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martes, 21 de septiembre de 2010
miércoles, 7 de julio de 2010
Algunas razones para decir sí a la Huelga de arte
por J.Seafree
Cuando hace casi tres años recibí el número 8 de P.O.Box (abril 1995) y encontré en su portada la expresión Huelga de arte bajo el dibujo de dos manos sosteniendo un pincel roto, con referencia Barcelona 2001, pensé que era la oportunidad para corregir los errores acaecidos alrededor del fenómeno cultural en Madrid durante el épico año de 1992. Entonces, la fecha anterior quedaba reciente y los recuerdos, sensaciones, resultados y consecuencias de aquella maldita capitalidad cultural estaban aún vivos. Al hablar de "corregir" lo hago desde una perspectiva decididamente marginal y/o alternativa. Puesto que el empeño a menudo se detiene y la acción acaba dando paso a la teorización. Puesto que cambiar, intentar cambiar, alzar la voz, la protesta, la denuncia, servirán como instrumentos y fines de la acción crítica, de la lucha, pero el eco será indudablemente ínfimo. Perdón, pues, por mi falta de esperanza; pero a pesar de ello no puedo callar las ideas que en relación a este tema rascan mi estómago.
Como respuesta a la posible capitalidad cultural de Barcelona en el 2001, y/o como algo más, la invitación a la huelga de arte en tal año y en el precedente pudiera parecer una ocasión más, vulgar como tantas, de hacer algo sonado con la excusa del cambio de siglo y milenio. Por otra parte, situar la raíz de la propuesta en el eje Barcelona-Madrid parece algo común y al mismo tiempo lleno de dificultad, dado el carácter cosmopolita de ambas urbes y, en consecuencia, el reconocido hermetismo en el ámbito artístico, creativo y editorial para la difusión de ideas, nombres, tendencias, espacios y colectivos nuevos, en los círculos comerciales, en el mercado cultural convencional.
No cabe duda que, como afirma Clemente Padín, el arte es un medio de lucha ideológica contra el sistema. Además parte de razón tienen Luther Blissett, Karen Eliot y Monty Catsin al establecer los motivos de la Huelga de arte distantes de las huelgas en el mundo laboral. Ahora bien, ¿qué arriesgamos nosotros, los artistas independientes, los luchadores, los marginales, los poetas y los críticos apasionados sin ánimo de lucro, los editores y los creadores alternativos, si elegimos decir no la "llamamiento a la desobediencia activa", o por el contrario, si nos sumamos a tal invitación? ¿Va a echar de menos "el sistema" nuestro intento de meter el dedo en el ojo si estamos desocupados con la Huelga de arte"? ¿va a agradecer, en cambio, nuestro descanso? Aunque no pocas veces reflexioné sobre el valor transgresor de la obra de arte, sobre la necesidad de cambio también a partir del quehacer artístico, reconozco que la incidencia de todo nuestro trabajo es minúscula al lado de los gigantescos pasos del mercado, de la cultura protegida por los estamentos poderosos, al lado del dios dinero, en fin, de la autoridad encubierta.
En todas la huelgas quien más arriesga es siempre quien las hace: mineros o pintores, maestros o mailartistas, empleados de banca o artesanos, galeristas o poetas, bomberos o editores. Frecuentemente, quien las secunda es quien en cierta medida vive bajo unas circunstancias menos cómodas, puesto que no goza de autoridad, de capacidad de decisión en una empresa, en una fábrica, en un colectivo, etc. Que el público -es decir, todos- deje de asistir a actos culturales y a exposiciones, que los artistas no creen durante un período determinado, equivaldría, de manera pronunciada e intensa, al hecho de no acudir al puesto de trabajo por un llamamiento sindical: quien acude a pesar de la huelga, aunque esté protestando diariamente, no conseguirá nada, incluso si sus protestas son las de una amplia representación no organizada. Sin embargo, aunque la huelga no sirva para sentar de nuevo a la mesa a las partes, esto es, que resulte un fracaso (lo que parece siempre sucede desde el punto de vista de la autoridad), a pesar de los descuentos salariales, a pesar de estar señalado, a pesar de la no solidaridad transmitida, quien hace la huelga se siente firme en sus principios. Pensemos, por tanto, en el arte, en el proceso creativo, como en una actividad más, como en un trabajo cualquiera. Curiosamente, estamos hablando de artistas que en su mayoría no reciben remuneración por su quehacer, no tienen éxito comercial con sus cuadros, con sus obras, y para quienes la satisfacción viene dada por el propio desarrollo de las pasiones, por el encanto cotidiano de la lucha y la reflexión. Decir sí a la Huelga de arte es estar arriesgando todo esto: pasión, lucha, compartir: Es bastante.
