Mostrando entradas con la etiqueta Merz Mail. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Merz Mail. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de octubre de 2010

Una inmensa acumulación de nada

Una mirada de lechuza sobre la huelga de arte 2000-2001

Análisis publicado en el catálogo Del mono azul al cuello blanco. Transformación social y práctica artística en la era postindustrial (Valencia, Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, 2003).


por Luis Navarro

* * *
“La paz es un domingo. La guerra, una cadena de días laborables. Lo que importa es que la esencia dominical se difunda a toda la semana”. (D'Ors: Lo barroco)
El primer día del año 2000, mientras la humanidad se apresuraba a saludar el nuevo milenio con 366 días de adelanto y un entusiasmo tan artificial, tan mediáticamente exacerbado como la zozobra de un posible colapso informático a escala mundial, un buen número de artistas, en su mayor parte integrantes del circuito "marginal" no profesionalizado, cesaron sus actividades hasta el 31 de diciembre de 2001, en respuesta a la primera huelga de arte del mundo latino, convocada por Luther Blissett & Karen Eliot & Monty Cantsin.

Se habían dado experiencias precedentes en el mundo anglosajón (Art Strike 1990-93, convocada por Karen Eliot) y germánico (1977-80, convocada y llevada a cabo por el artista alemán Gustav Metzger). Como ocurrió con la huelga de 1990-93, la idea había cobrado forma a partir del circuito de mail-art, un "movimiento artístico planetario, heredero de Dada y Fluxus, basado en la eliminación de la jerarquía, la confrontación paritaria de experiencias y el intercambio gratuito de cualquier creación del intelecto que pueda ser transmitida a través del sistema postal" (1).

Un primer llamamiento a la "desobediencia activa" de todos los creadores se publicó en el fanzine P.O.Box (órgano de la factoría Merz Mail Barcelona) a finales de 1996, y muy pronto se convirtió en caballo de batalla de diversos fanzines de la órbita ácrata, punk y prositu (Amano, El Terrible Burgués, El Cosmonauta Eléctrico, Delirio...). Hay que subrayar la importancia que tuvieron los llamados "medios alternativos" para la generación y difusión de ésta y otras ideas innovadoras, y cómo haciendo "de necesidad virtud", constituidos en redes de afinidad y de colaboración mutua antes de que el modelo-red se impusiese gracias a las nuevas tecnologías, configuraron durante los ochenta y los noventa hábitos de producción y consumo cultural situados en las antípodas de la mercancía, así como un magma de contestación que más tarde se haría socialmente visible y operativo.

Lo "espectacular" de la convocatoria, confinada en principio a una protesta de un año contra la candidatura a la "capitalidad cultural" de Barcelona, no tardó en suscitar reacciones y prender un debate en algunas publicaciones del circuito "alternativo", como Amano o el boletín Art Strike 2000-1, que empezó a publicarse en 1998. Entre quienes se pronunciaron “contra el tiempo de silencio", el argumento más recurrente ponía el énfasis en la dimensión crítica que el arte moderno había abierto y en la gravedad de abandonar esa vía. “No podemos desdeñar un instrumento de lucha ideológica contra el sistema... No podemos cerrar la boca, pues el sistema ya lo hace”, apuntaba con conocimiento de causa el prestigioso poeta uruguayo, Clemente Padín, en el # 24 de P.O.Box (2). Antonio Orihuela denunciaba poco después en el mismo medio el "suicidio colectivo" que supondría la huelga de arte, y hacía un llamamiento en favor de "la Utopía, y no el silencio".

En el mismo sentido se pronunció el surrealista Eugenio Castro en una entrevista del fanzine Amano: "Confieso que no llego a comprender una convocatoria desemejante orden, en la medida en que creo que hoy el arte no que esté en huelga, sino que ha sido tan contundentemente derrotado que resulta mi punto de vista bastante gratuita", añadía perplejo: "...no veo cómo uno puede en huelga frente a una fuente de placer tan considerable como la creación". No obstante, en la misma publicación, otro miembro del Grupo Surrealista de Madrid, José Manuel Rojo, se mostraba menos escéptico: "Estoy de acuerdo en cuanto a la situación del arte, vencido como posibilidad de renovación social, pero es un muerto vivo... Es algo que dignifica al poder que lo lleva a cabo, sea un banco o un Estado, y se sigue ofreciendo el arte como un religión en la que los ciudadanos ven una legitimación social o una justificación de la vida que viven. En este sentido, hacer patente lo que ya se sabe, pero no se quiere ver quizá sí sea interesante". Y reconducía la cuestión con visionaria lucidez hacia "la realización del arte, no hacia la obra de arte”.(3)

Un aspecto que no llegó a plantearse en este debate, pero que parecía fundamental determinar antes de abordar la viabilidad de la propuesta, era por decirlo así el "estatus metafísico" de la huelga de arte: si se trataba de una "realidad", de algo que efectivamente "se daba", si contaba con un respaldo potencial y era socialmente informante; o si se trataba de una ficción, de una "situación construida" de mayor o menor alcance (que podía ir desde el simple montaje al "experimento sociológico", tan en boga actualmente en los medios de masas). En definitiva, se trataría de saber si era una "huelga de artistas" o una "manifestación artística" de cualquier tipo. De hecho, ambos paradigmas se interrogan mutuamente y marcan una distancia entre dos momentos muy distintos de la organización de la producción y de la gestión del goce en las sociedades capitalistas.

La convocatoria lanzada por Metzger en 1974 para los años 1977-80 se inscribía en un proceso continental de descomposición de las luchas, de difusión de las clases y de aparición de movimientos diferenciales centrados en cuestiones concretas, pero conservaba aún la estructura de los viejos modelos de movilización. Se trataba de una huelga de perfil netamente moderno, donde el artista proletarizado reaccionaba a la degradación de sus condiciones de vida, muy cercanas ya a la del obrero asalariado (y en la mayoría de los casos mucho más precarias), tomaba conciencia de su condición de trabajador de la cultura y reproducía los modelos históricos de movilización llevados a cabo por los trabajadores. No había ironía en ello: la convocatoria de Metzger se definía como maniobra revolucionaria que apuntaba en último término a destruir el arte como institución (museo y/o galería) en aras de la liberación del productor, en este caso el artista, de la cadena de producción artística. Se trataba de una aplicación tardía del modelo institucionalizado de lucha obrera a un marco de producción enteramente distinto.

La convocatoria lanzada por el grupo Praxis en 1986 para los años 1990-93 cuestionaba precisamente el rol que juega el artista en el mantenimiento de una estructura ideológica que genera, a su vez, ideología. Dicho artista no sería el sujeto de esta huelga, sino su objetivo preferente, definido en su función como una parte de la facción burguesa en la lucha de clases: "La actitud de los artistas ha sido la de distinguirse de alguna manera delresto de las actividades humanas. Esta actitud crea una justificación ideológica para lasdivisiones jerárquicas entre los seres humanos”.(4) La idea burguesa de artista era el engendro derivado y derivante de un ego inflado que cristaliza como "identidad". En el sentido de esta crítica hay que entender en su origen, allá por los años 80, el recurso a "nombres múltiples" para avalar este tipo de convocatorias; es decir, nombres que no respondían a nadie en concreto y que funcionaban como contextos abiertos que cualquiera podía utilizar y desviar para firmar cualquier tipo de acción, enriqueciendo de esta forma su leyenda e impulsando su difusión.

La convocatoria de Praxis intentaba hacer reflexionar sobre la necesidad de cuestionar los fundamentos de nuestra cultura para cambiar nuestro modelo de sociedad. Pretendía despejar un espacio para el desarrollo de una creatividad libre y abierta. No obstante, conservaba de algún modo ese marco privilegiado del arte desde el que se construye y se ironiza, si bien pasaba a configurarlo un tipo de prácticas que inciden en la situación (y a veces se agotan en ella), un proceso abierto y colectivo que genera su propio contexto. Si la propuesta de Metzger pretendía liberar el arte por medio de la huelga, la de Praxis buscaría contribuir a la lucha del movimiento obrero con los instrumentos del arte. Si la primera atendía a la condición profesional del artista, para dar curso a la segunda era preciso un circuito de activistas culturales del circuito institucional de la producción y enfrentado a él no de modo simplemente ideológico, sino material.

Hablando con propiedad, la convocatoria de Praxis no era sino una proyección invertida de la que años antes había protagonizado Metzger, su reproducción en clave de farsa. Constituye una reflexión sobre las razones de su fracaso y propone nuevas formas de lucha a ese nuevo tipo de productor de "mercancías inmateriales" que el capitalismo desarrollado genera. No obstante, tampoco consiguió arrastrar a un número importante de estos nuevos productores, quizá porque su perfil más intrigante aparecía diluido en su crítica apocalíptica del arte.

En el invierno de 1996-97, reaccionando a ciertas voces que trataban de conjurar el "tiempo de silencio", Karen Eliot redefinía la huelga instando a participar en un "juego general", un juego que "no excluye a nadie".(5) Los términos de su llamada eran lo bastante ambiguos como para no espantarse de antemano (o tal vez para sí hacerlo); cualquiera podía hacer de ella una interpretación a su medida. Muchas de las alternativas que se opusieron al "abandono de las herramientas", como la propuesta de Clemente Padín de canalizar la actividad creadora fuera del circuito artístico o el "paquete de medidas intermedias" propuesto por E. A. Vigo, hubiesen podido acomodarse al movimiento de la huelga de arte, puesto que desde el principio se había planteado (y se insistió mucho en esto en documentos sucesivos) como una jugada abierta y horizontal, una posibilidad indeterminada en sus objetivos y métodos, al modo de una silueta que habría que manipular, copiar y pasar, según el modelo iniciado por Ray Johnson para los circuitos de arte-correo. Se invitaba a la construcción colectiva de una situación sin definir, se presentaba la misma como un contexto abierto que generaba su propia leyenda, se reclamaba el juego "completamente en serio".

El acceso a esa esfera del juego sólo resultaba posible a condición de eludir a toda costa todo intento de "institucionalización", sea de orden sindical o estético. Una "huelga salvaje", desarrollada al margen de los sindicatos, no es un simple parón productivo de carácter excepcional que apunta a ciertas reformas expresadas en su tabla de reivindicaciones, sino una situación insurreccional que reclama una transformación radical de las condiciones existentes. Por su lado, la actividad formativa que se realiza al margen no sólo de las galerías de arte, sino también de toda pretensión de canalización estética, no es sino "vida cotidiana" liberada, impulso creador en libertad. La ambición constituyente de la huelga salvaje tiene algo de soberbia creadora; el gesto en sí mismo aspira a crear una "situación sin retorno"; y la liberación del tiempo de trabajo es condición para la liberación de un "tiempo estético" descargado de "obligaciones".

El ámbito de intervención de la huelga se hacía más difuso, afectando a la vida en su totalidad (no sólo al tiempo productivo, ni al tiempo reproductivo del consumo), dado que también el sistema espectacular había invadido, a su vez, la vida en su totalidad, reproduciéndola según su propia lógica. Karen Eliot nos invitaba a "salir de la caverna" y enfrentar la construcción de los momentos desde otras bases: "Al margen de esta cancelación absoluta de las vías de penetración de la cultura institucional, se desarrollará un proceso constructivo de cultura participativa dentro de los espacios liberados, se promoverán modelos autogestionarios de producción y fruición estética irrecuperables por el mercado, se legitimarán celebraciones paródicas de actos institucionales, se redecubrirá el cuerpo como fuente de goce cotidiano."(6)

La huelga de 2000-1 no podía aspirar a movilizar a una masa crítica de obreros culturales ni a generar señas de identidad para una clase atomizada, cooptada y sin conciencia. Y en un mundo estetizado y constitutivamente falso, que ha perdido toda perspectiva desde la que establecer "valores", tampoco podía hacerse consciente de su propio carácter fantasmal. La convocatoria para los años 2000-1 no eludía estas contradicciones, pero en vez de disolverlas en un sentido u otro trataba de "ponerlas a funcionar", de explorar las posibilidades que siempre genera una yuxtaposición de elementos heterogéneos. Si realmente eran inconciliables, se trataría de sacar a la luz la dinámica que los polariza y de tratar de componer una realidad que pudiese aglutinarlos. En eso hubiese consistido la "poesía" de esta huelga.

La "coincidencia" de acontecimientos catastróficos como el cambio de milenio, o el temor mediáticamente infundido a un "derrumbe" masivo de datos que podía afectar a instancias administrativas, empresariales, y por extensión a la vida de cada terminal informática, creó una atmósfera apocalíptica ideal para el cumplimiento de cualquier tránsito. Parecía que la humanidad entera fuese a asistir a su propia mutación, y que habría de creer en ella en cuanto fuese proyectada en las pantallas donde discurre su existencia (la verdadera, no la reproducción insustancial de procesos fisiológicos que llamamos "vida cotidiana").

En medio de este gótico escenario, la huelga de arte cumplió su papel de gárgola burlona y siniestra. Su momento climático ocurrió durante la inauguración de Arco 1999, cuando 12 Luthers infiltrados interrumpieron la recepción mediática a la infanta Cristina y su marido lñaki Urdangarin para hacer pública la convocatoria. De esta forma, el contexto formativo de la huelga quedaba documentado en lo que pretende ser la muestra más completa del arte contemporáneo, y de algún modo quedaba asimilado a esta noble actividad.

