Unos han rehusado encarar esta coyuntura, otros, como Boulez, la han tratado desde posiciones históricas e intelectualistas, y otros finalmente, han encontrado en la participación la solución a esta problemática. En cualquier caso, es preciso proponer este mismo debate en la música joven con la finalidad de apartarla de sus actuales patrones técnicos compositivos, para que abandone así sus inevitables, y en muchos casos inconscientes, consecuencias que no dejan de recordarnos, en todo momento, los patrones sociales burgueses de dominación sobre los que está construida nuestra actualidad y nuestra historia más inmediata.

Una sugerencia que abriría un mundo lleno de nuevas posibilidades empieza por a-prender (en el sentido de apropiarse para reinventar y desarrollar) las técnicas que en música clásica surgieron a partir del movimiento dadaísta y que se difundieron en su mayoría alrededor de los años 60. Experiencias fluxitas, cagistas, happeninistas, etc. establecieron un nuevo concepto de música donde desaparecía la jerarquía compositor/intérprete/público, en beneficio de la participación y creatividad universal. Estas formas de expresión, por su propia configuración son irreductibles a la lógica industrial así como al consumo masivo de cultura. Por una parte, el resultado artístico final de cada evento musical es imprevisible y directamente establecido por unas circunstancias improbables de calcular y repetir. Este impedimento para la reproductibilidad del resultado final (ni siquiera es concebible acercarse a él) elimina el concepto de obra de arte acabada e independiente, lo que imposibilita su mitificación y proceso de fetichización en mercancía cultural. De este modo, la estrategia del disco fracasa ante la obra abierta y democrática. [2]

Fue Gramsci quien denunció la estrategia burguesa de sistemática aniquilación de la imaginación y la creatividad popular, así como de sus señas de identidad y canales formales para la participación en todo proceso creativo independiente y crítico. Para Gramsci, la destrucción del folklore popular formaba parte de un programa de aprisionamiento de la creación cultural popular entendida como fruto de la colectividad. Como sabemos, la cultura popular histórica fue resultado de la participación activa de una infinidad de individuos anónimos en la transformación de unas creaciones artísticas originarias que, una vez popularizadas, fueron abiertas a la variación colectiva e imprevisible. El pueblo daba origen así a unas formas culturales folklóricas de autoidentificación y de reivindicación social capaces de organizar un sentimiento colectivo y revolucionario.

El paulatino proceso de extrapolación del arte de sus condicionamientos sociales de creación, que tras un dilatado periplo a lo largo de toda la modernidad lo llevan al museo y al disco, determinan la muerte del arte en tanto en cuanto que creación colectiva y abierta, en favor de una serie de individualidades independientes, que por su propia circunstancia, carecen de capacidad para reinterpretar y reinventar continuamente los productos culturales, y así mantenerlos vivos en la sociedad y en la historia. La creación artística burguesa se cierra a unas condiciones de reproductibilidad determinadas, que mientras la consagran íntegra en la historia, a la vez, la invalidan como medio vital de comunicación social.

Por eso, es importante recuperar la figura del Anónimo como punto de partida de un producto cultural sobre el que fracasan las estrategias fetichistas del consumo cultural y aniquiladoras de la colectividad, ambas implícitas en el Copyright. En cambio, una nueva estrategia de creación ajena a la lógica de la propiedad privada abre un posible ámbito de verdadera participación estética desinteresada, favoreciendo un discurso artístico compartido y sincero, cuyo producto final sea fruto de una sensibilidad social representativa. En este sentido, el arte plástico popular desplegado en las paredes más escondidas de nuestras ciudades, el mejor grafiti, representa un espacio abierto para la participación voluntaria, colectiva y anónima, donde la lógica de dominio burguesa no encuentra lugar. Tales espacios desinteresados y abiertos a la intervención desjerarquizada no abundan en las producciones musicales, por lo que se produce la explícita paradoja de que en los conciertos quien más disfruta es quien crea la música y no quien la escucha. El público termina convirtiéndose de este modo en invitado de los 'artistas' invitados, y esto no puede quedar así.

La música tiene que ser arte de la experiencia y no 'obra de arte'. Y no debe producirse independiente de quien la escucha sometiéndose a la voluntad de un determinado creador. La música debería ser, ante todo, fruto de su mutuo diálogo.



Misola Dorela es una iniciativa que lucha por la emancipación del oyente de toda actitud sumisa y pasiva.