Tal vez, el tiempo venga de nuevo a remover distancias entre la teoría y la acción, entre las ideas y las decisiones, pero hoy por hoy, si al hablar de Huelga de arte tuviéramos que votar en una urna, mi papeleta llevaría el SÍ. A pesar de los inconvenientes nombrados en el segundo párrafo, reconociendo el riesgo del silencio y comprendiendo que tras el período determinado para la misma quienes más habrán perdido seamos nosotros mismos. Porque, podiéndonos en la más decepcionante de las circunstancias --sintiendo que nuestra lucha artística no tiene horizonte -- ese tiempo alejado de los avatares culturales, de las excepcionales veleidades artísticas, puede devenir en un revulsivo para otro tipo de acción, motivada también desde las convicciones políticas y sociales, más allá del terreno estrictamente creativo. Acaso tuviera razón el poeta (Carlos Edmundo de Ory?) cuando afirmaba que lo era porque no se atrevía a ser terrorista.
Madrid, 24 de febrero de 1998, publicado en el zine de mail-art P.O.Box.
Como respuesta a la posible capitalidad cultural de Barcelona en el 2001, y/o como algo más, la invitación a la huelga de arte en tal año y en el precedente pudiera parecer una ocasión más, vulgar como tantas, de hacer algo sonado con la excusa del cambio de siglo y milenio. Por otra parte, situar la raíz de la propuesta en el eje Barcelona-Madrid parece algo común y al mismo tiempo lleno de dificultad, dado el carácter cosmopolita de ambas urbes y, en consecuencia, el reconocido hermetismo en el ámbito artístico, creativo y editorial para la difusión de ideas, nombres, tendencias, espacios y colectivos nuevos, en los círculos comerciales, en el mercado cultural convencional.
No cabe duda que, como afirma Clemente Padín, el arte es un medio de lucha ideológica contra el sistema. Además parte de razón tienen Luther Blissett, Karen Eliot y Monty Catsin al establecer los motivos de la Huelga de arte distantes de las huelgas en el mundo laboral. Ahora bien, ¿qué arriesgamos nosotros, los artistas independientes, los luchadores, los marginales, los poetas y los críticos apasionados sin ánimo de lucro, los editores y los creadores alternativos, si elegimos decir no la "llamamiento a la desobediencia activa", o por el contrario, si nos sumamos a tal invitación? ¿Va a echar de menos "el sistema" nuestro intento de meter el dedo en el ojo si estamos desocupados con la Huelga de arte"? ¿va a agradecer, en cambio, nuestro descanso? Aunque no pocas veces reflexioné sobre el valor transgresor de la obra de arte, sobre la necesidad de cambio también a partir del quehacer artístico, reconozco que la incidencia de todo nuestro trabajo es minúscula al lado de los gigantescos pasos del mercado, de la cultura protegida por los estamentos poderosos, al lado del dios dinero, en fin, de la autoridad encubierta.
En todas la huelgas quien más arriesga es siempre quien las hace: mineros o pintores, maestros o mailartistas, empleados de banca o artesanos, galeristas o poetas, bomberos o editores. Frecuentemente, quien las secunda es quien en cierta medida vive bajo unas circunstancias menos cómodas, puesto que no goza de autoridad, de capacidad de decisión en una empresa, en una fábrica, en un colectivo, etc. Que el público -es decir, todos- deje de asistir a actos culturales y a exposiciones, que los artistas no creen durante un período determinado, equivaldría, de manera pronunciada e intensa, al hecho de no acudir al puesto de trabajo por un llamamiento sindical: quien acude a pesar de la huelga, aunque esté protestando diariamente, no conseguirá nada, incluso si sus protestas son las de una amplia representación no organizada. Sin embargo, aunque la huelga no sirva para sentar de nuevo a la mesa a las partes, esto es, que resulte un fracaso (lo que parece siempre sucede desde el punto de vista de la autoridad), a pesar de los descuentos salariales, a pesar de estar señalado, a pesar de la no solidaridad transmitida, quien hace la huelga se siente firme en sus principios. Pensemos, por tanto, en el arte, en el proceso creativo, como en una actividad más, como en un trabajo cualquiera. Curiosamente, estamos hablando de artistas que en su mayoría no reciben remuneración por su quehacer, no tienen éxito comercial con sus cuadros, con sus obras, y para quienes la satisfacción viene dada por el propio desarrollo de las pasiones, por el encanto cotidiano de la lucha y la reflexión. Decir sí a la Huelga de arte es estar arriesgando todo esto: pasión, lucha, compartir: Es bastante.