Entre las "respuestas" a la llamada, algunas fueron ciertamente nihilistas, y hay que conceder que la evolución del arte y del mundo daba para mucha más "muerte". Pero ni la "radicalidad" de los actos ni la vehemencia de la "teoría" podían hacer de la huelga otra cosa que un signo de su tiempo, capaz de expresar adecuadamente la crisis de todo valor y la incertidumbre milenarista que no nos ha abandonado todavía, pero incapaz de traducirse en ningún tipo de efecto inmediato. "En realidad", lo que cada uno de estos intentos parece poner en evidencia es la imposibilidad alcanzar tales resultados, el agotamiento las formas clásicas de lucha obrera tanto como de la utopía estética de la emancipación.

Un minuto antes de su "inauguración", cuando había todavía alguien que esperaba algo de ella, la huelga seguía siendo una inocente amenaza que, en todo caso, convenía observar de reojo. Un minuto después había desarrollado todo su potencial y se había sumido en su propia contradicción. Como esos espectáculos donde cuenta más la expectación que generan, y que una vez desplegados nos dejan solos, insatisfechos, vacíos. Tampoco fallaron los sistemas. Y el concepto, apenas hubo empezado a materializarse como otros "acontecimientos del siglo" que se sucedieron antes y después, pasó a formar parte del "basurero de la historia", de esa galería de imágenes que ya sólo evocan ocasiones perdidas.


NOTAS

(1) BARONI, Vittore (1997): Arte Postale: Guida al network della corrispondenza creativa, AAA Edizioni.

(2) En los años setenta Clemente Padín fue encarcelado durante algún tiempo por sus actividades postales. Ello provocó una campaña mundial a través de la red postal por su puesta en libertad y la de su compatriota Jorge Carabello." (HELD Jr., John: "Tres ensayos sobre arte correo" (nº especial de P.O.Box, 1997). Extraído de Mail-art: an annotated bibliography, The Scarecrow Press, Inc. Metuchen, N.J., USA, 1991).

(3) Otros pronunciamientos públicos vinieron de la mano de los colectivos editoriales Merz Mail, que ofrecía la infraestructura básica para la difusión y el debate de la idea, e Industrias Mikuerpo, así como del poeta J. Seafree. La postura de Clemente Padín fue apoyada por Hans Braumüller, Yolanda Pérez Herreras y E. A. Vigo, en una de sus últimas apariciones públicas.

(4) HOME, Stewart (1995): Neoism, Plagiarism & Praxis, San Francisco, AK Press.

(5) ELIOT, Karen (enero-febrero 1997): "Es tiempo de asesinos" (P.O.Box # 26).

(6) ELIOT, Karen (1997): "Okupación global" (Amano # 6).

jueves, 7 de octubre de 2010

Luther Blissett en España

por la Vda. de Blissett

Texto aparecido en el libro Pánico en las redes. Teoría y práctica de la guerrilla cultural (Literatura Gris, 2000). El libro está agotado y una edición íntegra corregida apareció en la revista Brumaria # 3.

* * *


La penetración de Luther Blissett en España
se produjo sustancialmente a través de la red de mail-art, y concretamente a través de su nodo más radical e innovador establecido en la Factoría Merz de Barcelona, que publicaba en las páginas del fanzine P.O. Box las convocatorias y comunicados de la APB [Asociación Psicogeográfica de Bolonia] y de la LPA [Asociación Psicogeográfica de Londres] desde principios de 1996. Los primeros en verificar la existencia de Luther Blissett a este lado de los Pirineos fueron Sense Titol, que consiguieron fotografiarlo durante una visita a Venecia. La mayoría de las actuaciones emprendidas por Luther Blissett a partir de entonces en España han estado vinculadas a la difusión y la extensión de una huelga de arte actualmente en proceso, convocada por el múltiple de múltiples Luther Blissett & Karen Eliot & Monty Cantsin para los años 2000-2001 en Madrid y Barcelona.

En realidad, LB&KE&MC no hicieron en un principio sino adherirse a un boicot contra la candidatura de Barcelona para la Capitalidad Cultural Europea en el año 2001. Con su adhesión el boicot se transformó en una huelga total de arte y se amplió a dos años (2000-1) [P.O. Box # 22, otoño de 1996], extendiéndose pronto a Madrid, donde no tarda en constituirse un Comité de artistas kontra el Arte (CakA) "sin otro fin que adherirse a la huelga y destinado a disolverse una vez consumada dicha adhesión", y donde Karen Eliot y Luther Blissett empiezan a publicar sus manifiestos en el fanzine Amano a partir de noviembre de 1996 ("Huelga de arte en Madrid", febrero 1997; "Okupación Global", abril 1997; "Por una huelga espectacular", verano 1997).

No todas las acciones llevadas a cabo por Luther Blissett en España han estado directamente vinculadas a la promoción de la Huelga de arte. En realidad, sería demasiado extenso pasar revista a todas, y tampoco podríamos estar seguros de haber cubierto una mínima parte de la tarea, puesto que Luther Blissett no puede ni debe estar al tanto de todo lo que hace. Sus escritos teóricos se han venido traduciendo y reproduciendo regularmente en diversas publicaciones alternativas. Se le atribuyen dos vídeos realizados por grupos de Cuenca y de Granada que se adhirieron a la huelga en 1999 desde posiciones propias (Desciende, Moisés y Reventando: los jóvenes [estraperlistas] morirán pronto, ambos de 1999), así como un cómic (Producciones Elvis Pérez: El cosmonauta eléctrico contra "M"arte) y varias acciones telemáticas.

* * *

El uso de los nombres múltiples y de los modos de acción propugnados por Luther Blissett no era desconocido en ciertos medios de la vanguardia contracultural española. Cinco años antes había surgido en Madrid Preiswert Arbeitskollegen (Escuela de Trabajo No Alienado), "movimiento de masas" cuyo propósito era "recuperar el control de los canales de comunicación que constituyen el verdadero ecosistema contemporáneo".


Preiswert asumían el anonimato como una identidad difusa, expresando en realidad la voz de nadie en general y de tod@s en particular. Los grafitis Preiswert, realizados con plantilla para rehuir "el trazo, la firma aurática de quien los plasmó", se hicieron en los noventa habituales en el paisaje del centro de Madrid: "EL SILENCIO DE AMEDO ESTÁ SOBREVALORADO"; "HACIENDA SOMOS TONTOS"; "RACIÓN DE ESTADO"... Preiswert era una especie de "marca anticomercial" que servía para firmar camisetas, pegatinas o intervenciones que alteraban el sentido de las vallas publicitarias (podría decirse incluso que lo "deconstruían" si esta palabra no hubiese dejado de significar algo). Una de estas intervenciones, llevada a cabo sobre un panel del Corte Inglés en el metro de Sol y apoyada por Tendero Luminoso con el reparto de dípticos publicitarios falsos que "invitaban a los clientes del gran almacén a llevarse todo lo que pudieran llevarse puesto", provocó el 17 de octubre de 1993 un saqueo y un alboroto en el Corte Inglés de la calle Preciados de Madrid.

Pero lo fundamental de sus modos de acción no residía en intervenciones puntuales y espectaculares como ésta, sino en la producción de una violencia de baja intensidad sobre el lenguaje que, al afianzarse en los mecanismos perceptivos de la gente, debía producir a largo plazo efectos devastadores. Confiaban en el "contagio" como forma de incidencia, y efectivamente no pudieron evitar, entre otras apropiaciones espectaculares, la conversión de su grafiti AMOR PLATÁNICO en una exótica variedad de refrescos.

De ahí la elección de soportes mínimos, dinámicos y con una fuerte presencia en la vida cotidiana. Con motivo de la guerra del Golfo, Preiswert editó 50.000 pegatinas pegadas en monedas con los colores de la bandera nacional y la inscripción ESTADO UNIDENSE. "Ello supuso una operación de ocupación simbólica del vehículo por antonomasia de la circulación en las sociedades postindustriales, el dinero".

Se trataba de producir la máxima comunicación para el mayor número de personas con la mínima concentración de medios y de esfuerzo "militante". Preiswert vería colmada su aspiración estética cuando con una simple coma alcanzase la máxima reestructuración semántica del mensaje previo. Durante el único encuentro documentado entre Preiswert y Luther Blissett, éste afirmó haber conseguido más aún: reestructurar mediante una coma los principios que rigen y condicionan nuestra cultura. Se serigrafiaron decenas de camisetas con el poema visual.


Durante una acción realizada en 1997 en respuesta a la "incontinencia eréctil" del Ayuntamiento, Preiswert ponía su firma a disposición de cualquier ciudadano que quisiera erigir su propio ready-made en las calles de Madrid. En el encuentro citado anteriormente, mantenido en Barcelona en verano de 1999, Preiswert anunció oficialmente su desaparición para el 1 de enero del año 2000, día en el que comenzaba también la Huelga de Arte.

Como en el caso de los Transmaniacs o del propio Luther Blissett, no se trataba tanto de una autodestrucción como de una disolución que se producía no contra su propósito, sino de acuerdo con las líneas maestras del proyecto tal y como se habían establecido desde su origen: lejos de enquistarse en la vanguardia Preiswert asumían un "borrado de las fronteras entre el espacio artístico y la calle" y, como un Robin Hood post-moderno pretendían devolver el espacio público "a la sociedad, su legítimo propietario", lo que debía consumarse en 10 años no por ellos, sino por los "grupos e individuos proliferantes, contagiados como se contagia la risa por un tipo de actividad que está al alcance de cualquiera".

La coincidencia con la huelga era casual, pero no sólo era eso. La saga italiana de Luther Blissett había anunciado para el mismo día el suicidio ritual del célebre nombre múltiple. Todo este cúmulo de coincidencias hizo pensar a muchos que Luther Blissett pisaba en todos los charcos donde había meado Preiswert para hacerlos más hondos, si es que no era Preiswert disfrazado. Pero, en este caso... ¿quién se disfrazaba de quién?

* * *

La primera y fulgurante aparición pública de Luther Blissett en España se produjo el 29 de mayo de 1997 en la Sala Apolo de Barcelona, donde se presentó con la cara tapada con un pañuelo rojo y gorra negra y leyó el Manifiesto por la Huelga de Arte 2000-1 tras romper los pinceles con los que acababa de pintar bigotes a una Gioconda (la intervención era un supuesto homenaje a Duchamp). Desde entonces ha mantenido una base más o menos fija en Barcelona, en la antigua dirección de la Factoría Merz, desde donde ha realizado el seguimiento del debate en torno a la huelga y donde también dispone de un espacio semanal en Radio Pica que durante los dos años de huelga emite ininterrumpidamente el mismo programa. En Madrid ha dispuesto también de una cierta infraestructura más o menos fija en la antigua dirección de Industrias Mikuerpo. También ha dispuesto de diversas páginas en internet y direcciones de correo electrónico.

Para la difusión de la convocatoria se utilizaron todos los medios que han permitido tradicionalmente la difusión de las ideas alternativas y que han mantenido la "guerra de baja intensidad" contra la ideología del espectáculo: encarteladas, sellos, pegatinas, envíos postales, reparto de octavillas, apariciones en radios libres y en publicaciones do it yourself, pintadas... Fue sin embargo la red de internet la que propició que el debate sobre la huelga de arte trascendiese sus límites naturales y se implantase en círculos institucionales progres y/o de vanguardia. Sin embargo la actitud en este medio ha sido siempre elusiva mientras ha podido permitírselo, y confusora o violenta cuando no ha podido ya cerrar los ojos. Se puede decir por tanto que la censura que ha pesado sobre la propia existencia de la huelga de arte no ha sido producto de la ignorancia, sino del miedo, aunque, nuevamente, ¿qué se disfraza de qué?

* * *

En ARCO'99 (Feria de Arte Contemporáneo de Madrid), 12 luthers infiltrados en la inauguración interrumpieron la recepción mediática a la infanta Cristina para lanzar un llamamiento. Cada Luther era portador de una letra en su camiseta, y todos juntos formaban la expresión HUELGA DE ARTE. Ese mismo año se realizaron grafitis con plantilla en la fachada de las principales galerías de Madrid, el Centro de Arte Reina Sofía entre ellas, y aparecieron pintadas de Luther Blissett en centros educativos de Granada y Cuenca, donde dos luthers fueron detenidos por pintar la fachada de la catedral y varios edificios públicos.

Conviene detenerse un instante en las implicaciones de esta detención, ya que trascienden la huelga de arte al tiempo que proporcionan un nuevo sesgo sobre la misma. La detención tuvo para la policía connotaciones más serias de las que serían habituales en estos casos. Los luthers detenidos fueron acusados de destrucción del patrimonio y la propia policía se encargó de redactar la nota de prensa que debía publicarse en los periódicos locales. Para cualquiera que no viva en esa tranquila ciudad, la reacción mediática y/o policial ante unas simples pintadas resultará cómica por lo desproporcionada.

