Mostrando entradas con la etiqueta Acción estética. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Acción estética. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de marzo de 2011

El final


Tenemos que plantear interrogantes y escuchar lo que los mitos tienen que decirnos, tenemos que estudiarlos, buscarlos en su terreno, con humildad y respeto, sin tratar de capturarlos y llevarlos por la fuerza a nuestro mundo y a nuestro presente. Se trata de una peregrinación, no de un safari. (Wu Ming)

Sabíamos que no íbamos a proseguir más tiempo nuestra actividad bajo el sello “industrias mikuerpo”. Existían razones objetivas que así lo requerían, y otras de orden digamos interno. Un lustro es una duración adecuada para este tipo de iniciativas. Sin ir deprisa ni despacio (no fuimos despacio), da tiempo a recorrer el arco que va de la expectativa a la decadencia, de experimentar la euforia y la frustración, de establecer afectos poderosos y rencores impotentes. En un lustro cambia el mundo, y tu también cambias sensiblemente. Las trincheras se vuelven explosivas y dejas de querer morir. Aprovecha ese lustro.

La red utópica que habíamos querido ayudar a soñar existía ya bajo la determinación siempre insatisfactoria de lo real, y mikuerpo no había tenido otro sentido que soñarla. Era algo perfectamente consciente que asumíamos sin melancolía: ahora se trataba de habitarla en nuevos términos, contribuyendo a darle sentido. Lo que aún no nos habíamos planteado, por no considerarlo relevante, era la forma de efectuar esta transición. La palabra “disolución” evocaba para nosotros la imagen de un compuesto cristalino desprendiendo moléculas en un elemento líquido, sin rupturas, sin líneas de demarcación, sin despedidas. No habíamos pensado por ejemplo en un suicidio ritual al estilo del seppuku blissettiano, ni en un comunicado, ni en hacer “oficial” de ningún modo la desaparición de algo que ni había sido oficialmente ni iba a dejar de estar.

Y es que tampoco habíamos valorado la posibilidad de ser enredados, de caer en las redes que nosotros mismos habíamos tejido. El “salto a la red” se reveló como una metáfora inadecuada, en la medida en que, en el nuevo “ecosistema cultural”, las redes caían sobre nosotros, expuestos a su fascinación, y no amortiguaban nuestra caída. Era un salto al vacío, es decir sin precedentes, sin referentes, sin experiencia. Hoy sabemos que el solícito requerimiento para formar parte de la Red de Arte Independiente (AIR), compuesta por una serie de colectivos de todo el estado relacionados con la búsqueda de un nuevo concepto de práctica artística desde la “independencia”, no había entendido nuestra propuesta o no la había tomado en serio. En la medida en que la mayoría de estos colectivos lo que pretendían era seguir ocupando los espacios de la antigua práctica autónoma y poder, así, reclamar subvenciones y recursos públicos para solventar su independencia. En que no habían captado la fuerte resonancia que ciertas ideas estaban alcanzando en algunos movimientos sociales de base, y por ello seguían discutiendo sobre formas de gestión de su ámbito separado. En que, si eran conscientes de su dimensión política, la utilizaban para “hacer oposición” al servicio del progresismo estiloso y elitista, para lo cual se había abierto la veda y, según confesión privada de uno de ellos, “teníamos que darnos cuenta de que contra el actual gobierno todo vale”. Incluso nosotros, se sobreentendía.

Arte Independiente en Red era una comunidad cibernética desarrollada a partir de los encuentros de RedArte, lanzados a su vez en los Encuentros de Editores Independientes y Ediciones Alternativas que cada año se organizaban en Huelva, donde algún tiempo atrás prendieron estos debates y tuvieron un desarrollo muy similar, es decir, pusieron de manifiesto la heterogeneidad de los proyectos antes que la búsqueda de un espacio de acción común. En realidad esta red había sido lanzada, bajo una estructura más reticular que fractal, a partir del nodo central de Aleph, un proyecto privado “concertado” con apoyo institucional y aspiraciones de urbanizar el monte. Muchos de quienes declaraban combatir estas formas de gestión no pretendían sino a subirse al carro del “contratipo” de red y situarse en primera línea frente a la inminente reconfiguración del equilibrio político de fuerzas.

La primera conclusión que se saca del debate AIR es el desequilibrio que existe entre “los dos mundos” a favor del mundo de “fuera”. El debate on line iba a concentrarse en la denuncia del cese de Gloria Moure como directora del Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC), y de la “carga policial” contra los artistas que se manifestaron en protesta. De hecho pareciera que Brea intentaba utilizar este foro on line como instrumento en una lucha de fuerzas dentro del sistema de las artes en España en la que él estaba particularmente involucrado. Poco a poco fueron sofocadas las protestas de algunos de los miembros de la red AIR, a los que se unía Marcelo Expósito, ante la capitalización respecto al caso Moure de un debate que podía haber sido utilizado para denunciar los problemas genéricos del sistema de la cultura en España y del papel de las redes informacionales en la producción de alternativas. Industrias Mikuerpo, un grupo editor de fanzines de escasa ambición mediática, expresaba su desacuerdo radical ante la propuesta de movilización de AIR respecto al problema del CGAC […]. [Ello] junto con el acta de autodisolución del grupo, que se hacía coincidir con la manifiesta incompatibilidad de sus fines con los que Brea pretendía, pone en evidencia la distancia entre la red horizontal de pequeños grupos que empezaba a articularse en Internet, de vocación realmente alternativa, y las ambiciones y presencia en el mundo del arte intitucionalizado que buscaba Aleph. [Jesús Carrillo: “Aleph, la web como espacio de acción paralela”, caso de estudio para la exposición Desacuerdos. Sobre arte, políticas y esfera pública en el estado español, 2004].