Tal vez, el tiempo venga de nuevo a remover distancias entre la teoría y la acción, entre las ideas y las decisiones, pero hoy por hoy, si al hablar de Huelga de arte tuviéramos que votar en una urna, mi papeleta llevaría el SÍ. A pesar de los inconvenientes nombrados en el segundo párrafo, reconociendo el riesgo del silencio y comprendiendo que tras el período determinado para la misma quienes más habrán perdido seamos nosotros mismos. Porque, podiéndonos en la más decepcionante de las circunstancias --sintiendo que nuestra lucha artística no tiene horizonte -- ese tiempo alejado de los avatares culturales, de las excepcionales veleidades artísticas, puede devenir en un revulsivo para otro tipo de acción, motivada también desde las convicciones políticas y sociales, más allá del terreno estrictamente creativo. Acaso tuviera razón el poeta (Carlos Edmundo de Ory?) cuando afirmaba que lo era porque no se atrevía a ser terrorista.
Madrid, 24 de febrero de 1998, publicado en el zine de mail-art P.O.Box.
jueves, 17 de junio de 2010
Alabastro Itinerante
jueves, 20 de mayo de 2010
La complicidad alternativa
por J. Seafree
"...la producción capitalista es enemiga de ciertas ramas de la producción intelectual, por ejemplo, del arte y la poesía." [Cuestiones de arte y literatura, Marx y Engels]
Cuando cada día convierto la necesaria pero no agradable cotidianidad que me permite la supervivencia en esa otra realidad deseada, apasionante y también necesaria, al lado de los libros, las creaciones, el correo, el ordenador, las publicaciones.... surgen la duda y en ocasiones el desencanto sobre qué sentido y qué alcance tiene todo aquello en que me ocupo y me ubico en el ámbito artístico o poético. Si aquella cotidianidad desconcertante e insatisfactoria se parece tanto a la circunstancia global de caos ético, exagerada desigualdad social y económica y determinismo capitalista sin salida, admito que el principal y primer intento, la justificación, si se quiere, para el quehacer creativo, de manera individual o en grupo, deviene en una doble premisa; por una parte, la actividad que equilibre ese aspecto insano pero imprescindible gracias al cual vivo, me alimento, consumo, continúo...; por otra, el carácter crítico, de protesta y de lucha a partir de la propia actitud artística, hacia la citada circunstancia social. ¿Quién me escucha? ¿Quién me lee? ¿Quién ve lo que hago? Mayoritariamente mis semejantes, eso es, mis colegas: otros individuos, creadores, escritores, artistas cuya condición y contexto supongo muy cercano al mío, en cuanto a satisfacción, voluntad de trabajo, pasión por el arte y la poesía, medios limitados, etc. No sé si esto es suficiente, si esto, todo nuestro quehacer entusiasmado y no remunerado, puede quedar más allá de una hipotética papelera cuyas lindes sean las de un tiempo más o menos inmediato y un espacio singularmente biunívoco. ¿Queremos cambiar algo de nuestro entomo y de la gran circunstancia social o global? ¿Conseguimos objetivos ciertos en dicho empeño si es que realmente nos lo estamos proponiendo a conciencia? ¿O simplemente somos hacedores gratuitos y burgueses de obras de arte, ediciones varias en la escritura y en la plástica, contertulios de domingo, inequívocos mediocres?
El arte y la poesía son antagónicos a la sociedad capitalista, desde sus raíces, desde sus medios y desde sus fines, puesto que nacen en la capacidad de la imaginación y en la actitud comunicadora, innatas al ser humano. Ambas, comunicación e imaginación construyen elementos presentes en el capitalismo, pero desde una perspectiva no liberadora, sino como trampas y coartadas al servicio de una supuesta libertad enfrentada a la justicia y a la igualdad, y cuyas consecuencias configuran las actuales circunstancias desalentadoras. El arte y la poesía deben ocupar el lugar de la religión para los ateos y los luchadores, pero sin sentimientos o análisis del más allá, sino con las búsqueda de huellas y señales inmanentes, es decir, la acción contra lo establecido, contra la ortodoxia y las instituciones, contra lo inmutable. Al sentarme delante de la mesa para escribir, para enviar ésta o aquélla colaboración, para compartir una idea o un proyecto escasamente ambiciosos, para elaborar una pequeña imagen visual o pictórica..., en cada una de estas posibilidades estoy comenzando la revolución, así de sencillo: desconozco hasta dónde llegarán mis palabras pero sé qué deseos, esperanzas, hechos y vicisitudes influyen en esta política en zapatillas, a saber, el clima, el despertar diario, la memoria, la calle, el espejo, el horizonte crepuscular y un largo etcétera incompatible con esa exageración, con esa prolongación abstracta que es el "Estado", dicho de otro modo, el sistema.