Cuenca presume de ser una ciudad amante de las artes, y particularmente de sus expresiones modernas. Su paisaje reúne privilegios naturales, sedimentos históricos y atractivos culturales. El trazado de las calles de su parte antigua se pliega a un terreno irregular, lleno de niveles y de puntos de fuga para la deriva. En sus callejones se acumulan cientos de leyendas y de episodios históricos más o menos verídicos. Perderse en ella resulta tan sencillo como encontrarse. Y se ha querido "amenizar" el turismo que ello ha atraído sobre la ciudad con un simulacro de "vida cultural" de altas miras: Cuenca dispone del mejor museo de arte abstracto de España, se ha convertido en punto de peregrinaje de pintores "vivos" y se encuentra en ella la que pasa por ser una de las facultades de Bellas Artes más avanzadas del mundo, atenta siempre a integrar nuevas aplicaciones tecnológicas y comportamientos estéticos.

En noviembre de 1999 varias personas llamadas Luther Blissett realizaron una deriva psicogeográfica nocturna por el casco antiguo de Cuenca. El punto de encuentro quedó establecido en el centro neurálgico de la ciudad, en las escaleras de su catedral gótica donde en los 70-80 se reunían los jóvenes antes de ser desplazados a la zona de bares, a lugares menos visibles. Aquella noche de noviembre la calle estaba desierta. Los pocos transeúntes que pasaban delante de la catedral caminaban deprisa y de puntillas, como si acudiesen a una cita secreta. Al otro lado de la plaza, sólo el portal de la Comisaría irradiaba hacia la calle una luz amarillenta de vigilia. La silueta oscura y delgada de Luther Blissett esperando a sus demás personalidades debía inquietar a la policía. Un coche-patrulla giraba en la plaza cada diez minutos sin entrar en las callejuelas, sin calar a Luther.

A un lado, el poder trascendente de la religión y la historia. A otro, el poder inmanente de las instituciones y su violencia. En medio el corazón de una ciudad deshabitada. Una ciudad que ha hecho del arte su ideología y se ha transformado en consecuencia en ciudad-museo. La deriva en espiral no pudo aportarnos ninguna huella, ninguna marca, ningún indicio. Donde poníamos los ojos veíamos una postal. Pero una "ciudad museo", una ciudad intocable que simplemente se contempla y que confunde la vida con el vandalismo, confunde también el arte con su muerte y yace ella misma cadáver. No es una república abierta, ni un remanso provinciano de cultura en medio de la convulsión moderna, ni un vértice de la vanguardia... es una ciudad de pueblo, un lugar donde la policía redacta las notas de prensa.

SUCESOS - Se encontraron más pintadas
Sorprendidos cuando realizaban pintadas en el Museo
La Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía ha instruido diligencias que ya han sido remitidas al Decanato de los Juzgados de Instrucción en las que se da cuenta que en las primeras horas del pasado día 8 el vigilante de seguridad que presta servicio en el Museo de Cuenca, sito en la calle Obispo Valero, sorprendió a dos jóvenes de 22 y 23 años -ambos vecinos de la ciudad- cuando presuntamente realizaban pintadas con spray de color negro en la fachada principal del Museo. En las leyendas que escribieron figuraba la palabra “ARTSTRIKE 2000-2001”. Posteriormente, tal y como informa el gabinete de prensa de la Comisaría, se comprobó que en la fachada lateral de la Catedral, junto al Palacio Arzobispal, había otra pintada, también con spray negro, con la inscripción: «CURRANTES-BASURA (SEGURATAS). En ambas fachadas, y junto a las pintadas descritas, aparece también en spray negro el rostro de una persona. Tras prestar declaración en la Comisaría, los dos jóvenes quedaron advertidos de la obligación de comparecer ante la autoridad judicial si fuesen requeridos.
* * *

El 1 de enero del año 2000, al mismo tiempo que Luther Blissett se suicidaba ritualmente en internet, los luther hispánicos concretaron su abandono de las herramientas bajo cualquier firma personal o colectiva. Desde esa fecha, varios artistas de Madrid y Barcelona han "defeccionado" de toda actividad artística, aun a riesgo de truncar sus carreras, ante el desdén del mundillo artístico y de los críticos y el silencio mediático más absoluto. Entre tanto llegaban rumores sobre el interés de Grijalbo-Mondadori por publicar la novela Q en el mercado español después de que se hubiese convertido en un best-seller en Italia y otros países. Un directivo de Grijalbo se dirigió por correo electrónico a los contactos de Luther Blissett en Madrid y Barcelona "para poner en marcha un plan de agitación". Desde ambos puntos se le contestó, con total independencia de criterio y sin saber exactamente a qué se podían estar negando, que no existía ningún deseo de participar en el lanzamiento comercial de Q, y que encontrándose en plena huelga de arte se negaban a atender este tipo de propuestas.

En Europa el éxito comercial de Q ha generado oposición en el interior del movimiento, especialmente a la explotación comercial del nombre múltiple. Para algunos el proyecto ha perdido su carga subversiva con su emergencia al primer plano de la cultura de masas y se ha hecho objeto de banalización. Se declara la muerte de Luther Blissett antes de haber cubierto su ciclo y de ritualizar su propio suicidio. Un tal Benigno relaciona éste con la publicación de Q (lo que no resulta exacto), pero plantea interesantes dudas acerca de los límites del proyecto y del intento de interrumpir el proceso de mitopoiesis:
¿...quién puede matar a un nombre multi-usuario? De acuerdo con Luther Blissett, el grupo veterano que hay detrás del equivalente boloñés de Karen Elliot, los personajes anónimos que han estado operando con el nombre durante los últimos cinco años. Es el momento, señala Luther Blissett "de permitir que los 'nuevos' desarrollen sus propios proyectos". Pero ¿quiénes son esos 'nuevos'? ¿Puede Luther Blissett molestar a Luther Blissett? [Ashley Benigno, "Luther Blissett ha muerto, larga vida a Luther Blissett", Heise, 9-9-99].
En septiembre del 2000 comenzaron a aparecer en las calles céntricas de las principales ciudades españolas carteles en blanco y negro con el rostro de Luther Blissett. Mucha gente informada se pregunta por la relación de los antiguos activistas hispánicos del PLB con esta nueva campaña. No saben cómo interpretarla en el contexto de la huelga de arte, y no pueden creer que Mondadori esté dispuesta a arriesgarse a tropezar dos veces en la misma piedra. ¿Se tratará nuevamente de un timo? ¿De una conspiración vinculada a la huelga de arte? Tratándose de Luther Blissett nada puede darse por seguro, ni siquiera que se haya suicidado realmente, aunque todo parece indicar que Luther Blissett ya no bromea o que ya sólo lo hace "en serio".

Quienes han tomado parte en el proyecto Luther Blissett en España no se sienten particularmente decepcionados. Todo lo que no es llevado a sus últimas consecuencias a su debido tiempo está condenado a envejecer, y "una vez ritualizado y sistematizado el imaginario se convierte en el reflejo de los poderes existentes". No merece la pena lamentarse en silencio ni alzar la voz en defensa de lo "irrecuperable". Hemos de dirigir nuestros esfuerzos en otra dirección: permitir el movimiento imaginario, impedir que cristalice, tratar de entender cuándo y cómo los mitos deben ser deconstruidos, descompuestos u olvidados antes de que la pluralidad de imágenes se reduzca a una imagen única y absoluta.

Conviene llamar la atención en todo caso acerca de un mito que se desdobla hasta el punto de no reconocerse en su propio reflejo y que ha de pasar por encima de sí mismo para conquistar su vellocino. Ésta puede ser otra historia -de otra forma "subterránea"- de Luther Blissett. Puede que un día vuelva a emerger. Los mitos son incontrolables, y no basta para neutralizarlos con escribir la leyenda de su suicidio. Los teóricos de la conspiración se empecinarán en que sigue vivo. Ya hay quien dice que se encuentra en España empleando su talento literario como "negro" de conocidas figuras del espectáculo.Si es así, la cadena de escándalos que atormentará el mundo de las letras no habrá hecho sino comenzar. No tardaremos en saberlo.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Artistas del mundo, abandonad la producción ahora

por Von Beetfarmer, DeBoring, Vanaygum & Poe
Long Island City, Queens, NY, 22 de septiembre de 1998
publicado en el boletín Art Strike (Merz Mail, Barcelona, 1998)

Uno de los aspectos más nocivos del microespectáculo estético es la manera en que se permite al "artista" tener "creaciones propias" mediante la utilización de derechos de propiedad intelectual. Todos están como nosotros informados de que los derechos de propiedad intelectual se emplean para proteger los "intereses" financieros del artista. Así, la infracción de los derechos de propiedad intelectual se castiga con penas terribles que van desde multas al encarcelamiento.

Pero como muchas personas de nuestro barrio piensan, en primer lugar el arte y el dinero nunca deben ir unidos.

El "nombre" tras un producto cultural presenta otra perversión llena de vigor, que quizá sea la que pulveriza en mayor medida nuestra demanda de una sociedad "sin dios ni amo". Este odioso crimen ocurre cuando el "nombre" del creador llega a ser una imagen venerada, adorada o despreciada, para referirse a ella como si este "nombre" fuera otra cosa que una taquigrafía conveniente para un particular tiempo/arte/espacio por una cierta persona que, de ninguna manera, merece ser venerada o incluso reconocida públicamente.

Estos crimenes contra la humanidad serían olvidados al instante si los artistas cesasen en su intento de alcahuetear "artefactos culturales" al público con el pretexto de proporcionarnos un "servicio cívico." Se argumentará sin duda que muchos artistas deben "producir" para sobrevivir. De todas formas, si pueden crear "arte" seguramente pueden idear otros medios para sobrevivir, quizás mediante subsidios de desempleo, el trabajo diario o algún comercio útil que, con un esfuerzo convenido, tendrá una influencia positiva en su arte. Numerosos "grandes" artistas -tomemos a Charles Ives, WC Williams, Wallace Stevens, por ejemplo- renunciaron a hacer dinero de sus productos culturales mientras practicaban con éxito otros negocios que, en los tres casos, eran muchas veces más "provechosos" que sus magras ganancias artísticas. Estos tres hombres hablaron positivamente de los beneficios aportados a su arte mediante la aplicación de cosas aprendidas "en el trabajo"; de ahí se sigue la conclusión lógica de que el arte -si uno no puede gastar todo su tiempo comprometiéndose en él- llega a ser una evasión placentera del deber, un solaz en medio de la agonía cotidiana, una alegría después del penoso trabajo, una manera de integrar la mierda del día con el oro de la tarde en unas horas de creatividad no adulterada. Se darían muchos beneficios sociales si los artistas dejaran de "producir arte" durante todo el día; a saber, la reducción de productos culturales en el mercado que empieza a ser tan necesaria en este período de saturación cultural. Ha llegado a ser un tópico hablar de cómo nosotros en el Oeste y de modo creciente en el Este estamos "bombardeados de información". Podemos empezar a cortar esta sobrecarga sensorial erradicando la 'espectacularización del arte' tal y como esta se lleva a cabo en anuncios, "mercados" culturales (es decir, los lugares donde se venden productos artísticos), carteles, websites, y cualquier otro canal y medio que integre -en magnitudes variables- las polaridades de arte y dinero.

Pero, lo que es más importante, podemos dejar de gastar nuestro dinero en estos "productos culturales." Muchos artistas aceptan dinero en efecto por sus productos con el pretexto de "darlos a conocer". De cualquier modo, se ve fácilmente que la raíz de esta falsedad es meramente los intereses egoístas personales de los artistas: su deseo vivir un confort material, su avidez por el "margen de beneficios" tales como admiradores y entrevistas, y finalmente su deseo de vivir en las mentes de demás como un icono para ser admirado, seguido y venerado.

Encontramos particularmente egoista esta forma perversa de megalomanía que debilita tanto al arte como a la sociedad. Muchos artistas argumentarán además que el único medio por el que ellos pueden ganar un público para su trabajo es "traicionar" al "establishment".

Para "difundir" lo que ellos consideran que es necesario para la humanidad (es decir sus productos culturales, que ellos nos hacen neciamente creer que proporcionan discernimiento, belleza y sabiduría a los observadores) deben estar en la posición de llamar la atención y por eso necesitan apoyo financiero para "difundir" su sabiduría/belleza/conceptos por el mundo.

Pero la pregunta permanece: ¿necesita realmente la humanidad la "belleza" y el "discernimiento" que dicen poseer los artistas? ¿O necesita en cambio un arte que ertenezca al interés público?

Demandamos del artista que deje de producir y propagar productos culturales a menos que sean (1) solicitados por el público y (2) creados con las intenciones de compartir libremente con el público y otros artistas sin restricciones de derechos de propiedad intelectual. No hay demandas con respecto a volumen, forma, o medio; de cualquier modo, pedimos a los artistas que todo arte que sea solamente representativo de la personalidad del artista sea privado de la exhibición pública. Nunca quisimos - ni querremos - ver aquello que no hemos pedido.