Es cierto que nosotros mismos calificamos nuestra presencia en AIR como un “error de tod*s” antes de hacer mutis, en vano intento de disolver nuestros propios errores. Traspasada cierta línea no se es ya inocente, sino “culpable de inocencia”. Aceptamos incorporarnos en AIR a pesar de hallarnos en plena reconversión. Quisimos vivir desde dentro aquella experiencia, aunque estábamos convencidos de que un colectivo abierto y difuso como el que pretendíamos representar no tenía nada que hacer con los modos de gestionar el arte que allí se debatían. Nos apuntamos al contratipo a pesar de saber que lo era, por la pura fascinación de exponernos a él y aislar sus dinámicas en un campo concreto. Suponíamos que, en última instancia, no dejaba de ser un modo de infiltración, y cabía la posibilidad de generar alguna situación desde esa plataforma: proyectar la huelga de arte sobre el mundo profesional e institucional, por ejemplo, o simplemente aplicarse al ejercicio de desenmascarar sobre el terreno sus dinámicas. En el horizonte alumbraba incluso la posibilidad de obturar aquella red con pequeños colectivos como el nuestro reclamando espacio, voz y voto y exponiendo criterios insólitos, ya que si nos habían aceptado a nosotros tendrían que aceptar a muchos otros. No había ninguna pretensión de constituirse en punta de iceberg de un movimiento. No queríamos acabar como ejemplar representativo exhibido en una jaula, cuyas reacciones y opiniones pudieran extrapolarse a la del medio del que procedíamos y utilizarse así como comodín en las argumentaciones de unos u otros.

Sin la menor pena os comunicamos la disolución de las estructuras de intervención de industrias mikuerpo. [...] Este debate nos ha dado buenos motivos y un contexto inmejorable para precipitar esta disolución. Hemos alcanzado el punto máximo de tensión que un proyecto como éste podría generar sin romperse: no podíamos callarnos, ni podíamos hablar, ni podíamos ser más nosotr*s una vez "descubiertos". [...] Es por esta razón que planteamos como enunciado retórico en este debate nuestra propia disolución, a riesgo de tener que encajar algunas maldiciones que no podrían alcanzar ya su objetivo. […] El asunto ese del que habláis tiene, lo habéis puesto de manifiesto, un soporte mediático notable y no creo que necesite el apoyo de nuestros doscientos fanzines. Expusimos muy claramente nuestro concepto de red difusa de afinidades, recordadlo, y planteamos bastantes reservas respecto a la posibilidad de acciones comunes entre proyectos tan diferentes (nuestra carencia de infraestructura, nuestra falta de interés por ingresar en el circuito artístico, nuestro concepto de red...). Que ahora estemos aquí es un error de tod*s. [“Se acabó la función”, comunicado de disolución de industrias mikuerpo en el foro de debate sobre políticas artísticas de Aleph (www.aleph-arts.org), 15-II-1998].

El virus no se arrepiente de sus errores (no se adapta, no emigra), sino que muta o se pierde “como una lágrima en la lluvia”. Los recursos de mikuerpo fueron traspasados al Archivo Situacionista Hispano, que amplió sus contenidos hasta convertirse en un nodo de pensamiento antagonista en el que confluían todas las tendencias del movimiento antiglobalización, con una gestión distanciada y sin ánimo de arbitraje entre ellas. Se reforzó la línea iconoclasta y el pensamiento crítico. En torno al archivo se formó un equipo de colaboradores que dieron pie a numerosas iniciativas, como el Taller de lectura y debate sobre La sociedad del espectáculo llevado a cabo en la antigua sede de Traficantes de Sueños (Fundación Aurora Intermitente), verdadero momento de eclosión de esta “moda” que reunía semanalmente a un numeroso grupo de seguidores y activistas, y donde brillaba con sus animadas intervenciones el compañero Gero, que luego “nos dejaría” su afectivo recuerdo y su ejemplo; o como el efímero intento de actualización de la teoría crítica en clave “situ” llevado a cabo por la revista Maldeojo, más un círculo de debate que un colectivo con voz homogénea, compuesto en un primer momento por Jose Manuel Rojo (Grupo Surrealista), Amador Fernández (Apuntes del Subsuelo) y Luis Navarro (ASH), pero al que pronto se incorporaron Renaud Milhaud, que lanzó a través de ella la crítica antiindustrial luego retomada en Los Amigos de Ludd, Emanuel Rodríguez y Pablo Carmona, entre otros colaboradores. Nuestra proyección en Maldeojo conservaba poco del entusiasmo y el ingenuo encanto de Mikuerpo, lo que se pone de manifiesto por ejemplo en esta relectura del activismo estético escrita a la luz de su reapropiación espectacular, y muy lejos de las sombras cómplices de la acción anónima y clandestina.

viernes, 11 de febrero de 2011

Los modos de acción


/.../ poemas garabateados en los lavabos del juzgado, pequeños fetiches abandonados en parques y restaurantes, arte en fotocopias bajo el limpiaparabrisas de los coches aparcados, Consignas en Grandes Caracteres pegadas por las paredes de los patios de recreo, cartas anónimas enviadas a destinatarios conocidos o al azar (fraude postal), retransmisiones piratas de radio, cemento fresco. [Hakim Bey: “Terrorismo poético y sabotaje del arte”, en Acción directa sobre el arte y la cultura, radikales livres, 1997].

Desde los primeros números de Amano, se prestó una especial atención a la realización, documentación y difusión de lo que se dio en llamar “atentados estéticos”, como unos de los “modos de acción” preferentes. El atentado estético es una forma de irrumpir en el espacio público con mensajes que promueven la agitación, el descreimiento, la violencia psíquica. "Todo intento crítico de interacción con la red de significados puede interpretarse como un atentado estético contra los hilos institucionales que legitima y legitiman ese lenguaje". El # 1 de Amano incluía ya una acción de degollamiento simbólico de un Toro de Osborne situado junto a la carretera de Andalucía a la altura de El Pedernoso y el encadenamiento contrapublicitario de una modelo a un pene en diversos carteles de la línea 2 del Metro de Madrid, junto a otras acciones contrapublicitarias realizadas por ellos mismos o por otros, y abría una suerte de boletín en la revista para la reivindicación y la promoción de tales acciones.