Ilustraciones: Juan Ángel Sáiz Manrique

jueves, 25 de febrero de 2010

Lesoj

El número 8 de Sign'zine incluía el contenido de Cuadernos Itinerantes # 107, confeccionado por Lesoj. De modo paralelo se realizó una edición limitada de Sign'zine # 8bis con los trabajos de Lesoj que componen el número 196 de Cuadernos Itinerantes.


















Lesoj es un joven artista plástico afincado en Madrid y uno de los editores, junto al escritor Jesús García, de la colección Ediciones Imposibles, donde ha publicado hasta el momento Hong, Ebrieco y El viajero vertical.

jueves, 18 de febrero de 2010

Fax Art

por Guy Bleus
Fanzine P. O. Box # 33 (1998)


//1// //el mundo es una aldea-fax// //después de a. el aerograma, el telegrama y el mail-grama. b. el teléfono y el télex; se da c. el facsímil o telefax// //el fax-art está más relacionado con el telephone(-art) que con el mail(-art)// //la network y el arte por (tele-)comunicación son el mínimo denominador común//

//2// //los mitos del facsímil// //el padre del fax es el físico y fabricante de relojes escocés alexander bain (1818-1903)// //su invención de 1843 fue perfeccionada por frederick collier// blakewell (1847), giovanni caselli (1865), g. little (1867), senlecq de ardres (1877), shelford bidwell (1881), n.s. amstutz (1892), buss (1902), arthur korn (1904), edouard belin (1907), diekmann (1917), american telephone & telegraph company (1924/1925), western union (1924), nec (1927), wise (1938), xerox corporation (& rca) (1950/1961), la firma de rudolf hell (1965), magnafax-xerox (1966), ricoh (1970), etc.// //hacia 1970 aparece el primer prototipo de laserfax// //durante los ochenta el aparato de facsimiles se extiende por el mundo// //en 1990 las firmas sharp y starsignal presentan el primer prototipo de telefax color// //mientras tanto el fax ha llegado a ser un medio artístico//

//3// //facsímil// //n. (< style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 185px;" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhKp1EYfhBBaVgQFikggbWsZnHHzYTStt8jer4pG3NgMQYWnC0-AYUg2yEE2Zq7KRoIDbWFoh-mRQ2TiZQNPHeYmDc4QYrDQ_Fpm-xxQvlmbiEUKv1LU7nmD3IFmNW2svs1kt6kTjgkP-pd/s320/astoria.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439555082929686818" border="0">
//4// //copy// //. copia, transcripción en masa ( copia, abundancia)// //una copia tiene que ser completamente verdadera por definición// //se acepta comúnmente "10.-22.-38 astoria” como el primer texto en la historia de la xerografía// //fue realizado en new york por el físico americano chester f. carlson (1906-1968) y su asistente otto kornei// //aunque el verdadero padre de la fotocopia sería el profesor alemán johann heinrich schulze, que realizó la primera fotocopia propiamente dicha en “1727” en altdorf (nüremberg)// //el hecho es que muchos inventores de mérito nunca brillarán en la cruel escena de la historia de la fotocopia// //de cualquier manera, hoy cualquiera puede hacer una fotocopia y llegar a ser un artista pulsando un botón// //aunque el copy art y el telecopy art tienen raíces tecnológicas distintas, ambos son ciertamente sobrinos de la network artística//

//5// //el fax-art (también llamado “art(e)fax” o telecopy art) es una consecuencia lógica de la evolución económica de la máquina telefax// //no puede haber transmisiones de fax si nadie puede comprar un aparato de fax// //el telecopy art no respeta los mismos patrones que la xerografía y el copy-art// //el último es un evento// //es el artista el que decide en un momento específico qué fotocopias son obras de arte y cuáles no// //el fax-art necesita un proceso electrónico// //es el arte de la tele-comunicación// //el/la artista pueden transmitir su imagen o trabajo, pero él/ella no tienen el pleno control sobre el equipo del receptor// //así los aspectos estéticos de la obra de fax llegan a ser de importancia secundaria en comparación con los aspectos comunicativos// //en otras palabras, un trabajo sólo puede llegar a ser fax-art si es trasmitido//