Los artistas pueden pensar que están por encima de nosotros en estas materias, pero ciertamente no es así. De nuevo, pedimos a los artistas que no soliciten ni utilicen derechos de propiedad intelectual de ningún tipo. Los derechos de propiedad intelectual son para las invenciones tecnológicas, que quizás sean útiles. Pero no para el arte, que es ciertamente bello. . . El lugar donde comenzar el cese de la producción cultural es dentro de nosotros mismos, y hacia el exterior tratar de convencer a los "artistas" para que abandonen sus materiales. El momento, como ya se supone, es ahora. Ésta, amigos, será nada menos que la revolución dialéctica consumada. . .

viernes, 2 de julio de 2010

Las Huelgas de Arte

por Luis Navarro

Comunicación leída el 21 de abril de 1998 en la Facultad de Bellas Artes de la U.C.M., dentro de las Jornadas de Historia de Arte Contemporáneo "1968-1998: 30 años de contracultura".

* * *

Al hablar de "Huelga de Arte" no estamos utilizando un concepto legítimo desde el punto de vista del uso codificado del lenguaje, sino que llevamos a cabo una reunión de conceptos que nombran instituciones en muchos casos ideológicamente enfrentadas. La Huelga de Arte, a pesar de los intentos sucesivos que aquí vamos a reseñar, de llevar a cabo una respuesta global al estado de cosas dominante, no es todavía de este mundo, no ha logrado aún condensarse en un gesto colectivo que perdure en la conciencia social como perduran las estatuas, y eso es todavía estar fuera. El concepto de Huelga nos trae a la mente la idea de insurrección popular, la irrupción de la acción colectiva en la historia, la denegación de la producción por parte de quienes se presentan en esta denegación como productores puros. El Arte se define históricamente como institución autónoma en el momento en que la burguesía entra en la historia, y se perfila como último reducto del individuo burgués, objetivación de su prevalencia y espacio para el puro disfrute emancipado de las necesidades materiales y de las contradicciones mundanas. La Huelga [como institución] ha sido tradicionalmente un arma de lucha obrera contra la explotación; el Arte [como institución] ha sido tradicionalmente una herramienta ideológica al servicio de la burguesía que expresa esa misma explotación. Pertenecientes a esferas del pensamiento absolutamente separadas, los conceptos que intervienen en este “collage” crean una atmósfera semejante a la que podrían crear un paraguas y una bicicleta en una mesa de operaciones. Sin embargo, no es casual que ambas instituciones se consoliden en un mismo momento histórico, y sospechamos que su antagonismo es más profundo de lo que puede dar a entender su desencuentro en los discursos generados a partir de entonces.

Siempre que se refieren a realidades irreconciliables, los conceptos se desenvuelven en discursos que parecen irreductibles aunque correspondan a una misma potencialidad humana. Así, mientras el conflicto social sigue vigente, la Institución siempre se apuntala en cada una de sus manifestaciones. Mediante una clara distinción entre regiones incomunicadas de la actividad humana, se garantiza que la ruptura del proceso de reproducción material no afectará a los patrones culturales de reproducción social, y que la transgresión formal de las producciones artísticas modernas no tendrá consecuencias en las relaciones de producción material. Mediante la institucionalización de la forma de la Huelga, como derecho reconocido en la defensa de los intereses de los trabajadores, se canaliza la insatisfacción de no vivir la propia vida ni siquiera a medias hacia ámbitos "negociables" dentro del marco estrictamente laboral, y desde las condiciones establecidas por las relaciones de producción vigentes. Por su lado, la institucionalización de un ámbito de experimentación puramente formal, autónomo respecto del mundo, corresponde a la canalización virtual de la ideología revolucionaria que determina a la conciencia burguesa en su formación y subyace a ella en la ideología de lo "moderno". La disputa antiacadémica se convierte en el paradigma de las luchas sociales, y la crítica en una instancia paternal a la que hay que burlar y desobedecer.

Es en su sentido institucional que la liberación de un mundo estético por un sector determinado de la población se convierte en abstracción genérica y se presenta como objeto de culto que quiere ser juzgado según su propia excelencia, y no en función de las condiciones materiales que le han dado existencia, ni de su relación con el mundo del que ha sido segregada. Pero “arte” y “huelga”, fuera y antes de su sentido institucional, son los resultados de una actividad creadora y una denegación productiva que atienden a una concepción del mundo solidaria: la liberación del tiempo del trabajo (producción interesada) es la condición para el cultivo de un tiempo estético (producción desinteresada). Los sucesivos intentos de llevar a cabo huelgas de arte realizados desde los 70 continúan aquella tendencia que apunta a derribar las barreras que separan el arte de la existencia común y pretenden liberar la fuerza expresiva del colectivo, actitud que se hace explícita en el dadaísmo, en gente como los "artistas desertores" Grosz y Hearthfiel o Paul Scheerbart, que en 1915 lleva hasta el final una huelga de hambre contra la guerra.

Gustav Metzger realiza en 1974 la primera convocatoria global de Huelga de Arte entre los años 1977-80 (3). Esta convocatoria se inscribe dentro de un proceso continental de descomposición de las luchas, de difusión de las clases y de aparición de movimientos diferenciales, centrados en cuestiones concretas, pero conserva aún la estructura de los viejos modelos de movilización. Se trata de una huelga de perfil netamente moderno, donde el artista proletarizado reacciona a la degradación de sus condiciones de vida, muy cercanas ya a la del obrero asalariado y en la mayoría de los casos mucho más precarias, toma conciencia de su condición de trabajador de la cultura y reproduce los modelos históricos de movilización llevados a cabo por los trabajadores. La convocatoria de Metzger se definía como maniobra revolucionaria que apuntaba en último término a destruir el Arte como institución (museo y/o galería) en aras de la liberación del productor, en este caso el artista, de la cadena artística de producción.

Se trataba de una aplicación demasiado tardía del modelo institucionalizado de lucha obrera a un marco de producción enteramente distinto, un intento de resolver las contradicciones que las nuevas condiciones de reproductibilidad tecnológica y la lógica de la mercancía imponían a la creación artística (4) a partir de esa misma lógica. Como señala Stewart Home: "aquellos cuyas identidades están basadas en 'su oposición' al mundo tal y como es, tienen un interés solapado en mantener su posición. Para cambiar el mundo, es necesario abandonar los rasgos de carácter que ayudan a sobrevivir en la sociedad capitalista." (5)

En tanto interrupción de la forma, la huelga de Metzger no podía definirse ni siquiera como una emergencia artística, a no ser que entendiese ésta como pura mimesis. En tanto interrupción de un proceso de producción material de obras, la huelga estaba condenada al fracaso, ya que el arte no satisface ninguna necesidad material inmediata. También pudo constatarse que no existe una conciencia de clase entre los artistas que les pueda llevar a considerar siquiera una empresa colectiva de este carácter (la propuesta de Metzger no conquistó ninguna adhesión). El paradigma profesional del artista es la expresión climática del individualismo contemporáneo, con su comportamiento irreductible a cualquier escala de valores. Pero ante todo la ingenuidad del planteamiento sirvió al menos para constatar la distancia existente entre ambos discursos, y las contradicciones surgidas al ponerlos en contacto. Según diría después Karen Eliot, la actividad de Metzger "trataba de ubicarse en el modelo clásico de héroe/villano, lo cual pudo influir en sus dificultades para atraer apoyo a la huelga". (6)

Sobre estas contradicciones que han animado a los artistas de nuestro siglo a emprender las aventuras conceptuales más arriesgadas aún se injerta otra derivada de su acceso a la cultura de masas, donde el artista es ya menos un productor que una mercancía, se halla encadenado a la institución como la mercancía lo está al mercado, y no existiría probablemente fuera de este ordenamiento de las cosas, por cuanto es una figura que emerge del mismo. Así, la convocatoria de Huelga de Arte realizada por el grupo Praxis en 1986 para los años 1990-93, cuestionaba precisamente el rol que juega el artista en el mantenimiento de una estructura ideológica que genera, a su vez, ideología, y apuntaba a un número más amplio de cuestiones que la convocatoria de Metzger.

En primer lugar, el artista no sería el sujeto de esta huelga sino su objetivo preferente, definido en su función como una parte de la facción burguesa en la lucha de clases: "La actitud de los artistas ha sido la de distinguirse de alguna manera del resto de las actividades humanas. Esta actitud crea una justificación ideológica para las divisiones jerárquicas entre los seres humanos" (7). El artista como individuo, y con él el mito de la identidad, aparece negado en la utilización del nombre múltiple Karen Eliot, lanzado al mismo tiempo que la huelga como un "contexto/identidad" bajo el que podían actuar diversos activistas, y en cuyo programa aparecía negada esta identidad desde una perspectiva "postmoderna". En Neoismo, Plagiarismo y Praxis, apunta Stewart Home: "Llamar a alguien artista es negar a todo igual el don del sueño, de la imaginación; de este modo, el mito del genio se convierte en una justificación ideológica de la desigualdad, la represión y el hambre. Lo que el artista considera su identidad son un conjunto de actitudes prescritas; ideas preconcebidas que han encerrado a la humanidad durante toda su historia. Son las actitudes derivadas de estas identidades, tanto como los productos artísticos derivados de la cosificación lo que debemos rechazar" (8).

Además, cuando en línea con la empresa situacionista cuestiona el arte como actividad separada, ya no se trata de un gesto ceñido a sus connotaciones económicas, sino que se inscribe en una estrategia más amplia de orden cultural, o mejor, contracultural en un sentido propio (respecto de la cultura dominante). La Huelga de Arte de los noventa es, en sí misma, y como tal se reconoce, un enunciado estético de primer orden, al que no se le podría negar si se pretendiese, desde los criterios que las vanguardias han obligado a asumir al sistema de las artes, un carácter plenamente artístico. La Huelga de Arte de 1990-93 es un movimiento en la superestructura, la conciencia de la situación tratando de conmover la situación de la conciencia. "Mientras que, tradicionalmente, las huelgas se han visto como un medio de combatir la explotación económica, la Huelga de Arte tiene su principal interés en la cuestión de la dominación política y cultural". Si la propuesta de Metzger pretendía liberar el arte por medio de la huelga, la de Praxis buscará contribuir a la lucha del movimiento obrero per medio de los instrumentos del arte. "La importancia de la Huelga de Arte no radica en su viabilidad, sino en las posibilidades que despliega para intensificar la guerra de clases." (9) Si la primera atendía a la condición profesional del artista, para dar curso a la segunda era preciso un circuito de activistas culturales excedente del circuito institucional de las artes y enfrentado a él no de modo simplemente ideológico, sino material.

Las redes de mail-art se convirtieron en el canal ideal para difundir el proyecto, y la conciencia generada en la interacción con estas redes en su medio preferente de reproducción. No obstante, al plantearse como acto de intervención estética, se asumía a la vez dicho ámbito de intervención como "separado", permitiendo que el gesto se disolviese en su propio reto y no obtuviese más resultados positivos que los que afectaban a la propia carrera de los artistas implicados en ella: "Al enmarcar mi actividad como una Huelga de Arte me hice más famoso que muchos de los que perseguían la publicidad y extendí la audiencia de mis libros." (10) Las repercusiones sociales de esta huelga, que sí fue secundada por un reducido grupo de artistas, llegando a consolidar Comités de Apoyo (CAHAs), fue en cambio nula, dejándose interpretar como una curiosidad más en la escena, y no alcanzando otro auditorio para su "propaganda proletaria" que el formado por los propios artistas y diletantes.

Acaso una de sus repercusiones más notables de esta huelga haya sido la convocatoria lanzada desde Madrid y Barcelona para los años 2000-2001 a cargo de Luther Blissett & Karen Eliot & Monty Cantsin, inspirada directamente en la de 1990-93. En una carta personal de Stewart Home a los convocantes de esta huelga, deseaba que así como el múltiplo Luther Blissett había perfeccionado y evitado los errores del contexto-identidad Karen Eliot, esperaba que la convocatoria 2000-2001 hiciese lo propio con la de 1990-93. De esta forma la huelga negativa de los noventa se ligaba explícitamente a sus consecuencias como antes lo hiciese con sus precedentes, sugiriendo una interpretación dialéctica de las tres huelgas que es la que, desde una perspectiva exterior, me propongo aquí reseñar.

En una comunicación electrónica alguien definió a Luther Blissett como “no tantos y eso menos”. Esta definición hermética hacía referencia a la leyenda circulante de que Luther son “muchos artistas”. En efecto: el contexto-situación Luther Blissett, que en su origen se reclamó heredero del situacionismo para terminar desmarcándose de la ortodoxia situacionista, no se define ya como artista colectivo, ni siquiera negativamente, y busca su terreno de acción no tanto en el arte institucional como en los medios de comunicación de masas: la TV, la prensa (oficial y alternativa) o las redes electrónicas. Tampoco la convocatoria para el cambio de milenio ataca directamente a la institución artística, más que en la medida de su implicación y servidumbre a la “cadena de los espectáculos” (de ahí, tal vez, su definición como “huelga espectacular”). Del mismo modo que, en el terreno de la identidad, no se considera necesario insistir en una descomposición que se da ya realizada con el sistema espectacular, ni se reivindica la posición del artista ni se considera útil seguir atacándola en un momento en que “las propuestas artísticas más innovadoras cada vez tienen menos que ver con el circuito oficial de las artes y las más influyentes encuentran una potente aplicación en los dominios del espectáculo” (11). La idea que subyace a este planteamiento es la de que no tiene sentido seguir negando lo que ya está superado, a no ser que exista una pretensión última no declarada de seguir así sosteniendo lo que se niega.