Una de las formas de intervención sobre el espacio público a las que se prestó atención preferente en sus diversas manifestaciones, tanto desde el análisis teórico como desde la práctica, era el grafiti, al que había que rescatar del universo narcisista del pop y de las borracheras sabatinas para dotarlo de nuevo de sentido político y poético. Las pintadas marca mikuerpo se realizaban con plantilla según el modelo lanzado por Preiswert, procurando dejar chorreras para incorporar a la desidentificación un aire inquietante, urgente y gótico. En ocasiones eran un eslogan con varios niveles de lectura (“De la actualidad a la acción”), una constatación siniestra que nos deja flotando en el vacío de la realidad social (“El dinero no contiene energía”) o una descomposición de mensajes reconocibles que abría interpretaciones inquietantes (“No más de sal ojos”). Otras veces sirvieron simplemente para lanzar consignas de acción (“2000-1 Huelga de arte").


Otro tipo de acción practicado de forma anónima o no por Mikuerpo consistía en envíos postales dirigidos contra personas e instituciones, en la línea practicada en España por colectivos como Stidna! o los Fills Putatius de Miró. En ocasiones se trataba únicamente de dejar constancia de una protesta o un insulto, pero en otras se utilizó como un dispositivo pretendidamente desvelador de las dinámicas selectivas del sistema, como en el caso de la sección "Cartas al Director", realizada con escritos rechazados por esta sección de la prensa diaria.

Los textos enviados a esta sección deben haber sido rechazados en la sección de Cartas al Director de cualquier diario nacional, a pesar de cumplir los requisitos solicitados para su publicación. Con esta iniciativa, que pretende tener continuación en números sucesivos, se trata de poner en evidencia la doble moral de la prensa diaria "democrática" e "independiente", que se autoconciben como órganos de expresión de la sociedad civil, pero apenas reservan un espacio muy pequeño para atender las inquietudes de sus lectores. La sección de Cartas al Director no es sino una prolongación de las estrategias de contaminación ideológica en los mass-media, presentando como opinión pública lo que ha pasado un proceso de selección, abstracción y censura". [Amano # 5]

 

jueves, 10 de febrero de 2011

Orígenes del artivismo


/.../ Precisamente porque el horizonte es la recuperación de TODO el sistema comunicativo, lo que se propugna desde Preiswert son fórmulas mínimas, fáciles, baratas, de intervención que posibiliten el contagio a toda la sociedad de una actividad de reapropiación de los canales y de los lenguajes. La imagen fotocopiada, el texto aplantillado, la sutil - menos medios, mayores resultados - distorsión de la valla publicitaria, la recalificación, en fin, de cualquier canal de comunicación, género artístico u objeto de uso o de consumo, son así, hoy por hoy, el ámbito de la actividad Preiswert. [Pepi Osborne Camarasa: “Preiswert Arbeitskollegen”, en la revista Aullido # 2, otoño 1995].

Preiswert fue el héroe de los orígenes, el meme que infectó mikuerpo e inspiró la diseminación de industrias. Nos interesaba su objetivo humorísticamente desmesurado de reapropiar para la colectividad la totalidad de los canales y los lenguajes antes de disolver la actividad Preiswert en la acción de las masas; su énfasis en la acción anónima y colectiva, que rehuía “el trazo, el rastro, la firma aurática”; la economía de medios con que trabajaban “haciendo de necesidad virtud”, procurando la máxima comunicación para el mayor número de personas con la mínima concentración de medios y de esfuerzo; su uso con este fin de la estrategia situacionista del desvío, el reciclaje de mensajes previos en un nuevo contexto; y nos interesaba su concepción de la acción paradigmática, “contagiosa”, “la idea de ejemplificar con qué poco se pueden reocupar los espacios que le han sido usurpados a la comunidad por los medios de comunicación”. 
 
Otro de los referentes de aquellos años en Madrid era la actividad subterránea del Grupo Surrealista, con quienes iniciamos un vivo debate y una colaboración estrecha, y su concepción de la acción callejera.

En efecto llevamos a cabo una serie de acciones que nosotros consideramos de naturaleza poética y con vocación política o subversiva, pero no se trata de accionismo estético, sino de acción subversiva y, por emplear un término vuestro, vírica, es decir, nosotros pretendemos que estas acciones sean anónimas, no las firmamos, ni siquiera con el nombre del grupo, por una razón muy sencilla: para evitar que sean inmediatamente manipuladas y consensuadas o llevadas a un terreno puramente artístico. Ya sabemos que cualquier acción que se haga en la calle y lleve una firma queda totalmente invalidada por su traslado a la galería, y si no ahí tenemos a los grafiteros. Lo que nosotros pretendemos es conciliar lo que es una forma de placer mental desarrollado en la vida cotidiana, una diversión propia y no estandarizada ni dirigida con la capacidad de convulsionar, por lo menos en un plano instantáneo, un comportamiento del público que va por la calle. [Grupo Surrealista de Madrid entrevistado por industrias mikuerpo, “Genealogía de la prensa marginal española”, en Amano # 7, junio 1997].

viernes, 4 de febrero de 2011

Arte muerto, espacio vacío


Es propicio atravesar las grandes aguas. [I Ching: “El trabajo en lo echado a perder”]

Herederos de una época de bienestar, para quienes la supervivencia se daba por supuesta a cambio del aburrimiento y la aceptación, sobradamente cualificados para analizar y comprender las derivas del proyecto estético ilustrado tras dos guerras mundiales calientes y una fría, no pensábamos sin embargo que mereciese la pena luchar por nada menos que la utopía estética moderna: la de una sociedad sin clases entregada a la libre producción de sí misma. Aunque fuese una lucha ensayada mil veces, abocada al fracaso y sin otra motivación que mantenerse vivos y despiertos. Aun cuando no sólo hubiese muerto el arte, sino también el punk y el resto de sus asesinos. Donde en otro tiempo pudo haber esperanza, actuábamos más bien por desesperación. Librados de la exigencia de buscar una verdad, prevenidos incluso de lo peligroso e inconveniente de encontrarla, topábamos con la necesidad inexplicada de escapar de la omnipresente mentira sin otros recursos que la crítica desarmada y el juguete roto del arte.