La capacidad de persuasión se convierte, pues, en criterio primordial para reconocernos desamparados ante enemigo tan caótico y tan cruel. Se trata de la misma baza que juega históricamente el mercado capitalista a través de la publicidad, la sociedad de consumo, las necesidades ficticias, el progreso tecnológico y, por qué no, el llamado estado del bienestar. Pero en nuestras manos persuadir implica tomar conciencia de los rígidos límites de nuestro esfuerzo, de que la satisfacción en la labor creativa late muchas veces de manera personal y en soledad, como pequeños retos privados, de que hagamos lo que hagamos nuestra voz no tiene sitio en el díal. En fin, la apuesta por soluciones alternativas depende de ti -que me estás leyendo ahora mismo-, de actuar fuera de la normalidad, la mesura y el sentido común, depende de mí -para no caer en la retórica y el bla-bla-bla-, de pensar todos si hacemos lo que nos gusta para salvarnos a nosotros mismos, para ayudarnos o, además, para cambiar tantas cosas. ¿Qué es más importante: ser escritor o pintor, o ser un hombre que escribe y pinta?
El arte y la poesía son antagónicos a la sociedad capitalista, desde sus raíces, desde sus medios y desde sus fines, puesto que nacen en la capacidad de la imaginación y en la actitud comunicadora, innatas al ser humano. Ambas, comunicación e imaginación construyen elementos presentes en el capitalismo, pero desde una perspectiva no liberadora, sino como trampas y coartadas al servicio de una supuesta libertad enfrentada a la justicia y a la igualdad, y cuyas consecuencias configuran las actuales circunstancias desalentadoras. El arte y la poesía deben ocupar el lugar de la religión para los ateos y los luchadores, pero sin sentimientos o análisis del más allá, sino con las búsqueda de huellas y señales inmanentes, es decir, la acción contra lo establecido, contra la ortodoxia y las instituciones, contra lo inmutable. Al sentarme delante de la mesa para escribir, para enviar ésta o aquélla colaboración, para compartir una idea o un proyecto escasamente ambiciosos, para elaborar una pequeña imagen visual o pictórica..., en cada una de estas posibilidades estoy comenzando la revolución, así de sencillo: desconozco hasta dónde llegarán mis palabras pero sé qué deseos, esperanzas, hechos y vicisitudes influyen en esta política en zapatillas, a saber, el clima, el despertar diario, la memoria, la calle, el espejo, el horizonte crepuscular y un largo etcétera incompatible con esa exageración, con esa prolongación abstracta que es el "Estado", dicho de otro modo, el sistema.
La capacidad de persuasión se convierte, pues, en criterio primordial para reconocernos desamparados ante enemigo tan caótico y tan cruel. Se trata de la misma baza que juega históricamente el mercado capitalista a través de la publicidad, la sociedad de consumo, las necesidades ficticias, el progreso tecnológico y, por qué no, el llamado estado del bienestar. Pero en nuestras manos persuadir implica tomar conciencia de los rígidos límites de nuestro esfuerzo, de que la satisfacción en la labor creativa late muchas veces de manera personal y en soledad, como pequeños retos privados, de que hagamos lo que hagamos nuestra voz no tiene sitio en el díal. En fin, la apuesta por soluciones alternativas depende de ti -que me estás leyendo ahora mismo-, de actuar fuera de la normalidad, la mesura y el sentido común, depende de mí -para no caer en la retórica y el bla-bla-bla-, de pensar todos si hacemos lo que nos gusta para salvarnos a nosotros mismos, para ayudarnos o, además, para cambiar tantas cosas. ¿Qué es más importante: ser escritor o pintor, o ser un hombre que escribe y pinta?
Publicado en Amano 6 (abril 1997)
jueves, 22 de abril de 2010
Infancia
lunes, 22 de febrero de 2010
viernes, 16 de octubre de 2009
Independencia
Signzine # 2, octubre 1996.