//6// //los primeros proyectos de fax art internacionales se remontan a los primeros ochenta con proyectos tan importantes como “el mundo en 24 horas” (27-28 septiembre, 1982) como parte de “ars electronica 1982” organizada por robert (bob) adrian// //o “particifax” (mail electrónico) (junio, 1984), coordinado por peeter sepp, lisa sellyeh, mary misner, michael bidner, a.o. con participantes de africa, america, asia, australia y europa// //en los últimos ochenta el fax llega a ser una parte integrada de la red de mail-art (network)// //a este respecto, podemos percibir cómo cada vez más proyectos de mail-art mencionan también un número de telefax, de manera que los artistas pueden elegir por sí mismos si quieren enviar su trabajo por vía postal o por fax// //muchos networkers también han curado u organizado proyectos de telefax o artefax, e.g. artpool/galantai, guy bleus, peter brandt, paolo bruscky, piermario ciani, natale cuciniello, ko de jonge, charles françois, mauricio guerrero, john held jr., giuseppe iannicelli, lora jost, christian pfaff, etc.// //un buen consejo de cara a las performances y otros proyectos por fax es mantener siempre más de una línea abierta// //”esperar” para establecer contacto parece ser un aspecto esencial de la comunicación por telefax// //las líneas siempre están ocupadas//

//7// //la telecopia transmitida o recibida es siempre un original// //el contexto o la intención de la transmisión pueden ser falsos// //pero un fax nunca miente// //es la interacción y el resultado de un proceso espacial y temporal//

//8// //puesto que el fax art es mail-art electrónico, uno puede también transmitir trabajos de fax “indirecto”// //x envía un facsimil a y con la propuesta de que lo transmita a z (ahora y puede añadir o borrar algunos aspectos del fax antes de enviarlo a z)// //es un método bueno y rápido para llevar a cabo trabajos en común en tiempo real//

//9// //el fax puede transformar la noción de tiempo// //bloqueando el texto o la imagen “originales” (no transmitidos) se puede influir en la duración de la transmisión por fax// //por ejemplo, se puede manipular la máquina de telefax conteniendo la alimentación, interrumpiéndola, tirando, extrayendo con fuerza una parte de las páginas que se están transmitiendo// //junto a esta maniobras verticales son posibles también acciones horizontales (zig-zag, vibraciones u ondas)// //además el abuso del aparato electrónico puede repetirse// //todas estas operaciones afectarán tanto al proceso de transmisión por fax como a la imagen transmitida o trabajo// //por último puede también influirse mediante intervenciones sobre el papel de fax: quemándolo, arrugándolo, usando líquidos corrosivos, etc.// //estas operaciones pueden producir resultados maravillosos e inesperados y cambiar el proceso de fax// //pero por supuesto todas estas intervenciones artísticas no se recomiendan demasiado para el buen mantenimiento de tu máquina de telefax//

//10// //los que se oponen al telefax como medio artístico subrayan correctamente sus limitaciones// //el fax “es” más caro que el trabajo en la red postal// //no se pueden transmitir olores ni objetos en 3-d// //facsímil significa “selección”// //no se pueden recibir muchos faxes al mismo tiempo (con una sóla línea de telefax)// //etc.// //todas estas observaciones no carecen de verdad// //pero el problema es que “todo” medio artístico tiene sus propias limitaciones// //por ejemplo, el mail-art no es el medio más propio y adecuado para un escultor// //además, la escultura es altamente selectiva porque un bloque de mármol u otro material son más caros que una transmisión por fax// //pero estas formas de arte no admiten comparación y plantearla significa confundir los conceptos// //la escultura, el cine, el mail-art, la fotografía, el computer art, el fax art, etc. son modos diferentes de expresión artística// //los medios, la viabilidad, el dinero, la idiosincrasia y preferencias son algunas de las nociones aplicables en este ruibarbo//

//11// //desde un punto de vista ético o ideológico todo medio de arte supone “selección”, incluso la democrática red de mail-art// //¿cuántos mail-artistas existen en corea del norte, camboya, vietnam, el tibet, líbano, irán, sudán o somalia?// //el arte es libertad y lujo// //el fax es divertido// //no tiene implicaciones “éticas” o “ideológicas”// //excepto esta: el mundo (electrónico) (mailartístico) ha llegado a ser una aldea global con muchos “espacios ciegos”//