Para mucha gente, bregada y respetada en su ámbito de intervención, la acción subversiva en el plano cultural no es más que una marca de idealismo juvenil que hay que dejar a un lado en el proceso de iniciación al activismo, una vez enfrentados a las resistencias y complejidades de la lucha y curtidos por los golpes y las heridas del cuerpo (como ya les sucediese a los situacionistas, cuya inspiración “artística” le reprochan sus críticos “ortodoxos”). Una especie de dandismo, una forma pija de integrarse e integrar el prestigio de la resistencia sin estropearse el peinado ni renunciar a la “distinción” que procura el arte, una actividad de carácter marcadamente burgués sobre la que los burgueses proyectan los impulsos inconformistas que les auparon a la dominación.

Algunas de estas consideraciones cupieron en los análisis etiquetados por mikuerpo; puede reprocharse incluso cierta prolijidad con esta cuestión. Los componentes burgueses de la institución artística aparecían claramente definidos y denunciados en sus escritos, precisamente para aislar y reconocer los puntos de aplicación que permitiesen dar lugar una práctica alternativa de producción e intercambio simbólico al margen de esa institución. Es cierto, además, que los primeros intentos en esta línea fueron, como suele ser habitual, movimientos de búsqueda muy desfigurados, poco efectivos, que reproducían en ocasiones el mismo esquema, aunque fuese de forma irónica y distanciada.

Por lo demás, existía una clara convicción, y un enorme respeto, en lo que se refiere la materialidad del signo y su doble naturaleza sintomática y productiva, hasta el punto de definir la empresa como “taller de procesamiento y producción de signos de cultura”. La idea respondería exactamente a lo que hoy sería un “laboratorio de memes”, pero la memética todavía estaba en ciernes, por lo que aún parecía tener más que ver con la poesía conceptual que con la elaboración “competente” de la vida cotidiana.

Se asumía también que, si nada cambiaba, era porque no lo hacían los “dioses”. Es cierto que las transformaciones culturales requieren plazos mayores de adaptación y de borrado de viejos hábitos y que suelen marchar a remolque de los acontecimientos históricos. También lo es que sólo el asentimiento en este campo da cohesión y estabilidad al orden social, y que tanto el orden social como la cultura se hallan inmersos desde hace tiempo en un proceso de descomposición inexorable. El espectáculo de la muerte del arte se ha adueñado por completo de la antigua esfera de producción de sentido e imágenes de reconocimiento sin que hayan surgido otras alternativas funcionales que las aportadas por el mundo de la publicidad y los medios de comunicación de masas.

Se daba por cierto, finalmente, que en el legado aportado por la vieja práctica artística burguesa, a la que debía suceder en términos tanto de continuidad como de ruptura una nueva práctica personal y colectiva de producción de sentido, se encontraban los conocimientos y herramientas cuyo uso desviado, y en ocasiones irreverente, había de señalar el camino de una transformación posible en el plano cultural, basada en la apropiación creativa. Tras la ruptura subjetivista romántica y el estallido de las vanguardias, numerosos artistas rebeldes se habían aplicado a esta crítica de la institución y habían desarrollado caminos de superación, desatendidos como meras elucubraciones artísticas. Pero ahí había respuestas: se trataba tan sólo de sustraer el arsenal del arte de las dinámicas de explotación impuestas por la institución, de liberar las energías creativas, cuyo excedente imposible de aplicar estaba a punto de producir un desbordamiento social.

jueves, 21 de octubre de 2010

La acción como una de tantas ilusiones

Nota editorial de Maldeojo # 2 (junio 2001)

por Maldeojo

* * *

El primer número de Maldeojo, aparecido el año pasado, se anunciaba como "cuaderno de crítica y acción social". Sin embargo, al reproducir el texto de José Manuel Rojo "Tiempo de carnaval", el periódico CNT calificaba la fuente de "cuaderno de crítica social", sólo. Puede que la inexactitud de la cita no esconda ninguna intencionalidad, y que se deba simplemente a un descuido de transcriptor, pero la corrección resulta tan acertada, y tiene en todo caso tanto sentido, que somos llevados a pensar que pueda no tratarse de una transcripción, sino de un desvío crítico, como un papelito amarillo que dijese: de acuerdo, he aquí un texto que merece ser leído y comentado por más de quinientas personas, pero a fin de cuentas no deja de ser un texto, y por exasperadamente crítico que sea la acción es otra cosa.

Efectivamente, aunque la experiencia espectacular esté vaciando cada vez más el contenido de nuestros actos y llevándonos a todos a preocuparnos más por representar algo que por significar gran cosa, no podemos poner al mismo nivel una huelga laboral y la santa indignación de un columnista, un programa de inserción de la marginalidad, un atentado, una de las doscientasmil firmas o un tartazo al delegado americano en la Cumbre del Clima. Tras el agotamiento de las falsas expectativas de desarrollo global del Capitalismo Mundial y la evidencia creciente de la imposibilidad de frenar sus efectos nocivos mediante la articulación de respuestas reformistas que comparten en el fondo su lógica y se ven arrastradas por él, la falsa conciencia encuentra ahora en el "compromiso" y en ciertas formas tipificadas de "lucha" su paz interior y su consuelo. Vuelve a valorarse el "trasfondo social" de las "producciones culturales", el estilo "militante" que ya no encuentra dónde militar, la reivindicación barata que expresa con su platitud la incapacidad para procesar la complejidad de lo real, el romanticismo pijo... Este inmovilismo factual hecho de pequeños "transportes" sin dirección ni objetivo lleva a algunos a tomar la "dictadura de lo real" por su propia cuenta, tomando por tal realidad sus propios temores y hundiéndose simplemente con ella en su negativa a mantenerla a flote.