Si la huelga de los noventa corresponde a la existencia de un circuito de creadores no profesionalizados que atentan contra la institución, la convocatoria para el cambio de milenio responde a la superación efectiva de la actividad creadora en la nuevas redes de comunicación y en el espectáculo publicitario. Con las nuevas tecnologías, el artista se ha convertido en el espectador de su propia obra, tal y como le aparece prescrita por la demanda mercantil. Por ello no se trata de una huelga de artistas, sino de “espectadores críticos conscientes”, y no de un parón en la producción, sino ante todo en el consumo. “Si al capitalismo en fase de construcción correspondieron las huelgas de producción como estrategias de lucha de clases, al capitalismo en fase de decadencia (post-capitalismo, sociedad de consumo) deberían corresponder más bien las huelgas de consumo” (12). Siguiendo el mismo juego dialéctico, la denegación de la producción estética vendría superada por la activación crítica del espectador, al que no se le pide ya que participe en la producción del espectáculo (un nuevo modo de alienación propiciado en las sociedades mediáticas al exacerbar viejas utopías de la vanguardia), sino que haga el mínimo esfuerzo de retirar la mirada. Se sabe que ésta denegación reproductiva del espectador no va a producirse de modo espontáneo, por lo que los convocantes hablan de una huelga activa; a lo que se apunta en última instancia es a “generar discursos desde diferentes ámbitos: desde las artes, la política, la economía, la vida cotidiana…(13)

Por ello también la Huelga de Arte se plantea como una posibilidad sin definir, ni en cuanto a sus objetivos ni en cuanto a sus propios resultados. Su planteamiento horizontal, al modo de una silueta que había que manipular, copiar y pasar según el modelo iniciado por Ray Johnson para los circuitos de mail-art, hace que el proyecto se plantee de modo abierto y absolutamente accesible para cualquiera. “Ya no existen planos absolutos de realidad: a lo sumo se dan, y esto porque es el ‘problema’ lo que quiere globalizarse, movimientos aglutinantes, causas comunes, diferentes problemas personales dentro de un mismo marco político.” Si el concepto lanzado por Praxis se dejaba leer como una desviación “postmoderna” del sentido de los conceptos originales separados, la convocatoria del 2000-2001 debe entenderse como una disolución “transmoderna” de todas las antiguas distinciones. Ni la identidad fragmentada, ni el artista reducido a la servidumbre del sistema capitalista se oponen ya a los avances de la plena disolución de las fronteras en una “forma única” que reduce todas las diferencias. Y ya no es cuestión de fomentar esta disolución, sino de enfrentarla.

He eludido hacer aquí mención de iniciativas históricas puntuales en las que los artistas se expresaron mediante la huelga para enfrentar un problema concreto, tales como la Huelga de Arte de Nueva York contra la Guerra de Vietnam y contra el Racismo (1970) o el rechazo de los artistas polacos a exponer sus trabajos en galerías estatales durante la ley marcial (14). En estos casos limitados a períodos de tiempo bastante cortos se conseguía una participación notoria, sin que en cualquier caso se reclamase a través de ellas un replanteamiento global de la cultura, sino sólo una intervención contingente sobre ella. Me he ceñido en esta interpretación a tratar de componer un relato unificado de las tres convocatorias globales de Huelga de Arte lanzadas hasta la fecha como derivaciones de una misma idea en proceso. Los resultados o posibles nuevas emergencias a que pueda dar lugar es algo todavía no teorizable que habrá de definirse en la práctica de l@s activistas.

NOTAS

(3) En el catálogo El arte en la sociedad / La sociedad en el arte (ICA, Londres, 1974)
(4) Recuérdese las ideas de W. Benjamin al respecto en La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica.
(5) "Las huelgas de arte", en P.O.Box, # 27, Barcelona, Merz Mail, 1997, traducción de Yolanda Pérez Herreras de Neoismo, Plagiarismo y Praxis, Edinburgh & San Francisco, AK Press, 1995.
(6) "Sobre la huelga de arte 1990-93. Karen Eliot entrevistada por Scott McLeod" (1989), P.O.Box # 27.
(7). Op. Cit. Trad. De Yolanda Pérez Herreras, en "Derribar la cultura formal", ANNA # 2, Barcelona, Factoría Merz Mail, 2000-1.
(8) Id.
(9) Op. Cit.: "La Huelga de Arte 1990-93".
(10) "Stewart Home entrevistado por Fabio Zucchella", Pulp Libri # 3, Roma, sept-oct 1996, traducción del inglés de Industrias Mikuerpo recogida en Amano # 6.
(11) Luther Blissett: “Por una huelga espectacular”, en Amano, # 8, Madrid, Industrias Mikuerpo, 1997.
(12) Id.
(13) Id.
(14) Folleto anónimo Art Strike, apdo. 9326, Barcelona 08080 / apdo. 36455, Madrid 28080.


viernes, 18 de junio de 2010

Manifiesto Neumerz

por Victor Zygonov

Dado que la sociedad sigue desarrollando un tránsito por todas las civilizaciones, será necesario e inevitable un revival total del dadaísmo. Esta viene a ser la actitud de NEUMERZ.

A pesar de ello, no basta un revival completo. ¡No está todo dicho! Es crucial que Dadá en cuanto Dadá sea llevado hasta la conclusión de Dadá. Esto es NEUMERZ. La nueva actitud no consiste en "merz" sacada del material impreso. Es mucho más que "merz". ¡Es NEUMERZ! Es el uso no restringido del dadaísmo a todos los niveles y en todas sus formas.

La actividad desde planos separados es un concepto que debe ser borrado del pensamiento dadaísta. Uno de los mayores errores de los antiguos pensadores dadaístas fue creer que el dadaísmo era, de alguna manera, un movimiento artístico. Por supuesto, esta noción fue causa de la formación de facciones rivales dentro del dadaísmo. La sociedad como un todo no opera sobre estos planos. Cierto, dentro de la sociedad se pueden identificar, o intentar identificar clases sociales, instituciones, líderes, etc... pero todos ellos son sociedad. Llevan la sociedad dentro y son llevados por ella. Perder el tiempo mirando cada publicación, obra de arte o movimiento individual es absurdo.

No es un secreto que los lenguajes del mundo industrializado, como los de Europa Occidental, América del Norte o Japón, son lenguajes que surgen de circunstancias medievales o feudales. Es por esta razón que son obsoletos e inadecuados para el uso del hombre moderno. El mundo industrializado ha tratado de esquivar este problema de muchas maneras.

El método más popular ha sido la adaptación. Mediante este método la sociedad trata de injertar palabras preexistentes o partes de palabras para describir la nueva tecnología. Por ejemplo: auto + móvil = automóvil. Eventualmente la palabra llega a reducirse a "auto". Así, una palabra creada para describir el movimiento se convierte en el nombre de una máquina. Pueden encontrarse miles de ejemplos en cualquier lengua de cualquier nación industrializada.

El método utilizado por la ciencia ha sido diferente. Los científicos modernos han tratado de agarrarse a un lenguaje universal. Desde este método, todo es dado "científicamente", etiqueta que cualquier científico de cualquier parte del mundo puede utilizar como identificación. Desgraciadamente este lenguaje es el latín, un lenguaje aún más viejo que los otros y por tanto mucho más inadecuado y fuera de lugar.

Pero ¿por qué deben los dadaístas examinar el lenguaje cuando todo lenguaje es sólo un elemento de civilización? La respuesta es clara. Los dadaístas deben confiar al lenguaje la comunicación. Esto no es una elección, sino un hecho de la vida. Esto obviamente no indica que los dadaístas deban, de ninguna manera, estar de acuerdo con las reglas establecidas del lenguaje "propio" que sostienen los imbéciles de los sistemas educativos de las sociedades modernas. El lenguaje muestra variaciones tremendas entre países y entre naciones. El diccionario de los Estados Unidos no es el mismo que el de Inglaterra. Un diccionario francés no es igual que otro belga. Cualquier idea de lenguaje o escritura propios o correctos es un sinsentido. En lugar de ello los dadaístas deben buscar caminos para escribir de una manera rápida y fácil. Los dadaístas deben sentirse libres para inventar nuevas palabras, usar sintaxis y formas no convencionales e ignorar las restrucciones del pasado. Si escribes, por ejemplo, a alguien que se llama Elen, escribe sólo LN. Abandonar cualquier título que la gente pueda apropiarse. Llamar a las figuras de autoridad por sus nombres propios. En la medida en que la persona con la que hables te haya entendido, la comunicación se ha producido.

Pero ¿qué es exactamente Dadá? En primer lugar se necesita una clara definición de Dada para destruir la falsa imagen de Dadá creada por el así llamado "mundo del arte". El dadaísmo tiene sencillamente muy poco que ver con el arte. Dada y el dadaísmo es una actitud, un modo de vida en abierta oposición con todo. Todos los valores, morales, violencias, invenciones y elementos de la sociedad están contra Dada. Para los dadaístas no existe una escala para juzgar la sociedad en términos de bueno o malo. Si existen elementos malos, entonces la sociedad entera es una farsa. Lo malo se define como algo antihumano. La palabra antihumano no debe confundirse con inhumano. Antihumanos son los principios que ha desarrollado la sociedad. En toda sociedad que haya habido sobre la tierra han existido elementos antihumanos. Toda sociedad sostiene un ejército. Toda sociedad ha participado en la guerra. En toda sociedad ha muerto alguien violentamente. Estos hechos hacen irrelevantes todas las invenciones y "progresos" de la sociedad. ¡LOS MUERTOS NO CONDUCEN COCHES! La modernización que guía a la sociedad no es más que la pérdida deliberada de la vida humana.

En el campo del arte, el dadaísmo es el concepto de antiarte. Todo el arte que se ve es sólo el producto de la sociedad que lo ha creado. Porque el dadaísta está en contra de toda sociedad, lo está en contra de la sociedad que lo produce como algo bueno.


Traducción de Industrias Mikuerpo publicada en el boletín
ANNA # 2 (1998).

miércoles, 14 de abril de 2010

Chocar, dispersarse, converger

Producción cultural distribuida en la era del capitalismo cognitivo


por Kamen Nedev
waitingforcargo.net

Interlogo del libro recién aparecido Industrias Mikuerpo. Un proyecto de gestión cultural independiente (1994-1999). Escrito en noviembre y diciembre de 2008 para esta edición. Este texto está bajo licencia Creative Commons 2.5 Reconocimiento - Sin obras derivadas

* * *
"Algunos años más tarde, el artista postal norteamericano David Zack propuso "Monty Cantsin" como nombre de la primera "estrella de pop abierta", un nombre que cualquiera pudiera emplear. Las disputas entre las distintas facciones que utilizaban este nombre desembocaron en la rivalidad entre los respectivos bandos de "No Cantsin" y de "Karen Eliot", dos nombres que emergieron a mediados de los ochenta. Algunos individuos y grupos han originado, de manera independiente, conceptos similares. Por ejemplo, un grupo organizado alrededor de Sam Durrant en Boston propuso "Bob Jones" como identidad múltiple... Ha habido nombres múltiples para revistas ("Smile", que comenzó su andadura en Inglaterra en 1984), y grupos de rock ("White Colours", que apareció en 1982)." [1]

"El origen de los nombres múltiples se pierde en la oscuridad de la Historia, y remite a prácticas religiosas y mágicas antiguas. Ya el nombre más antiguo y más vivo de estos nombres demuestra este principio con toda claridad: todas son desde siempre Buda. La participación en esta persona colectiva está mediatizada por la participación en una práctica: "Al realizar la práctica de Buda, sois como Buda. Veis con los mismos ojos, escucháis con los mismos oídos y habláis con la misma boca. No hay la más mínima diferencia." [2]

Caso 1


En enero de 1995, el programa televisivo "Chi li a visti?" de la RAI recibe una llamada desde Londres, en la que un individuo expresa su preocupación por la desaparición de su pariente Harry Kipper, artista conceptual cuyo último paradero conocido había sido Italia. El artista había estado realizando un obra que implicaba recorrer Europa siguiendo un trayecto que trazara las letras "A", "R" y "T" sobre el mapa del continente. A punto de completar la "T", y ya en suelo italiano, el artista había desaparecido en algún lugar cercano a Milán. El programa lanza su investigación, llegando a enviar un corresponsal para entrevistarse con la familia de Kipper en Londres. Poco después, se desvela que Harry Kipper nunca había existido, y que todo había sido un montaje de un extraño personaje llamado Luther Blissett. [3]

Caso 2

Un día de verano de 1995, dos coches chocan en la Camden High Street de Londres, justo en el cruce frente a la estación de metro. Los propietarios salen de los coches, furiosos, empuñando bates de béisbol. Justo cuando parece que la cosa se va a poner seria, en lugar de atacarse unos a otros, empiezan a destrozar los automóviles. El alboroto paraliza la calle, en algún lugar alguien descarga y arranca un sound-system, y empieza una rave multitudinaria que mantendrá la calle ocupada durante el resto del día. Es la primera "Street Party" de Reclaim the Streets!, un movimiento por la defensa y re-apropiación de los espacios públicos que ya se había hecho notorio con sus ingeniosas tácticas de protesta contra la construcción de autovías de circunvalación como la M11, y que estaría volviendo locas a las fuerzas de seguridad en los próximos años con sus repentinas, espontáneas y descentralizadas fiestas por Londres y por otras ciudades. [4]