//12// //"to fax or not to fax” no es la cuestión// //el fax y la telecopia sólo añaden nuevas perspectivas electrónicas a las actividades existentes en el mail-art// //las consecuencias no causarán una inflación de comunicación en la network ni reemplazarán sus rituales mailartísticos anteriores// //pero explorar toda posibilidad electrónica adicional plantea nuevos estímulos para la “eternal netland”//

trad. Luis Navarro

miércoles, 10 de febrero de 2010

La obra de arte en la época de su reproducción electrónica

por Luis Navarro

Ensayaré una suerte de síntesis general, de carácter filosófico y especulativo, acerca de lo que puedan significar en su conjunto las múltiples imágenes con el marchamo de "artísticas", o con pretensiones estéticas, o con intención expresiva, producidas electrónicamente desde que esto fue posible, es decir, desde que en los años sesenta Ray Johnson induce el uso desviado de las primeras máquinas copiadoras. No se cuestiona el afán individuador de cada artista ni la percepción de desarrollos diversos en la evolución del uso y perfeccionamiento técnico de dicho medio, sino que se busca un acceso a su naturaleza específica y una apropiación crítica de su potencial y adecuabilidad para la producción de signos. Y ello con lo idea de justificar, si no lo hiciese la ausencia total de eventos de este carácter, la presencia en esta muestra de manifestaciones tan heterogéneas.

El discurso copigráfico se enmarcó en su origen en las tendencias populistas del arte, de fuerte empuje en los años sesenta. Su fácil manejo, la instantaneidad, la posibilidad de apropiación de signos que ofrecía y la productibilidad indefinida de originales hacían de la fotocopiadora una herramienta eficaz para la difusión libre de imágenes y la democratización de la cultura. Precisamente por ello se definió pronto como uno de los más firmes resistentes a las evoluciones perversas del pop-art en su contacto con la cultura de mercado, pues la reproductibilidad indefinida no sólo afecta al estatuto ontológico de la obra de arte, como ya señalara Benjamin en el escrito en que se inspira el título de éste, sino que ante todo impone anacrónicas dificultades a su comercialización. Es ésta la razón de su corta euforia, de su posterior marginación y reclusión en ámbitos casi iniciáticos, así como de las dificultades de programación de exposiciones electrográficas. En los últimos años se han llegado a dictar leyes que persiguen la reproducción íntegra de textos y la circulación libre de imágenes, esto es, que condenan al medio a la fragmentariedad y a la no culminación de sus expectativas. La eficacia de estas leyes siempre es relativa, digamos con claridad que afortunadamente, ya que gracias a ello no sólo disponemos en nuestro estudio de textos descatalogados o excesivamente caros, sino que además asistimos a la formación de un "capital simbólico no declarado" con posibilidad de incidencia en el paisaje de la cultura.

En su aplicación a la generación de signos estético-expresivos, la fotocopiadora ha desarrollado dos discursos: el de la electrografía y el del copy-art (ver artículo de Maite Barrera en este mismo producto). El primero de ellos hace referencia a la integración de los nuevos modos de producción en la obra artística y persigue la generación de originales según uno de estos dos procedimientos: integración de la fotocopiadora en proceso creativo como una de sus herramientas entre otras, dotándola de un sentido circunstancial acorde con sus posibilidades estéticas, como en algunas instalaciones y acciones, o producción de obras cuya sentido reside en que la copia sea el original. La artista madrileña Carmen Cámara desarrolla un trabajo que sintetiza ambas actitudes, por lo que representa un paradigma válido de integración de nuevos modos de producción y, en este caso, explícitamente de reproducción de imágenes. Mediante ampliaciones sucesivas de un mismo rostro persigue los rasgos fundamentales de su fisonomía hasta dar con un fantasma melancólico al que la tecnología ha arrebatado su corporalidad; con series sucesivas de estos rostros compone extensos murales en blanco y negro que cubren las paredes, el suelo y el techo anulando toda referencia espacial y conformando lo que ella ha bautizado como Teatro del Horror Vacui, donde habita un clima de frío misticismo cercano al del sepulcro que la autora recomienda para decoración de naves industriales. Se trata de un caso de integración y crítica de los nuevos medios técnicos de reproducción desde una posición adorniana que trata de dotarlos de sentido.