Esto que podemos llamar ideología de la acción, o simplemente activismo, tiene expresiones tan dispares como las indicadas más arriba, lo que hace seguramente discutible su categorización genérica, así como la comprensión inmediata de las relaciones específicas que dicha ideología mantiene con cada uno de los patrones en que se manifiesta, a veces bastante enfrentados entre sí. Ninguna ideología resulta por otra parte comprensible de esta manera: el contenido de la ideología no resulta evidente a partir de su forma realizada. Por otra parte, no habrá pasado inadvertida la paradoja que parece entrañar la formulación de una "ideología de la acción", toda vez que la condición de toda ideología parecía ser su desvinculación con la praxis. No obstante, esta aceptación acrítica de la pureza de los conceptos y de la existencia de oposiciones no dialécticas entre ellos contiene en sí más ideología que cualquier desarrollo "simplemente teórico" de los mismos. No resulta fácil decir en qué momento una acción concreta se "ideologiza" ni cómo se "ponen en práctica" las ideas. Ya sabemos que no hay acción que no parta de presupuestos ideológicos ni ideas que no busquen su realización con más o menos fortuna una vez que se formulan. Este mismo texto es consciente de ser una determinada acción teórica, y no pretende por tanto dictar los contenidos de la acción misma, ni aspira a sustituirla. Tampoco juzga las motivaciones de los agentes de cada acción concreta ni establece las condiciones de la acción eficaz. Trata simplemente de poner de manifiesto y de desmontar una de las figuras ideológicas que mejor se corresponden con la época de la realización acabada de la ideología.

El mejor ejemplo nos lo proporciona la llamada "acción humanitaria" y toda la corriente de voluntarismo juvenil y onegeísmo que la acompañó en los noventa. Sin cuestionar aquí la necesidad de dispositivos que palíen el sufrimiento que acompaña a las numerosas catástrofes naturales (muchas veces asociadas a la explotación incontrolada de los recursos limitados del planeta) y a los conflictos bélicos (provocados siempre por choques de intereses entre los poderes que se disputan el control de esa explotación), es obvio que la acción humanitaria no es hoy el paradigma de ningún tipo de oposición eficaz a un sistema para el que la vida humana no es más que el recurso a explotar por excelencia. Si alguna vez supuso una heroica práctica alternativa a las condicionadas por la lógica del beneficio capitalista, hoy se integra funcionalmente en los complejos dispositivos que la sustentan. Si en algún punto comporta un auténtico "humanismo" preocupado por resolver las cuestiones inmediatas que se presentan aquí y allá, su concreción institucional sigue alimentando y legitimando un sistema depredador que ha aprendido a sacar provecho de las esperanzas de unos y de las ilusiones de otros.

Cuando no es directamente promovida desde arriba por los estados y ejecutada por los propios ejércitos, la acción humanitaria no tiene más remedio que funcionar como cualquier empresa al uso. Para ser "operativa" en el contexto capitalista, una acción humanitaria de la envergadura que reclama, por ejemplo, un éxodo de refugiados de una guerra, necesita movilizar gran cantidad de recursos y disponer de una organización concentrada que los gestione y haga de mediadora. Una vez institucionalizada, la "organización humanitaria" desarrollará intereses propios y su propia existencia se vinculará de hecho al mantenimiento del problema que pretende resolver. El móvil humanitario se convertirá en la ideología de una "gestión realista" de los males y los remedios. Por su parte, el público espectador podrá llamar "acción humanitaria" a una transferencia bancaria, y seguir identificándose con "los buenos" en la continuación del drama humano que el televisor programa ante sus ojos cada día a la misma hora. Finalmente, la ideología de la acción humanitaria así constituída podrá servir de reclamo publicitario de cigarrillos y refrescos, cuando no de coartada para el surgimiento de entidades humanitarias fantomáticas con explícitos fines empresariales o con fines encubiertos al servicio de grandes poderes.

Otro ejemplo contemporáneo de acción adjetivada (es decir, convertida en sustantivo, en sustancia consumible y participable) es el caso de la llamada "acción estética". Venida de los territorios del arte como una de las formas de superación efectiva de sus límites y de reintegración del juego al mundo vivido, este rábano emancipatorio ha sido nuevamente cogido por las hojas de una estéril vanguardia y hervido en el mismo caldo de cultura insustancial que sus progenitores dadaístas. La conmoción del arte vuelve a transfigurarse en arte de la conmoción. Cuando los artistas plantan su chiringuito en la feria de la acción simbólica no pretenden dejar de serlo, sino serlo más que todos sus contemporáneos: no van a ninguna parte, sólo huyen de sí mismos. Y cuando los movimientos sociales atraen con pantomimas la curiosidad de las cámaras no están rompiendo con el pasivismo y la contemplación: lo hacen para ser contemplados.

Este "modo de acción" se entiende como "participación" en el discurso social que hoy toma forma en los medios. Considera, o bien que es posible intervenir en la construcción de ese discurso a través del espectáculo, o bien que resulta imposible hacerlo si no es a través de él, al haber invadido el espectáculo el mundo real y abolido en él todo criterio de verdad y falsedad. No creemos que resulte renunciable la referencia a toda verdad, por más que esta verdad se encuentre siempre suspendida en su representación. En cuanto a la posibilidad de intervenir a través del espectáculo, de agenciarse sus dinámicas y de subvertirlo en un sentido emancipador, están expuestas a un debate más complejo. No puede desestimarse por principio, pero tampoco debe ser celebrada acríticamente. Participar en la lógica del espectáculo con contenidos positivos (reivindicaciones, exposición de puntos de vista alternativos, producciones "críticas") entraña la ingenuidad de tomar el espectáculo por lo que dice ser: un reflejo objetivo de la realidad, un marco neutral donde se despliega el sentido como síntesis de los lenguajes que pugnan por hacerse comunes, por comunicarse. Hacerlo con sus propias armas, llevando su mistificación aún más lejos para colapsarlo, puede acentuar mínimamente el proceso de su descomposición irremediable, plantearle retos siempre más duros, pero los alfilerazos en los tobillos no alcanzan nunca el corazón de la bestia y nada sugiere que no puedan ser transformados en un efecto espectacular más, digno de ser contemplado y celebrado en un momento en que los "efectos especiales" ya no nos hacen levantar la vista del plato. Estos refrescantes "golpes de ingenio" no supondrán en última instancia sino la actualización de las figuras y los recursos del espectáculo, su adecuación a los tiempos en que el espectáculo autónomo, como antaño el arte autónomo, no puede hablar ya más que de su propia descomposición.