Caso 3

En noviembre de 1999, las fuerzas de seguridad encargadas de velar por el tranquilo desarrollo de la Cumbre de la Organización del Comercio Mundial en la ciudad de Seattle se vieron desbordadas por algo inusitado. Los esperados grupos de manifestantes presentaron un comportamiento nunca visto antes, coordinando sus movimientos y desplazamientos por el centro de Seattle, despistando las unidades de antidisturbios y ocupando lugares clave, consiguiendo así paralizar el tráfico en todo el centro, sitiar eficazmente el centro de convenciones, y dar lugar a una situación de caos total que duró casi cinco días. Nadie nunca había visto una agrupación de colectivos tan dispar - desde grupos católicos y hasta grupos anarquistas de acción directa - proceder de forma tan organizada y, a la vez, tan descentralizada. Al parecer, buena parte de las actividades de la protesta no se limitaban al espacio urbano - los internautas que visitaban la página web gatt.org se topaban con una página "oficial" del Foro del Comercio Mundial que a su vez los redirigía a las webs de los distintos grupos de la Red de Resistencia Global que se encontraban en Seattle. [5]

Caso 4

La red había pasado ya de ser un canal de comunicación a convertirse en un espacio de intervención directa. Poco después de Seattle, y coincidiendo con la campaña comercial navideña, el grupo de activistas Rtmark (aparentemente, los responsables de gatt.org) convocaban a todos los colectivos e individuos a una "sentada digital" contra la página web de la empresa de venta de juguetes norteamericana Etoy. La razón había sido la violenta acción de la empresa contra el colectivo de net.artistas austriaco Etoys.org, a quienes habían pretendido "echar" de su dominio en línea para evitar confusiones de marca comercial. La acción que proponían Rtmark era algo completamente inocente - se trataba de visitar, varias veces al día, la página de la tienda online de Etoys. La acción tuvo un efecto devastador, colapsando el servidor de la compañía y causándole enormes pérdidas en ventas, por no hablar de los daños de imagen y reputación que sufrió la compañía. [6]


Tanto si uno es miembro de una patrulla de antidisturbios de Seattle, un alto ejecutivo en una gran empresa norteamericana (Etoys, por ejemplo), o de un gran grupo editorial (pongamos, por ejemplo, de Mondadori) un presentador televisivo italiano, un galerista londinense, un periodista español en la inauguración de ARCO 2000, o un mero observador/consumidor cultural, la segunda mitad de la década de los 90 era testigo de ciertas maniobras en el campo de la cultura y el activismo político más comprometidos que presentaban unos rasgos y unas características a las que era difícil establecer antecedentes.

Era evidente que la popularización y masificación del uso de la Red había dado sus frutos en unos patrones de comunicación, actividad y práctica cultural descentralizadas que resultaban difíciles de visualizar y entender, tanto para sus practicantes como para sus observadores. Por una parte, era evidente que tanto las prácticas en sí como su comprensión necesitaban, a la fuerza, apoyarse en una multitud de campos de conocimiento social distintos. Como bien apuntaban el CAE en "Observations on Collective Cultural Action" [7], los retos para el productor cultural actual son tantos, que la práctica colectiva se hace ya no tanto deseable, sino necesaria. Por otro lado, también resultaba evidente que ninguna disciplina estanca de conocimiento heredada del siglo que estaba a punto de terminar podía explicar a fondo unos fenómenos en los que la producción cultural y la acción social parecían funcionar con una capacidad de simbiosis que amenazaban con cumplir los manifiestos de la vanguardia histórica.


La Red Eterna

Lo cierto es que, al menos en el campo de la cultura, sí podemos dar con una serie de antecedentes de la Red -llamémoslas "intuiciones"- y prácticas concretas que ya planteaban, de muchas maneras, los principales dispositivos de trabajo cultural distribuido que vemos a finales de los 90. Se trata de unas intuiciones de una "Red" que se anticipan mucho a la masificación de las redes telemáticas que hemos visto en las dos últimas décadas.

En primer lugar, quizás, pondríamos la noción de "red eterna" de Robert Filliou.[8] Su visión era, claramente, una intuición histórico-artística que dejaba atrás toda noción de linearidad narrativa y de avance "vanguardista" - presentaba una imagen del campo de la producción cultural como una infinita red en la que cada productor era el nodo central de su propia red de nodos, y en la que nadie podía saber realmente quién era más "avanzado" que los demás. El artista no avanzaba - lo hacía toda la Red. Los artistas podían nacer o morir, producir arte o dejar de hacerlo - pero la Red es eterna.

No se puede obviar aquí el inevitable efecto de los drásticos cambios en la producción cultural en general y en el campo de la alta cultura en particular en esta enunciación, y también su énfasis en lo permanente de la producción cultural - o la "fiesta permanente", que era el término que empleaba Filliou -. Por una parte, se puede notar un intento por dar con una metodología que, de alguna manera, dejara atrás los modelos histórico-artísticos tradicionales y proporcionara unas herramientas que permitieran una comprensión de una práctica que había cambiado drásticamente en aquella década de los 60. Al fin y al cabo, la Internacional Situacionista, quizás el último grito de la vanguardia histórica en tanto que propugnaba un cambio socio-cultural total en su superación del arte y de la alta cultura, había dejado detrás una tierra quemada que requería un cambio de paradigma.

Por otra parte, estas prácticas situadas en un campo expandido que superaba con creces los modelos de recepción, interpretación y de circulación mercantil de los modelos heredados de la posguerra se estaban desarrollando en respuesta directa a una transformación en los modos de producción que todavía no somos capaces de comprender en toda su extensión. El modelo de producción industrial tradicional, basado en un sistema de oferta y demanda taylorista heredado del siglo anterior, y que había visto su culminación en el desarrollismo que permitió la reconstrucción de la Posguerra, se estaba viendo desplazado por un nuevo modo de producción, en el que el sistema fordista se veía suplantado por la predominancia de la producción de capital simbólico.

Este modo de producción inmaterial, como lo denomina Maurizio Lazzarato [9], no solamente abarca todas las facetas de la vida social del sujeto, sino que, además, encuentra su principal motor precisamente en los actos de comunicación y circulación cognitiva en la sociedad. No en vano, Lazzarato ve el proceso de producción social como algo centrado en la comunicación, y lo denomina "producción social" [10]. Se trata de un sistema de producción en el que la mercancía principal - los conocimientos y el valor simbólico - se valorizan no en base a su escasez, sino en función de su circulación social. Las implicaciones de esta transformación para el nuevo mapa de relaciones de producción (y, por tanto, para los conflictos políticos relacionados con este nuevo capitalismo cognitivo) [11] serían el objeto de otro estudio, pero resulta fácil intuir que Filliou estaba buscando un modelo que pudiera explicar las condiciones de la producción cultural en este nuevo contexto.

Quizás el área de producción artística que mejor ejemplifica e incorpora la visión de la "red eterna" de Filliou - y que, de paso, ha permitido desarrollar y promover la casi totalidad de dispositivos y tácticas de producción cultural distribuida entre las décadas de los 60 y los 90 del siglo pasado - sea la del arte postal.

Convencionalmente, los inicios del arte postal se vinculan a la red de correspondencia postal que inició el artista norteamericano Ray Johnson en 1962.[12] En principio, esta red abarcaba solamente un reducido grupo de amigos y conocidos del artista, pero poco a poco fue creciendo y expandiéndose, hasta pasar a convertirse en un modo de trabajo muy extendido en el ámbito artístico de la época, sobre todo en áreas donde la relación entre producción cultural y medios de masas era más acentuada, como por ejemplo en el caso de los artistas de Fluxus.

En esencia, el arte postal se limita a una correspondencia creativa entre artistas, que tiene lugar a través de un canal de comunicación accesible y común, como lo es el servicio público de correos. Pero es precisamente este énfasis en el acto comunicativo el que distinguirá esta práctica, tanto desde una perspectiva formal como desde una perspectiva estructural.

Formalmente, el arte postal presenta un problema insuperable a la hora de su recepción - la única forma de "presenciarlo" es participar activamente en el proceso de correspondencia. Como suele ocurrir con cualquier correspondencia epistolar, es casi imposible aprehender una correspondencia de esta clase en su totalidad. La calidad formal en el arte postal no está en la pieza individual, sino en la cualidad específica del diálogo establecido entre uno o varios artistas/nodos en una red de correspondencia distribuida.

Desde una perspectiva estructural, el arte postal se podría interpretar como un temprano caso de media art - una práctica artística que está ontológicamente definida por su medio de transmisión; una característica que heredó, a mediados de los noventa, el net.art, si bien en este caso el medio en sí eran las incipientes redes telemáticas.

Ambos factores - su dependencia a un medio de comunicación concreto, y una recepción imposible de desvincular del propio proceso productivo - han hecho que el arte postal se haya mantenido, desde su aparición en la década de los 60 hasta su relativo declive a finales de los 90, como un punto ciego, siempre debajo del radar de las instituciones museísticas. A la esperada resistencia a admitir en el canon oficial a una práctica cultural marginal y no-afirmativa se suma la práctica imposibilidad de presentarla en un contexto expositivo tradicional.

Quizás el mejor ejemplo de ello sea el seminal proyecto "Omaha Flow Systems" diseñado por el artista Fluxus Ken Friedman en 1972.[13] Lo que se había propuesto Friedman era precisamente superar el desafío imposible de comisariar una "exposición" de arte postal; y la única solución con la que dio fue lanzar una convocatoria que "desviara" parte del flujo permanente de correspondencia postal hacia las salas expositivas del museo. No se trataba de "exponer" el fenómeno sino, simplemente, de ofrecer una instantánea, un determinado momento de la constante actividad de una red que, por sus propias características, estaba destinada a permanecer ajena a este entorno de recepción.

Y resulta revelador que, mientras Filliou y Friedman articulaban sus modelos de pensamiento referentes a estos nuevos modos de producción cultural distribuida, las redes telemáticas ya existían. Y, si bien nadie fuera del ejército y, poco más tarde, de los círculos académicos tuvieran acceso a ella, ARPANET, la red de información del sistema de Defensa de los Estados Unidos, se inaugura en 1968 - lo que ellos intuían ya tenía una presencia tangible.[14]

Por otra parte, su inevitable marginalidad institucional obligaría a la red de arte postal a adoptar una serie de características y lenguajes propios. Por un lado, su marcado rechazo al mercado y a las instituciones culturales tradicionales lo acercó a la contra-cultura de finales de los 60, y a ámbitos culturales como la escena de fanzines de la época.[15] Sus propias características de red de producción distribuida le impulsarían, a su vez, a experimentar con una serie de dispositivos y tácticas de trabajo que se revelarían como fundamentales en el campo de la producción cultural no-afirmativa de tres décadas más tarde.

El propio proceso de correspondencia llevaría a la adopción de técnicas como el reciclaje, el collage, la re-apropiación y el plagio, algo que daría lugar a una cultura de circulación libre de conocimientos y contenidos violentamente opuesta a cualquier noción de propiedad intelectual. Esta noción de libre circulación también se aplicaría a la accesibilidad de la propia red; de una manera muy cercana a la noción de producción post-fordista, los criterios de calidad estética adoptan un segundo lugar ante la necesidad de añadir nuevos nodos en la red y extender y acelerar su circulación.

El marcado tono irónico de buena parte de la producción del arte postal conllevaría, por otro lado, el uso de elementos de reproducción en serie, así como la sarcástica adopción de sellos, insignias, y nombres de instituciones aparentemente importantes.

Finalmente, a principios de los setenta, la creciente consciencia de sus propio modo de producción había llevado a un serio cuestionamiento del autor-individuo como fuente de producción. Al ya usual uso de seudónimos se añadió una creciente experimentación con formas de autoría distribuida.

Hacia 1974, el artista postal Dave Zack, auténtica leyenda de la contracultura norteamericana de la época, bromeó con la idea de crear una "estrella de pop abierta", un personaje que cualquiera pudiera adoptar a su gusto, como una especie de identidad nómada abierta. Lo bautizó "Monty Cantsin" [16], y lo lanzó a la Red de arte postal como una identidad múltiple y abierta.


Herejías


El testigo lanzado por Zack fue recogido, unos años más tarde, por una peculiar agrupación de artistas marginales ubicados en el fértil ambiente cultural de Québéc, en Canadá. Se trataba del grupo Neoísta [17], un movimiento que se había propuesto emplear la reducción al absurdo como una táctica subversiva contra el establishment cultural. El propio nombre del movimiento - una conjunción de un prefijo y un sufijo que, sin nada por en medio, carecían de cualquier sentido - servía simultáneamente de definición y de declaración de intenciones del grupo. Sus prácticas incluían la organización de festivales que tendían a adoptar el formato de fiesta casera (los apartment festivals), y acciones intencionadamente aburridas, sin sentido, y ridículas. La metodología era de un vaciado de contenido total - puro nihilismo, apenas recubierto por una fina capa de ironía.