Carmen Cámara: Teatro Museo del Horror Vacui


Inverso, aunque no contrario, es el discurso de quienes celebran la posibilidad de reproducir indefinidamente una misma obra como maniobra subversiva dirigida contra las instituciones que gestionan lo artístico. En esta onda se orientan las actividades del colectivo Gratis, que monta esporádicamente exhibiciones reprográficas en las que el espectador puede confeccionarse su propio catálogo de originales con la ayuda de una fotocopiadora ignorando los derechos de copyright. Con frecuencia estos eventos hacen referencia al contexto sociopolítico e intencionan contenidos de índole más amplia que los intereses subjetivos del artista: así, la superación de los condicionantes mercantiles y las tácticas anti-copyright se convierten en programa de acción siempre asumido, pero además se organizan convocatorias para denunciar procesos políticos concretos o se aspira a evadir las fronteras nacionales. La última exposición del colectivo mencionado se llevó a cabo en un barco botado desde España que terminaba su recorrido en Portugal. Uno de los aspectos más interesantes del mail-art consiste precisamente en su capacidad para eludir estas fronteras. Ésta es la actitud que, escapando a los condicionantes mercantiles y espectactulares, pretende liberar al arte de su servidumbre y ponerlo a disposición de las masas. La realidad es que su influencia es bastante limitada y restringida a circuitos especializados, ya que nos hallamos ante la enorme paradoja de un modo de producción estética apto para acceder rápida y fácilmente a las masas, pero silenciado y marginado por los medios masivos que generan "realidad' al por mayor. Por otro lado, la peculiaridad de sus lenguajes, que asumen y reproducen las rupturas llevadas a cabo por las vanguardias históricas en los modos de producción y percepción, requiere un lector cualificado. Este disloque cultural, señalado en su momento por Habermas, no es tanto producto de la especialización de los lenguajes (hemos olvidado que la obra de arte reclamada por esas vanguardias sólo comparece y se hace efectiva en el instante de su recepción, por lo que aquello que no es comunicado o comunicable simplemente no es, ni arte ni lenguaje) como de la gestión cínica que el estado capitalista hace de su propia tradición cultural, la misma que permite que los mismos que debaten y cuestionan todavía si Beuys es o no artista paguen sumas magníficas por la posesión de un Duchamp, ignoro si porque es éste el mejor modo de enterrarlo o simplemente de evadir impuestos.

La existencia de estos dos desarrollos no implica la formación de posiciones excluyentes. Se trata de modos de acción paralelos que conviven pacíficamente en el mismo taller y, a veces, en el mismo artista. La liviandad del soporte, la posibilidad de elegir el número de originales a reproducir de una matriz que, en en sí, carece de valor estético y la escasa proyección de su obra en el mercado convierten al electrografista en un copyartista fáctico y en un mailartista potencial. Las propias condiciones que impone el medio hacen converger en muchos casos las estrategias: la homogeneización de texturas en la interpretación mecánica de la matriz lo hacen especialmente adecuado para la producción de collages y fotomontajes, y por ello una canalización nueva y eficaz de los usos y métodos de la vanguardias históricas, de la apropiación dadaísta de imágenes y la manipulación situacianista de signos; la posibilidad que ofrece de superponer elementos icónicos y verbales hace que el poeta visual se acerque a la fotocopiadora e interaccione con ella generando sus propios efectos de feedback bidireccional. Se comparten posibilidades y limitaciones, publicaciones, espacios expositivos y proyectos: todo ello induce una falsa percepción del copy-art como movimiento. A esta inexistencia de polémica puede no resultar ajena la exigua penetración de la teoría en este ámbito, si es cierto que las diferencias excluyentes emanan sobre todo de los aspectos más ideológicos del arte, pero no estaría de más buscar las razones en la ausencia de intereses y en la marginación institucional que sufren los creadores que utilizan este medio para expresarse, sea cual sea su orientación. Cabe sospechar por tanto que dicha marginación no responde a la elección estética o ideológica del artista, sino que es el medio, la herramienta de que se vale, lo que crea recelos y desconfianzas entre los gestores de capital simbólico. El sistema espectacular ya no teme la conmoción surrealista de la conciencia puesto que posee las claves conductistas que lograrán canalizarla; sabe que la ruptura de los lenguajes practicada por el poeta visual puede ampliar sus tácticas de control psicológico mientras siga practicándose desde arriba con más intensidad y amplitud que desde abajo. La explosión futurista, la implosión dadaísta o las muecas del punkero de turno no harán sino llenar de argumentos fascinantes las pantallas de exhibición, siempre y cuando permanezcan en ghettos y se dejen interpretar como modas o movimientos. Hasta la propia "muerte del arte" se convierte en una catarsis ritualmente repetida que despeja ámbitos y mercados. Lo que el sistema no puede tolerar es que exista algo que posea valor y no tenga precio.