En realidad, quien pretenda infiltrarse en el espectáculo habrá de tener presente que lo hace en territorio enemigo. La lógica de los medios se inclina siempre del lado de su concentración, es decir del poder y de la dominación. La repetición condicionante de consignas vacías se impone sobre la dimensión cualitativa del lenguaje, entierra su profundidad y disuelve su sentido. Un medio de comunicación es equiparable a un arma de destrucción masiva de conciencia, y ante las modernas tecnologías del condicionamiento la guerrilla cultural no es más que un fenómeno marginal y anecdótico mantenido en gran medida por la necesidad de seguir vendiendo "cetmes". Y miedo. E ilusiones. Y sinsentido.

Idéntica suerte ha corrido la guerrilla telemática, el llamado "hack-tivismo", y por idénticas causas. Intervenciones puntuales y anecdóticas que pocas veces dañan significativamente la estructura del sistema producen el refuerzo de los dispositivos de control y seguridad (entre ellos las leyes que regulan el tráfico de información) y estimulan el desarrollo de una industria que vive de su propia obsolescencia, distanciando cada vez más al especialista de la programación, capaz de actualizar constantemente sus conocimientos, y al consumidor final, que la mayoría de las veces desconoce los códigos con que se relaciona con su propia máquina y no deja de percibir el "espacio público" que podría ser la red como un "territorio amenazado", y no tanto por la policía como por "gente imprevisible".

En realidad, estos ejemplos no son sino representaciones virtuales, farsas románticas en que la historia se repite a sí misma, del modelo de "acción armada" que hace tiempo mostró sus límites: necesidad de concentrar los recursos para oponer una mayor resistencia al enemigo y consecuente producción de estructuras rígidas y de modelos jerárquicos de decisión, sacrificio militante (y militar) a la Causa que pasa a justificar la vida y no a la inversa, héroes y mártires por todas partes, secretismo, infiltración, terror, una espiral de violencia y confusión que dinamita todo desarrollo positivo. En suma, afirmación del Poder en su propio terreno y sacrificio paradigmático de la vida a todas las instancias de la representación: la de una ideología que se acepta religiosamente y la de unos medios de confusión que someten a su propia lógica toda producción de eventos. El "espectáculo integrado" no es sino el espectáculo del terror.

Podemos aislar por tanto algunos rasgos que afectan de forma idéntica a las diferentes modalizaciones de la acción que hemos considerado aquí como expresiones diversas de una misma ideología: son espectaculares, es decir, concentran recursos e intereses, desarrollan ámbitos de producción separados, generan especialistas de la producción del sentido y cristalizan en instituciones que se reproducen al margen de aquello que las inspira; y son, además, espectaculistas, se hacen para el espectáculo, para ser consumidas en la contemplación productiva, subordinando todo contenido a la producción de imágenes.

Si esta ideología de la acción fuese el mero reflejo de la acción misma aún sería pura y simple "representación" de esa acción. Pero la determinación ideológica no reside en aquello que simplemente expresa, sino en lo que oculta o presupone. El concepto de "acción" ha sido un valor en constante alza a lo largo de la historia del capitalismo, y una consigna cada vez que su dinámica inerte ha topado con un límite. La acción es la panacea contra el "aburrimiento". Cuando el director de escena grita "¡acción!", la realidad queda en suspenso y los muertos se levantan de su tumba. Sin "acción", no hay espectáculo que valga la pena. En mitad del tedio y el vacío de la supervivencia cotidiana, la invocación a la acción atrae la mirada tanto como la luz parpadeante del móvil en una habitación a oscuras. Fueron "hombres de acción" los primeros emprendedores del naciente capitalismo, y hoy es la "iniciativa" de los "ejecutivos" y los "creativos" la que sostiene sus cimientos. Así que no resulta extraño que su fuente de valor sea un flujo constante de "acciones". El futurismo nació para convertirse inmediatamente en ideología de la tecnología y exaltación de la guerra. El Do It Yourself, el flujo alternativo de comunicación, deriva fácilmente en territorio de conquista, abre nuevos ámbitos de explotación, produce imágenes de reconocimiento. You Can Do It!, es decir: ¡hazlo! Detrás de la ideología de la acción existe, además de un proyecto de transformación de las condiciones de vida, una ideología de la "productividad" camuflada y un positivismo necio que busca el "éxito" a través de la "competencia".

En un mundo donde la acción es un valor del poder, ¡hay que ser "marchoso"! Más invocada y suscitada cuanto más agotados se encuentran sus principios (hoy más que ayer), la acción que propugna esta ideología es el fundamento del espectáculo. El espectáculo es el "concepto" de la acción. No sólo porque vive esencialmente para representarla (es decir, no sólo porque ella es espectacular), sino porque en ella reside su principio generador espectaculista: la disponibilidad con que el mundo se nos entrega, la obscenidad con que se humilla ante nuestras miradas pudientes, la ilusión de operatividad que nos proporcionan nuestros "medios". El espectáculo no es falso porque cuente mentiras: es la mentira fundamental. Transforma todo movimiento en movida y divide el principio de la acción en mil pequeñas actividades.

¿Qué "hacemos" entonces? No se trata de fomentar el pasivismo y la inacción, ya bastante extendidos. La acción es principio y consecuencia de la condición humana: a través de ella trascendemos nuestras limitaciones y buscamos siempre convertir nuestro desarraigo en autonomía. Es también la acción la que sacraliza los momentos y los fija a la memoria eternizándolos: la experiencia se nutre de la acción. Sin la acción, el tiempo sería una secuencia uniforme del mismo segundo. Cuando dejamos de actuar, envejecemos. De forma que en la acción misma, más incluso que en sus resultados, se encuentra la salvación que se busca en éstos. Lo que aquí denunciamos es precisamente la expropiación de esa acción en el mundo moderno e hiperburocratizado, la destrucción de todos sus puntos de referencia y su conversión en figura. Se trata entonces de volver a plantearse, en un mundo que ha hecho de ella fetiche, cuáles son sus auténticas condiciones de posibilidad, y cómo puede "reactivarse" la acción.