"...nos enfrentamos a puntos de resistencia móviles y transitorios, que introducen en una sociedad líneas divisorias que se desplazan rompiendo unidades y suscitando reagrupamientos, abriendo surcos en el interior de los propios individuos, cortándolos en trozos y remodelándolos. trazando en ellos, en su cuerpo y en su alma, regiones irreducibles."
Michel Foucault

portada: Ibirico
"...nos enfrentamos a puntos de resistencia móviles y transitorios, que introducen en una sociedad líneas divisorias que se desplazan rompiendo unidades y suscitando reagrupamientos, abriendo surcos en el interior de los propios individuos, cortándolos en trozos y remodelándolos. trazando en ellos, en su cuerpo y en su alma, regiones irreducibles."
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lunes, 28 de septiembre de 2009
Cuerpos
Signzine # 1, abril 1996

Miguel Sotos

Ibirico

J. Seafree

Luis Navarro

Bartolomé Ferrando: Acción

César Otero

Ángela Serna: Cuerpo de escritura

Nel Amaro

La Compañía

Antonio Gómez: Mi cuerpo

Pere Sousa: Tallas

Juan López de Ael

Ibirico: Desnudos (contraportada)













Cuando cuerpo e imagen se interpenetran tan hondamente, que toda tensión revolucionaria se hace excitación corporal colectiva y todas las excitaciones corporales de lo colectivo se hacen descarga revolucionaria, entonces, y sólo entonces, se habrá superado la realidad tanto como el Manifiesto Comunista exige.Walter Benjamin
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sábado, 26 de septiembre de 2009
Márgenes
Los "cuadernos temáticos de poesía visual" Sign'zine surgieron en marzo de 1.996 como secuela de la Muestra Internacional de Arte por Fotocopia, con el doble propósito de relanzar la poesía visual y el copy-art y de conectar las vanguardias estéticas con las subculturas emergentes. Gracias a la colaboración altruista de la primera línea de poetas visuales españoles, que adoptaron en el proyecto como si fuese suyo, y de diseñadores gráficos que utilizaban la fotocopia como medio de expresión, durante dos años realizó una labor intensa de promoción de este tipo de escritura que apuntaba a la búsqueda de "otros medios" más ajustados a la época del espectáculo3.0. La dinámica era sencilla: un grupo de creadores se comprometía en una propuesta temática lanzada desde mikuerpo, la desarrollaba según sus propios criterios estéticos y el resultado era un pequeño fanzine gráfico de fácil y libre reproducción que recogía una visión poliédrica sobre el tema en cuestión.
Luis NavarroA través de esos barrotes simbólicos que separan dos mundos, la gran carretera y el castillo, el niño pobre mostraba al niño rico su propio juguete, que éste examinaba con avidez como un objeto raro y desconocido. Pues bien, ese juguete que el pequeño harapiento hostigaba, agitaba y sacudía en una jaula, era un ratón vivo.
Baudelaire
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