Sus prácticas, aunque limitadas a un ámbito cultural marginal, consiguieron llamar la atención de una serie de artistas y agitadores culturales de mediados de los años 80. Entre ellos se encontraba el británico Stewart Home, productor cultural polifacético (tan activo como escritor como con sus diversos grupos de "punk", al margen de sus actos de sabotaje cultural), y buen conocedor de las tácticas de la Internacional Situacionista, quien veía mucho potencial en el nihilismo de los Neoístas, y, sobre todo, en las posibilidades críticas del uso de los nombres múltiples como Monty Cantsin como un planteamiento de autoría distribuida.

Lo que plantea el uso de un nombre múltiple no es el anonimato - se trata de revelar el hecho de que la autoría es una construcción social, y que, de alguna manera, lo que Foucault llamaba "la función autor”[18] no es más que un dispositivo de limitación y control de la capacidad de producción de contenidos de un texto. Identificar el "autor" de una obra o un texto pone el énfasis en una cierta coherencia y un cierto cierre de posibles sentidos que es en esencia contrario a la proliferación de sentido que puede producir un texto. Plantear la autoría como algo de uso abierto, múltiple, genera un peculiar "cuerpo sin órganos" que desafía todas estas nociones de coherencia y desestabiliza el establecimiento de un discurso normativo.

Home desarrolló esto a través de un nombre múltiple nuevo - el de "Karen Eliot" - así como a través de una publicación, Smile, que se planteaba como una revista de arte "abierta": uno podía hacerse su propio número de Smile con tan sólo nombrar así su publicación.

Pero quizás la principal influencia del grupo Neoísta sobre Stewart Home fuera la de su nihilismo radical. Home trasladaría esto a lo que resultó ser su acto de sabotaje cultural más conocido - la Huelga de Arte 90-93.

Inspirado tanto por la retórica y las tácticas situacionistas como por los dispositivos heredados del arte postal que había aprendido de los Neoístas, Home recogió un texto histórico - la convocatoria de una huelga de arte que había lanzado Gustav Metzger en 1974 [19]- y la plagió palabra por palabra, cambiando únicamente las fechas y la firma.

Lo que había propuesto Metzger era una huelga de arte con todas las de la ley - una sincera llamada a los productores culturales a abandonar sus herramientas y a negarse a producir más artefactos culturales. Desde la perspectiva en la que nos encontramos, esta propuesta resulta inocente e ingenua en su optimismo. O, quizás, su ingenuidad resida precisamente en su convicción de que la producción cultural pudiera ser organizada de manera sindical como se suele hacer con otros ámbitos de producción social.

El acto de re-apropiación de Stewart Home introducía una serie de pequeñas modificaciones que, en cambio, trasladaban la propuesta directamente a la era post-fordista, reviviéndola y dándole un filo crítico de la que el "original" parecía carecer.

Por un lado, Home añadió una frase al enunciado original de Metzger: a la "negación de producir y hablar de arte", añadía la condición de "no comportarse de forma estética en la vida cotidiana". Se trataba de una modificación pequeña, pero que enlazaba perfectamente con el nihilismo radical de los Neoístas. La Huelga de Arte se planteaba así como una polarización de dos extremos imposibles: ni es posible organizar la práctica artística de forma sindical y por tanto llevar adelante una acción industrial organizada, ni es posible, por otra parte, llevar una vida cotidiana que no implique algún tipo de artificio y creatividad. La propuesta, por tanto, generaba un cortocircuito lógico que impedía tanto su rechazo como su aceptación a ciegas; la Huelga de Arte pasaba a operar, por tanto, como un dispositivo nihilista que sólo dejaba lugar a una reflexión que replanteara radicalmente todas nuestras nociones tradicionales sobre arte, cultura, y producción cultural.

Por otra parte, Home lanzó la convocatoria de un modo muy similar a cómo operaba la red de arte postal y los nombres múltiples - se trataba de una acción abierta que cualquier artista era invitado a llevar adelante, sin necesidad de coordinar ni centralizar ninguna parte de la operación. Se trataba de un caso de un tipo de acción (o de ausencia de acción) que puede resultar insignificante si la realiza un individuo solo, pero que crece exponencialmente si su realización se socializa y extiende.

Pero, sobre todo, Home era consciente de la importancia fundamental de la circulación mediática de la propuesta, por encima de su existencia real; sabía bien que, cara a los medios de comunicación, el ruido producido por una propuesta así era más importante que el hecho real de que un grupo de artistas se declararan "en huelga". Por tanto, aprovechó cualquier oportunidad de acceso a los medios de comunicación para publicitarla, llegando incluso de apropiarse de papel con membrete de importantes galerías e instituciones británicas para lanzar "notas de prensa". No dirigía su propuesta a los artistas - su objetivo eran los medios; no buscaba convocar una huelga de arte real, sino conjurar el simulacro de una huelga de arte con suficiente capacidad para provocar un seísmo en los medios de comunicación.

Esto último lo situaba lejos ya del ámbito marginal de los Neoístas, y le permitía efectuar el paso de las redes de arte postal al más amplio campo de los medios de comunicación, esta vez entendidos no como un canal de comunicación, sino como espacio y materia prima por derecho propio de la producción cultural.


Canciones del bosque

Pero quizás el mérito de sacar estos dispositivos de acción, producción y autoría distribuidas del ámbito del arte marginal y llevarlos al campo de los media y del activismo político le corresponda a otra iniciativa, surgida a principios de los 90 en la ciudad italiana de Bolonia.

Un colectivo difuso de personas provenientes del ámbito okupa de la ciudad y embebidos de los planteamientos políticos del post-operaismo italiano, partían de una clara consciencia de la necesidad de una producción cultural propia, y del ámbito cultural como el lugar privilegiado para la subjetivación y la articulación de voluntad política. Lo que los distinguía de los casos que hemos visto más arriba es su desdén total hacia la alta cultura y el ámbito del arte contemporáneo, así como su clara consciencia de que la producción cultural tiene que operar en el campo mediático y tener el mayor alcance y la mayor circulación posible.[20]

El colectivo adoptó el nombre múltiple de "Luther Blissett" - en realidad, el nombre de un jugador de fútbol de origen jamaicano que fue uno de los fichajes más desastrosos del F.C. Milan en los 80, y, desde los mismos inicios del proyecto, dirigió todas sus operaciones a los media.

Sus primeras intervenciones se movían en el ámbito de medios de comunicación autónomos o independientes - como lo sería, por ejemplo, la deriva psicogeográfica dirigida desde una radio autónoma y conocida como la "Luther Blissett Neoist Bus Action" en 1994. Pero el proyecto llegaría a cierta notoriedad (y, por tanto, en términos mediáticos, a cierta eficacia), con su sabotaje mediático al programa "Chi li a visti?" del canal televisivo RAI. En aquella ocasión, y bajo el argumento de protestar contra el papel represivo de programas de esta clase (el equivalente italiano de aquel "¿Quién sabe dónde?" que presentaba en España en inefable Paco Lobatón), consiguieron convencer al equipo del programa de la supuesta desaparición del artista conceptual inglés "Harry Kipper". (El pariente de Harry Kipper que había llamado al programa y que habló con sus corresponsales en Londres no era otro que el propio Stewart Home).

La fama adquirida tras aquel sabotaje puso el misterioso personaje en el punto de mira de los medios mayoritarios, y esto no tardó en dar frutos. La editorial Mondadori, ansiosa por hacerse con productos editoriales relacionados con la incipiente cultura telemática, intentó infiltrarse en la red del "Luther Blissett Project", y conseguir una serie de textos libres de copyright que editar. Lo "consiguió", y la supuesta publicación, con el poco creíble título de Net.generation, hasta llegó a publicarse, pero su salida al mercado se vio mermada por un comunicado de Luther Blissett, ampliamente difundido, que dejaba claro que el contenido de la publicación no eran más que un conjunto de patrañas tecno-utópicas que ellos le habían "colado" a la editorial.[21]

Pero ya estamos a mediados de los años 90 del siglo pasado, y en ese momento el uso de las redes telemáticas ya hace tiempo que ha salido de los templos académicos y se ha extendido por todas las capas de las sociedades occidentales. Mientras una avalancha de puntocoms dan palos de ciego buscando formas de rentabilizar el invento, toda una amalgama de artistas, productores culturales, colectivos sociales e individuos descubren en Internet una herramienta de comunicación, cohesión, coordinación y práctica que tienen un efecto empoderador inusitado.

La coordinación y acción descentralizada necesarias para que un movimiento como Reclaim the Streets! pasen de sus tácticas de defensa y resistencia a la construcción de carreteras a las street parties descentralizadas e inclusivas que volverían patas arriba la ciudad de Londres entre 1995 y 1998 sólo se puede dar a través de las redes telemáticas. Y lo que las fuerzas de seguridad en Seattle en 1999 no podían esperar era que los dispares colectivos que acudían a protestar contra la Cumbre de la O.M.C. iban a operar no solamente de manera consensuada, sino que coordinarían a la perfección todos sus movimientos.

Estos fenómenos sólo eran posibles a través de las redes telemáticas entendidas no tanto como medio de comunicación, sino como un espacio público por derecho propio - el verdadero lugar de organización y dirección de las acciones de intervención directa.

Pero esta red mostraba algo más que voluntad política - también se estaban trazando ciertos rasgos de una cultura propia, una cultura basada, en gran medida, en los dispositivos de producción cultural distribuida ensayadas en el ámbito del arte postal de dos décadas atrás. No en vano, Luther Blissett prácticamente viviría en las listas de correo y foros en línea - y pasaría a convertirse en un importante elemento de mitopoiesis y seña de identidad de estas comunidades en red.

Cómo no, a partir de un cierto momento, se empieza a hablar a un arte propio de esta red - el denominado net.art - que, efectivamente, comparte más rasgos con el arte postal de dos décadas atrás que con el arte multimedia con el que se ve obligado, a regañadientes a compartir programas expositivos y eventos artísticos.[22]

El propio activismo en red gana visibilidad y amplia su vocabulario de tácticas a través de las acciones de Rtmark, que demuestran que, en el ámbito de la red, gana el más ágil y el más rápido, no el más grande y más poderoso.

Es, en resumidas cuentas, como si un inmenso número de agentes sociales y productores culturales descubrieran, de golpe, la Red que siempre habían estado buscando. Y la aceleración de comunicación y prácticas distribuidas a las que llevó esto de mediados a finales de la última década del siglo pasado dio lugar a actos y fenómenos que, como suele ser el caso con los medios recién-nacidos, tienen un grado de experimentación que difícilmente se podrían repetir en un futuro.

Quizás el caso de la toma de contacto de agentes culturales españoles (como el de Industrias Mikuerpo o Merz Mail) con el Luther Blissett Project sea un buen ejemplo de esto último. El contacto con la iniciativa parece tener lugar simultáneamente en las redes de arte postal y las redes telemáticas - pero la confabulación y la ampliación de la red son inmediatas. A fin de cuentas, la noción de "resistencia vírica" de Industrias Mikuerpo era exactamente la táctica que implica el uso de nombres múltiples y prácticas distribuidas que habían estado promoviendo Stewart Home y Luther Blissett - lo único que había faltado eran los lazos para unir los nodos de la red.


Hachas de guerra

Siempre que se habla de la última mitad de los 90, se ha convertido en una convención el situar el punto final de todas aquellas prácticas (políticas, culturales o artísticas) en los acontecimientos que tuvieron lugar tras el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Ciertamente, nuestra generación no ha presenciado nunca un momento que marcara tan claramente un "antes" y un "después", tanto en términos geopolíticos como en términos de libertad de acción e interlocución política.

Pero, ciertamente, la avalancha de movimientos-en-red ya había mostrado bastantes señales de mala salud mucho antes de aquella fatídica fecha. La última gran "street party" de Reclaim the Streets! el 18 de julio de 1998 en Londres pasó de una gran fiesta inclusiva y distribuida a convertirse en un caos de violencia y vandalismo, obligando a los impulsores de la iniciativa a desistir de estas prácticas para siempre. El modelo de acción coordinada entre una inmensa diversidad de colectivos y grupos de activistas que cogió desprevenida a la policía en Seattle apenas se sostuvo en la Cumbre de Praga en el 2000. A altura de la Cumbre de Génova, el fracaso de la Red de Resistencia Global al Capitalismo no necesitaba la brutal represión policial para hacerse patente - la descentralización había llevado a tal caos de saturación que ya nadie tenía control sobre los acontecimientos.

Y el propio Luther Blissett Project terminó siendo víctima de la sobre-identificación, un efecto nefasto que ha terminado "asesinando" a todos los heterónimos distribuidos: la progresiva identificación de un grupo de personas cada vez más reducido o un individuo concreto con el nombre múltiple. En el caso que nos ocupa, la "columna boloñesa" del proyecto, que lo había iniciado, se hacía cada vez más visible como el "núcleo duro" de una iniciativa que, precisamente, no podía admitir la noción de un "centro". Así, en 1999, tras cerrar los detalles de la publicación de la novela Q [23] con Mondadori, Luther Blissett anuncia su "sepukku", y la "columna boloñesa" da fin a su participación en el proyecto. Esto, y aunque el nombre múltiple se haya seguido usando, tuvo el doble efecto de matar el proyecto y, a la vez, de dejar "al aire" el resto de participantes en la iniciativa - incluida la "columna española".