El artista plástico, el poeta visual deberían disfrutar de plena libertad para manejar el medio a su disposición de forma que hagan evolucionar el arte o la literatura del mejor modo posible, pero a causa de los condicionantes socioeconómicos en que se desenvuelve se ve determinado por ese mismo medio. Hablará del amor, de la desdicha humana o de Chiapas insurgente, pero siempre habrá producido una fotocopia, y ese sambenito pesará en la recepción aunque él no lo quiera. Sin llegar a suscribir los slogans de McLuhan pensamos que el medio nunca es inocente en la composición del mensaje, y menos aún en el caso de las fotocopiadoras, lo que por un lado confirma la intuición benjaminiana acerca de la importancia de la reproductibilidad en el estatuto ontológico de la obra de arte y por otro determina el estatus socioeconómico de la misma, puesto que el artista proletarizado, ya pretenda derrumbar dicho sistema o sobrevivir en el mismo (lo que, por cierto, no es moral ni políticamente reprobable en el actual ordenamiento), se enfrenta una y otra vez al problema de la reproductibilidad, ya sea para escapar o para hundirse en ella.

Se ve por qué la fotocopiadora y, en general, los nuevos medios de reproducción electrónica, marcan un hito histórico en la evolución del sistema del arte. Los pensadores de la Escuela de Frankfurt vieron ya en la la reproductibilidad el tema básico que tendría que afrontar el artista en nuestro siglo y así lo categorizaron en el contexto de una crítica del capitalismo. Adorno apostaba por la integración de los avances tecnológicos en la obra precisamente para que la sensibilidad estética no se viese diluida en ellos; ésta es la actitud de los electrografistas. Por su lado Benjamin, cuyo mensaje han sabido recoger los copigrafistas, valoró positivamente las nuevas posibilidades de democratización del deleite estético y del acceso a la cultura que los nuevos medios procuraban. Ambos suponían la misma transformación estructural y reconocían, con mayor o menor entusiasmo, la inutilidad de retroceder. Estos planteamientos teóricos, surgidos como reacción a las nuevas condiciones industriales de producción serial, encuentran un nuevo punto de inflexión con la aplicación de tecnologías específicamente aplicadas a la reproductibilidad instantánea. De extender todo su potencial ésta vendría a suponer para la experiencia estética lo que en su momento supuso la imprenta para la cultura discursiva: no sólo un cambio cuantitativo en el número de objetos factibles de reproducir ni de receptores que tienen acceso a ellos, sino también un cambio cualitativo de la propia obra, una redefinición del creador, una reestructuración de los sistemas de enculturación y un nuevo paradigma perceptivo.

Tales ganancias no se producen, por cierto, sin pérdidas. A la emergencia de un nuevo paradigma corresponde la pérdida del anterior, que no el abandono, y de toda la gama de valores y de creencias que lo sustentaban y sustentaba. Es lo que en su crítica categorizó Adorno como "desartificación" y Benjamin "pérdida de aura" de la obra artística, en definitiva el proceso de desintegración de la estructura tradicional de la experiencia. En aquél ello se asume desde la óptica de un lúcido pero ineficaz pesimismo. Un fenómeno similar aconteció con la adopción de la imprenta: el libro perdió su carácter distintivo, el aura de su posesión que implicaba dominio, pero favoreció la difusión de ideas y de un saber acaso un poco edulcorado para el gusto de la época. Dejó de ser objeto único, referente legendario para la mayoría de la población y se avino a reflejar discursos más pedestres. ¿Podemos afirmar que la uniformidad de la letra impresa no resta expresividad al trazo poético, nunca idéntico, de la mano conectada a los envites del corazón? ¿O que el golpeteo de la máquina de escribir no perturba la concentración y falsea el ritmo del pensamiento o la homogeneidad del texto no induce en el productor de discurso factores objetivantes que atentan contra la peculiaridad de su instante? Resistirse nostálgicamente a estos procesos es repudiar nuestra condición histórica e ignorar que lo nuevo es el flujo de lo eterno.

Benjamin, consciente de esa dinámica entrópica del signo estético, vió en ello sin embargo la oportunidad para una politización del arte que realizase, cuando menos en la superestructura y a través de ella, la utopía de liberación que los románticos ilustrados prometían y exigían las vanguardias. Su propuesta se halla en las antípodas de la estetización de la política que propician los medios de comunicación de masas en la actualidad, evolución perversa que señaló en su análisis del cine, medio que pese a reunir las condiciones para llevar a cabo una subversión de la percepción del mundo, fracasó al tener que adaptarse a los nuevos modos de gestión y difusión de capital simbólico. Pero si el cine sucumbió a los dictados estéticos del poder a causa de las grandes inversiones que este arte exige, no ocurre lo mismo con las prácticas artísticas de bajo presupuesto. Ello convierte a los nuevos medios de reproducción electrónica en portavoces y revitalizadores de aquella explosión de las vanguardias nacida en el suelo fértil y despejado donde yace el cadáver del arte.