Cuando todo se mueve por inercia, con velocidad uniformemente acelerada, hacia la nada o hacia metas que definitivamente se nos escapan, la acción que se pretende autónoma y propugna la autonomía no consiste en ir más deprisa que ese movimiento, sino acaso en saber detenerse y contemplarlo con ojos desengañados (puede que incluso en poner zancadillas a los que corren demasiado). Puesto que se ha vuelto tan barata, es preciso problematizar la acción y restaurar su valor. Toda acción supone decisión, aplicación de principios y de objetivos, y una y otros se encuentran ausentes cuando la pura acción se convierte doctrina, en criterio y en programa. Tanto da que se la invoque en un spot televisivo o en los voluntariosos reproches de quienes se encuentran cómodos actuando.

Problematizar la acción significa hoy darle sentido y profundidad. En el desarrollo de la capacidad crítica se da también un momento contemplativo sobre el que hoy se pasa pronto de largo: es una acción poco evidente y nada productiva, pues su objetivo no es arrebatar al espectador, ni tampoco entusiasmarlo. Pero sin él, el contenido de la acción no cristaliza ni desprende ningún efecto efectivo. Al igual que el arte ha dejado de tener sentido en una época que lo ha visto realizarse en el mundo estetizado de la mercancía, desplazándose el peso de la producción de sentido del creador al receptor o intérprete (es decir, a la gente común, puesto que el problema no reside hoy en conformar un mundo de imágenes, sino en insuflar de nuevo vida a un mundo convertido en imagen), la producción social de acontecimientos ha de ser hoy constantemente desenmascarada por la crítica de los intereses que en ella se escenifican.

Por otra parte, si el planteamiento de toda acción comporta en sí mismo un componente de dominación que objetiva e instrumentaliza su objeto, habrá que tener presente que toda acción es a un tiempo interacción con un medio natural y humano, y desarrollar esa interacción con el entorno y con los demás agentes de forma constructiva. Habrá que entender esa acción menos como producción de enunciados que como un diálogo en el que saber escuchar (sin resentimiento, sin asentimiento) es tan importante como poder hablar. Habrá que atender a lo negativo, a lo pequeño, a lo cercano: ceñir el alcance de nuestra acción a dimensiones humanas no supone una renuncia, sino el reconocimiento y la aceptación de aquello mismo que defendemos. Es comprender que toda acción que no es directa no es en último término sino representación, y que como tal se proyectan intereses concretos en ella y se suscitan a través de ella ilusiones vanas.

Luchar no es lanzar apuestas inútiles ni brillar en la cima de la revuelta, sino construir desde la base, en contextos liberados de las rutinas capitalistas de producción de valor, valores que podamos compartir y que den profundidad a nuestras acciones. Todo ello supone una percepción completamente diferente de las relaciones. Sólo una comprensión del mundo sobre bases distintas permitiría construirlo sobre bases distintas.

sábado, 9 de octubre de 2010

El efecto vaselina

un apócrifo bissettiano
a propósito del vídeo sexual de Pedro J. Ramírez. Publicado en el boletín electrónico amanita (octubre 1997).

* * *

Información contra información
LUTHER BLISSETT FOLLA CON/A LOS MEDIOS

por Luther Blissett

Yo, Luther Blissett, aunque no me considero responsable de esta acción, soy el verdadero inspirador, instigador e inductor del video-fanzine en edición limitada "JODE (con) LOS MEDIOS", intervenido por la policía en las oficinas de correos donde esperaba ser distribuido por contener imágenes sobre el lado humano de un inhumano "pope" de la comunicación.

Aunque el periodista, asistido por su grupo de espías e infiltrados, logró intervenir la mayor parte de esta edición, algunas copias alcanzaron su objetivo y explotaron en la agencia enemiga. El periódico El País dosificó su información, no tanto para evitar incurrir en un posible delito de difamación que en cualquier caso no lo sería como para evitar un posible "efecto boomerang" que disolviese el prestigio de toda la estructura de información sobre la que se sostiene la política española. De hecho, El País sólo ha utilizado la noticia para "destacar el tratamiento desigual" dado a uno de los diputados del PSOE que pagó sus sesiones eróticas privadas con dinero público (12-11-07, p. 14). Al mismo tiempo se difundía, desde epicentros muy específicos, los contenidos del video-fanzine, hoy bien conocidos por la gente, según la fórmula de la conspiración: el director de un periódico enemigo, vestido con ropas delicadas y tradicionalmente femeninas, jadeando de placer al ritmo de la sodomización que le practica una prostituta que ha sido arrestada por la policía.

Esta acción se explica mejor mediante consideraciones más amplias y profundas que la mera acusación de ciertos hechos que, desde nuestro punto de vista, son más aceptables que punibles. Por la misma razón, no pretendemos hacer un buen servicio a sus competidores en el uso abusivo de la información, enfrentados hoy por cuestiones políticas, ni a quienes desde nuestro pasado reciente mantienen algún resentimiento contra quien derrochó su vida en la administración política de la basura informativa generada por la corrupción de otros.

Conocer las inclinaciones sexuales de los líderes de la democracia y de la moral pública no nos indispone contra ellos, sino exactamente lo contrario. La gente común también las practica, ¡incluso más imaginativas! Todo lo que este suceso nos ofrece es un interesante perfil psicoanalítico del personaje que, de alguna manera, podría llegar a explicar sus patologías verbales. El refinamiento en el goce sexual y la búsqueda de placeres alternativos ya no es monopolio de las "clases altas", ni el poder se ha inscrito en el sexo de forma brutal sólo para ellos. En consecuencia, desde una consideración puramente ética, no podemos entender la necesidad de ocultar una información que, lejos de implicarlo en ningún crimen, podría hacer públicas las sucias tácticas de sus enemigos jurídicamente atacables.