Esto podría sonar como una forma muy pesimista de cerrar este relato. Pero un buen relato debería admitir más de un nivel de lectura. En cierta medida, el propio hecho de que sigamos hablando, a estas alturas, de iniciativas como Luther Blissett es ya de por sí una muestra de que su mito pervive a pesar de todo. Y precisamente la necesidad de crear un mito ha resultado ser tan importante como las propias acciones que se han realizado en su nombre. En este sentido, los flirteos y referencias a mitos populares y heterónimos de la época pre-industrial como el Coronel Ludd o el Pobre Konrad que aparecen una y otra vez tanto en los textos producidos por Luther Blissett como en los de Stewart Home e incluso en los archivos del Neoísmo quizás tengan más relevancia de la inmediatamente visible.

Y es bien probable que, durante el propio desarrollo de la iniciativa, sus progenitores se dieran cuenta de que el papel principal de Luther Blissett no era tanto ridiculizar tal o cual medio de comunicación o editorial, o burlarse de tal o cual filósofo o falso tecno-gurú, sino precisamente abrir la posibilidad de creación y divulgación de un mito, de una ficción colectiva empoderadora que sirviera e herramienta de subjetivación para una nueva comunidad.

No en vano la novela Q relata la existencia de un personaje principal fantasmal que parece tener la capacidad de atravesar libremente momentos históricos y ámbitos geográficos, dentro de una narrativa histórica aparentemente convencional que realmente traza una genealogía subversiva de las tácticas y dispositivos de resistencia política de la Edad Media tardía.

Este proceso - llamado "mitopoiésis" - se ha convertido en el objetivo principal de Wu Ming, [24] la iniciativa de los antiguos fundadores del "Luther Blissett Project" tras su abandono de aquel proyecto: "Las historias son hachas de guerra", dicen, como si reconociendo que el mito y el aura del personaje que habían creado ha superado tanto sus acciones como su capacidad de controlarlo.

Esto revela otra característica, más importante todavía, de este ámbito social ubicado en la Red: el de lugar de creación de narrativas y ficciones en común, la creación de mitos colectivos que las propias técnicas de articulación que se vislumbraron hace ya casi cuatro décadas permiten mantener en permanente estado de transformación e inestabilidad, lejos de cualquier cierre normativo.

Ahora sólo falta que alguien recoja el testigo y siga con el relato. Y lo más probable es que ya lo esté haciendo, y nosotros simplemente no sepamos de ello. Pero esto no es importante. La Red, como decía Filliou, es eterna.


NOTAS

[1] Stewart Home, Neoism, Plagiarism & Praxis, AK Press, Edinburgo, 1995.

[2] Luther Blissett, Sonja Brünzels, «¿Todos o nadie? Nombres múltiples, personas imaginarias, mitos colectivos,» en Blissett, L., Brünzels, S., Cómo acabar con el mal. Manual de guerrilla de la comunicación, Ed.Virus, Barcelona, 2000, pp. 40-42.

[3] Luther Blissett, Pánico en las redes, Literatura gris, Madrid, 2001.

[4] Javier Ruiz, «Reclaim the Streets!», Fuera de banda #8, Valencia, 2000.

[5] Las referencias y reflexiones sobre los acontecimientos en Seattle'99 son incontables. Una buena reflexión a posteriori se puede encontrar en Brian Holmes, «Network, Swarm, Microstructure», (http://www.nettime.org, 17 de abril de 2006).

[6] http://www.rtmark.com

[7] Critical Art Ensemble, «Observations on Collective Cultural Action», en Digital Resistance, Autonomedia/Semiotext(e), Nueva York, 2000, p. 59.

[8] Robert Filliou, El arte es lo que hace la vida más interesante que el arte, Ed. Inter, Québec, 2003, p. 32.

[9] Maurizio Lazzarato, «El “ciclo” de la producción inmaterial», en Contrapoder núm. 4/5 (originalmente en Derive Aprodi 4, primavera de 1994).

[10] Maurizio Lazzarato, op. cit.

[11] El relativo fracaso de todas las estructuras sindicales tradicionales, así como de todas las estructuras políticas verticales durante el tumultuoso Mayo del 68 francés quizás sea un buen indicativo de que el mapa de operaciones para la acción sindical no era el que se esperaba –al menos, buena parte del pensamiento y la acción social comprometida desde entonces así lo atestigua.

[12] Guy Bleus,«Un informe administrativo sobre arte postal», http://www.merzmail.net, recuperado el 15 de abril de 2008.

[13] Guy Bleus, op. cit.

[14] La mención de estos dos autores –Filliou y Friedman– no es en absoluto casual. En la opinión del que suscribe, pocos han sabido destilar y analizar tan detenidamente y tan eficazmente, salvando distancias, las complejas transformaciones en la producción artística de los años 60. Y muy pocos han sabido detectar y enunciar tan bien las verdaderas implicaciones de tendencias artísticas de la época como Fluxus o el arte postal. Quizás esto se deba a que, en ambos casos, se trata de individuos con una capacidad de observar la producción artística como algo inseparable de un cierto contexto social, cultural y económico; curiosamente,
ambos tuvieron formación de economistas.

[15] John Held, Jr. «Tres ensayos sobre arte postal», http://www.merzmail.net. Recuperado el 10 de abril de 2008.

[16] Esta elección de nombre ha tenido más de una interpretación. Por un lado, se considera un juego de palabras jocoso sobre «Monty Can't Sing» («Monty no sabe cantar»), aunque otras interpretaciones, más tardías, lo relacionan con «Monty Can't Sin» («Monty no puede pecar»), con una connotación clara hacia los anabaptistas y otros movimientos herejes de la época pre-industrial; una tradición en la que los practicantes de los nombres múltiples se mirarían más de una vez. Véase Stewart Home, op. cit, pero también Luther Blissett, Q, Mondadori, 1999, así como toda la sección «sin fecha» de los archivos del Luther Blissett Project en http://www.lutherblissett.net.

[17] http://www.neoism.org.

[18] Foucault, Michel, «What is an Author?», en Language, Counter-Memory, Practise: Selected Essays and Interviews, Nueva York, 1977.

[19] Gustav Metzger, en Brighton, A., Morris, L. (eds.), Towards Another Picture, Midland Group, Nottingham, 1977.

[20] En esto, su planteamiento se acerca peligrosamente a la formulación de «guerrilla semiológica» que había planteado Umberto Eco. Digo «peligrosamente» porque nunca han perdido oportunidad para expresar su crítica y rechazo a la figura de Eco; pero quizás detrás de este odio manifiesto se esconda un cierto respeto. Sobre la formulación de la «guerrilla semiológica», véase Umberto Eco, Über Gott und die Welt, 1985.

[21] Ciertamente, Luther Blissett proporcionó tantos golpes a la derecha como a la «izquierda» más acomodada. Un par de años más tarde le «colaron» un libro falso de Hakim Bey –quien siempre se enorgullecía de publicar sin copyright– a una editorial de izquierdas que había pretendido tener la exclusiva de sus textos. El resultado, Hakim Bey: A ruota libera, es, hoy en día, al igual que la citada Net.generation, una pieza de bibliofilia. También es cierto que quien ríe el último ríe mejor –el «suicidio» de Luther Blissett a finales de 1999 se debió, en parte, a la necesidad de cerrar un contrato editorial para la publicación de la exitosa novela Q nada menos que con Mondadori.

[22] «El arte en la red no es otra cosa que la documentación de arte que no ha sido creado en la red, [...] y, en términos de contenido, no establece ninguna relación con la red. [...] El arte.en.red [net.art] funciona sólo en la red y tiene la red o el 'netmyth' como tema [...] Un grupo o una persona diseñan un sistema que puede ser expandido por otras personas [...] los proyectos de arte.en.red sin la participación de personas externas son quizás conceptos interesantes, pero no se posicionan como creación colectiva en la red», Joachim Blank. «What is net.art?», 1996. En http://www.irational.org/cern/netart.txt. Recuperado el 08 de noviembre de 2008.

[23] Luther Blissett, Q, Mondadori, 1999.

[24] http://www.wumingfoundation.com.
Acción estética Acción postal Adolfo Marchena Aeron Bergman y Alejandra Salinas AIR Aitor Onaindía Al-Ma Alabastro Alan Turner Alberto Conderana Alejandro Thornton Amador Savater amanita Amano 0 Amano 1 Amano 2 Amano 3 Amano 4 Amano 5 Amano 6 Amano 7 Amano 8 Amano 9 ambos Ana Lucas Ana Ortega Andrés Morte Angela Serna Anki Toner ANNA ANO Antonio Cantarero Antonio Dantas Antonio Gómez Antonio Langoyo Antonio Nelos Antonio Orihuela Antonio Pérez-Cares Añino Archivo Situacionista Hispano Arte Correo Arte Marrón Arte por fotocopia Artesaldo Asger Jorn Asociacione Psicogeográfica de Bologna Barry Smylie Bartolomé Ferrando Basilio Rivero Bertold Brecht Bill Brown Blues Visto Bob Jones BOEK Buitre No Come Alpiste Bureau Of Public Secrets Carles Hac Mor Carlos Barona Carlos T. Mori Carmen Cámara CCPLNDVCTDE Cecilia Cruz Olivares César Figueiredo César Otero César Pesqueras César Reglero Chema de Francisco cine citas y referencias Clemente Padín Coe Col.lectiu Reçerca collage cómic e ilustración Coordinadora de artistas kontra el Arte Corpá Cristina R. Alcalá crítica cultural crítica social Cuadernos Itinerantes Damego Dana Crane Dave-Baptiste Chirot decolage Demon Lugman deriva Dirk Schwarze Domingo Mestre Dorian Ribas Marinho Dragan Zivancevic Dug Brent E. A. Graphix Edgar Prodeo Edgardo-Antonio Vigo El Bellotino de oro El Club de los Estetas Patéticos El Cosmonauta Eléctrico El Lissitzky el relato El Terrible Burgués Elena Cabrera Elisa Velasco Elvis Pérez Emerenciano Encuentros por la Humanidad y contra el Neoliberalismo Encyclopédie des Nuisances entrevistas Eugenio Castro Extraños con Linternas Fanzine Amano fanzines Fausto Grossi Fernando Aguiar Fernando García Delgado Fernando Márquez Fernando Martínez Fernando Millán fotografía Foucault Genealogía de la prensa marginal española Gil G. Wolman Giordano Genghini grafiti Grupo Redondo Grupo Surrealista de Madrid Gustav Metzger Guy Bleus Guy Debord Hakim Bey Hans Braumüller Huelga de arte Ibirico Inismo Internacional Situacionista J. Seafree Jean Terrosian Jesús Camarero John Bennett John Held Jr. Jorge Matamoros Jose Luis Campal José Luis Castillejo José Manuel Rojo José Manuel Vázquez Juan Angel Fernández García Juan Angel Sáiz Manrique Juan José Espinosa Vargas Julia Masvernat Kalvellido Kamen Nedev Karen Eliot Ken Knabb Kike Babas Kike Turrón Kiki de Noche Koldo Guinea komandos de acción kultural anónima (kks) La Compañía La Guerrilla La Más Bella La Voz de mi Madre Laboratorio Excéntrico Laura Baigorri Lautréamont Lesoj Literatura Gris Lluís Guiu Soler López de Ael Los Incontrolados Luis Navarro Luis Ruid Lusmore Luther Blissett Mabel Quiñones Macromassa Maite Barrera Maldeojo manifiestos Manuel Almeida e Sousa Manuel Portela Mari Luz Bermejo Merz Mail Miguel Amorós Miguel Guzmán Misola Dorela mitopoiesis Molero Prior Monty Cantsin muerte del arte Mumia Abu-Jamal Mundo Corvo música experimental Narradores de la red Nel Amaro Nelo Vilar neoísmo net art Nidia Palomo Nietzsche Nikolaus Marr No Copyright nombres múltiples Not Bored nuara nuevas tecnologías Obra/Abre Orfilia P. O. Box Paul Nougé Pedro Gonzalves Pere Foix Pere Sousa performance Phayum pintura plagiarismo poesía visual Poetas desenchufados Preiswert Arbeitskollegen Producciones Imposibles prospectos del Laboratorio psicogeografía radikales livres Raffaelle Gallucci Refractor Resistencia Vírica Ribota Richard Paget Robert Filliou Roger Sesan Sign'zine Silvia Díaz Chica Sotos Spencer Selby Stewart Home Stidna Timothy C. Mayo Tomás Caro TOTEM Traficantes de Sueños United Artists Of The Museum Vda. de Blissett Vicente Muñoz Victor Zygonov Vittore Baroni Von Beetfarmer DeBoring Vanaygum y Poe Vórtice Walter Benjamin Wilderness Wu Ming Yolanda Pérez Herreras zaj