Del arte muerto: sé que para muchos esta expresión se ha transformado en tópico, y avalados por la permanencia de gesticulaciones artísticas y canales de difusión siguen habitando o asumiendo la ficción de la "alta cultura". Un amigo que no es filósofo, dice que aunque Dios muriese quinientas veces la Iglesia seguiría existiendo. La iglesia seguirá existiendo convirtiéndose ella misma en simulacro de sí misma: en muerte. Nos corresponde decir a nosotros no que el arte ha muerto, sino que el Arte ya es muerte, del artista, de la obra y de los impulsos utópicos de liberación proclamados por las vanguardias. El reprógrafo no sólo se enfrenta a este vampiro a nivel de contenidos, sino que las calidades estéticas conseguidas por la fotocopiadora resultan ideales para representar tanto el evento como el cadáver. El evento: el fogonazo frío que extrae de la matriz todo rastro de corporalidad y toda latencia expresiva implicada allí por el contacto directo con la actividad manual del creador. Precisamente muchas de las obras producidas por el electrografista aprovechan la pérdida de matices figurativos derivada de la interpretración tecnológica de la imagen tomada como base, muchas veces con una intencionalidad específica, como en la obra citada de Carmen Cámara. Y el cadáver: el cuerpo aún caliente que con cadencia melancólica y sin voluntad propia se instala en la bandeja servidora.

Nel Amaro: Papel para fotocopiadora


Sostengo que el artista lo sabe y lo refleja, de modo más o menos consciente (ver Papel para fotocopiadora, del copiartista Nel Amaro) o genialmente inconsciente (ver Desnudo bajando una escalera, del electrografista Ibirico) y que la reprografía nos los recuerda en cada una de sus ejecuciones, mediante las cuales tratan de vitalizar o exorcizar definitivamente ese fantasma. La obra genérica de Nel Amaro es paradigmática de lo que sería la actitud copigrafista dentro de las dos tendencias señaladas. Heredera de Fluxus, enfatiza la espontaneidad y la manipulabilidad del paisaje icónico dándole un sentido que redime al receptor de la pasividad con que se expone a los signos. En este caso concreto se trata de una obra conceptual en la cual se reflexiona sobre el propio medio y su soporte. La inscripción realizada en el mismo nos advierte por un lado de que no es en sí una obra de arte, y por otro constituye todo un veredicto, casi una condena que desintegra toda su virtualidad y lo determina a ser "fusilado" electrónicamente en aras de un producto más noble que él mismo. Por su parte, Ibirico representaría la actividad paradigmática del electrografista, conocedor experto del medio y productor de obras que buscan escapar al efecto banalizador de la reproductibílidad (1/1). De hecho, la reproducción en B/N para este catálogo resulta ser bastante poco indicativa de lo que es la obra original. Pero lo que en ella se representa es la reinterpretación tecnológica de una obra convertida en clásica pese a que su autor es uno de los máximos exponentes de la desintegración estructural de la obra de arte. Se trata de Desnudo bajando una escalera de Duchamp, obra de 1912 que trataba de transcender el carácter estático de la pintura mediante una representación pura del movimiento corporal, lo que no podía hacerse sino "desnudando" los elementos figurativos e introduciendo en la pintura los efectos de abstracción producidos por la captación tecnológica del dinamismo. Creo que esta obra de Ibirico enfatiza el efecto de desnudamiento tecnológico de la corporalidad de la imagen, haciendo penetrar el rayo laser donde no alcanza el ojo humano. En la ficción implícita en ella, el original sería un cuerpo vivo atravesado por el fogonazo para extraer de él su esquema óseo, su estructura desvitalizada.

Ibirico: Desnudo bajando una escalera (original en color)


Muerto el arte (el arte como institución) no todo es un desierto de hielo y megabites. El arte no tiene el monopolio de la belleza y el lenguaje. A este respecto, es hora de reconsiderar la importancia que las fotocopiadores han tenido en la lucha contra el negocio de la cultura, en la preservación de un espacio de creación no mercantilizado y en la generación de un enorme capital simbólico no declarado a través de la fanedición y el panfleto. Perdonémosle, por tanto, sus pequeños atentados ecológicos. Y despertemos del sueño cultural que nos impide disfrutar de una muerte tan productiva.

Texto aparecido en el catálogo de la Muestra de arte por fotocopia (Madrid, 1996).

domingo, 7 de febrero de 2010

Xeropoesía

por Giordano Genghini

El arte por fotocopia está destinado a un gran futuro.

En primer lugar, la fotocopiadora es un medio absolutamente original para producir obras de arte: sólo con ella es posible obtener, con efectos mucho más sugestivos que los que permiten la cámara fotográfica y la cámara oscura, reproducciones de imágenes y objetos estáticos y en movimiento, sobreposiciones, ampliaciones, reducciones, collages fotográficos... La fotocopiadora permite trabajar con la precisión computerizada de nuestro hemisferio cerebral izquierdo y con la impredecible creatividad del hemisferio derecho. Esto la convierte en un instrumento original para obtener efectos visivos y en una manera de unir armoniosamente en el proceso creativo palabras e imágenes.

Pero no se trata sólo de esto. La fotocopiadora permite reproducir, ampliar y disminuir un número de copias prácticamente ilimitado (por ahora principalmente en B/N, pero en un futuro también en color a pequeños costos) de cualquier tipo de obra de arte constituida por una imagen fija bidimensional dentro de un patrón establecido de medida.

Algunos artistas vieron en esto un ataque a la originalidad y unicidad de la obra de arte y por ello despreciaron, por ejemplo, la difusión en el circuito de Mail-Art de reproducciones electrográficas de obras de arte. La reproducción de la obras a través de la fotocopiadora no es sin embargo una amenaza al arte, sino únicamente al mercado del arte (así como la fotocopia de un libro comporta una amenaza a los derechos de autor): cuantos menos sean los autores y las obras, por una conocida ley económica, más tenderá a subir el precio de la mercancía. No se puede negar que, al margen de este aspecto, la fotocopia de una obra de arte, si responde a determinados requisitos de calidad, puede alcanzar una belleza poco inferior o igual a la del original: la eventual pérdida resulta ampliamente compensada por la posibilidad de ser degustada por un número de personas incomparablemente más amplio.

Cuando además la reproducción misma a través de la fotocopiadora es concebida como operación creativa, la obra de arte derivada, que llamaremos xeropoesia, puede tener una belleza que cualquiera puede percibir, adherida en cualquier caso a la del original, particularmente cuando quien usa la fotocopiadora para reproducir una obra de arte la manipula ensamblándola con otra, aumentando un detalle particular, colocando el folio con una anguladón diferente, creando una nueva obra a partir de la original, en suma (realizando así una operación similar a la del traductor creativo de textos poéticos). En este caso es el poeta el que recrea con el medio usado (la fotocopiadora) una obra, en un acto parangonable por tanto a la del guionista que adapta al cine una novela, o al músico que transforma un drama teatral en una ópera lírica. El juicio sobre la belleza y el valor estético de esto que la acción creativa del xeropoeta ha producido es, naturalmente, opinable, pero esta consideración atañe a cualquier género de arte y a cualquier realización humana.

Es evidente que podría existir una práctica copiartística de autor con un mercado propio, pero por su propia naturaleza democrática esta forma de arte se presta más a la difusión a través del circuito de Mail-Art (uno de cuyos presupuestos, como he anotado, es la gratuidad del intercambio, aunque la actitud de algunos mailartistas parece desmentir esta característica). No habiendo nada que objetar a quien vende la propia obra (crear obras de arte es también un trabajo y como tal debe ser remunerado) creo que no se debería confundir tal circuito con la red de Mail-Art, cuya dinámica está más de acuerdo con el intercambio amistoso de obras y mensajes creativos a escala mundial que con una profesión, y por tanto no puede dejar de ser gratuita.

La función del maitartista, y del xeropoeta que forma parte de tal circuito, es multiplicar esta red sin intermediarios a escala planetaria y establecer contactos entre todos los que la integran, contribuyendo a su sostenimiento con obras creativas en un espíritu de amistad sin fronteras. Por eso, cualquiera que sea el valor estético que cada uno pueda atribuir subjetivamente a tales obras, hay una buena razón para llamarlas artísticas.

* * *

Este texto apoyaba la contribución de Giordano Genghini (Xeropoesía) a la Muestra Internacional de Arte por Fotocopia. Con su traducción y publicación en el # 5 de Amano saludábamos la apertura de la Muestra en Mallorca en 1997 a través del Col.lectiu Reçerca, que editaron un catálogo electrónico de la misma.

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