Actualmente, el uso del placer sexual en cualquiera de sus expresiones no es contemplado en España como un delito, excepto en situaciones de explotación evidente que la justicia está acostumbrada a pasar por alto. Se dice que España es un país tolerante en cuestiones de sexualidad, y que nunca un problema de este tipo ha trascendido hasta el punto de derribar a un personaje público como sucede en Inglaterra. El glamour ha encontrado un campo favorable en nuestra cultura y ha invadido los medios de comunicación, como una recreación espectacular y masiva de la elitista "Movida" en la que militó nuestro personaje. Por otra parte, la interferencia en la vida privada de las personas es contemplada como delito, y con más razón la difusión pública de material obtenido de esta manera.

Sin duda el director de un gran periódico que se erige en defensor de la moral pública contra las violaciones y las corrupciones de los políticos socialistas, el mismo que sabe cómo detectar a tiempo la difusión molecular de un fanzine y que es experto en manejar tácticamente no sólo vídeos, sino grabaciones telefónicas, comidas de trabajo, confesiones exclusivas, micrófonos ocultos, información obtenida por medios sospechosos que suponen el trato habitual con delincuentes y mafiosos de la política y el crimen formal, sin duda, decimos, él debe saber mucho sobre ello.

Esta acción conspirativa reclama la herencia del artista en su expresión revolucionaria, su sentido no reside en el acto específico del que informa, sino en la serie de contradicciones que descubre. No se trata de convertir a nadie en víctima del monstruo que él mismo ha generado, objetivo de sus propios traidores con sus mismas tácticas, ni en denunciar cómo le huele el culo a este escatómano de lo ajeno, sino en advertir que un nodo donde se cruzan el poder, la información y la economía explota mostrando su mentira.

La objetividad es imposible donde se dirime el interés. La censura practicada por Pedro en lo que concierne a esta noticia no es menos real que la que practicaban los censores dictatoriales ni de la que se practica cotidianamente en los medios de comunicación. En el primer caso se trata de ocultar aspectos de su propia personalidad que no están interesados en que trasciendan; en el último se trata de ocultar aspectos de su propia administración que no están interesados en reconocer. En ambos casos hay serios intereses en juego que convergen en este episodio específico. Cuando se trata de utilizar la política o la información comercialmente, los medios reclaman libertad de expresión absoluta. Así nos imponen la vida privada de gente que previamente ha renunciado a ella. Nos imponen el consumo de la vida privada de los personajes públicos, y no nos informan de la fundación de centros sociales, con el argumento de que lo que la gente desea leer es lo que es noticia.

El sentido final de esta intervención artística reside, por lo tanto, en denunciar la autorreferencia de los medios que les hace incapaces de objetividad. Volviendo sus propias tácticas contra ellos, Luther Blissett ha desenmascarado la falsedad inscrita en sus fundamentos como signo de dominación. Al mismo tiempo, queríamos mostrar a la opinión pública cómo cien copias de un fanzine pueden producir una conmoción social si afecta a los puntos claves y logra una amplificación mediática correcta. Nos negamos a admitir que el producto de la reflexión de la gente sea menos importante que los polvos de la princesa ninfómana o del príncipe gay, por ejemplo.

LAS LEYES JUSTIFICAN EL USO DE VIDEOCÁMARAS CONTRA LAS PERSONAS, PERO LOS PATRONES DEL ESPECTÁCULO SE NIEGAN A SER ENFOCADOS. UNA BRUTAL SUBVERSIÓN DEL MUNDO NOS HA CONVERTIDO EN ESPECTADORES DE NUESTRO PROPIO ESPECTAR.

Y también:
LOS HELICÓPTEROS DE LA POLICÍA GRABAN MUCHAS ESCENAS DE SEXO ENTRE GENTE CORRIENTE, PERO TU, CIUDADANO DE SEGUNDA, SÓLO SALDRÁS EN LAS NOTICIAS CUANDO MATES A ALGUIEN.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Erección monumental

Documentación de la acción realizada por Preiswert en la Plaza de Chueca de Madrid el 18-VI-1997, y de la campaña lanzada por el siguiente panfleto. Aparecido en el fanzine Amano # 8 (1997).

por Preiswert Arbeitskollegen

* * *

CONTRABANDO
Al Pueblo de Madrid

Madrileñas/os:

Tiene que haber llamado vuestra atención en los últimos años la aparición súbita, inexplicable e inexplicada de un número creciente de bustos, estatuas, estípites y monolitos en los calles de nuestra ciudad. Sin referirse a los notorios "chirimbolos", de los que sabe­mos ya que ni siquiera sacan paro toda la luz en la que destacan (lo que los convierte en hermosos ejemplos de subvención de la publicidad por parte del municipio), viene siendo evidente para cualquier ciudadano atento (no digamos para ancianos y minusválidos) la presencia en las plazas y avenidas de Madrid de un anacrónico impulso monumental que el Ayuntamiento viene practicando de manera arbitraria y despótica. Lo que para unos consti­tuye un conjunto suplementario de obstáculos al paso de los ya de por sí sufridos peatones, para otros un gasto injustificado e innecesario y para esotros un conjunto de ofensas a la sensibilidad, se presenta agravado por el hecho de aparecer estos monumentos invariable­mente dedicados a personas de las que en modo alguno conserva un buen recuerdo la imaginación popular (las estatuas de José Argüelles y de Alonso Martínez son buenos ejem­plos de este nuevo culto al "prohombre") y que directamente insultan al pueblo madrileño por el insufrible paternalismo populoide que emanan (es éste el caso de la "Violetera", en la calle de Alcalá con la falda arremangá).

A esta situación PREISWERT sólo ve dos contestaciones posibles. La primera y más obvia, consistente en dinamitar todas las manifestaciones de la incontinencia municipal en materia estatuaria, tiene el grave inconveniente de amenazar asimismo a personas y a otros edificios e instalaciones de las plazas y calles concretas en que tuvieran lugar las voladuras. Por ello, tras años enteros de debate interno en asamblea, PREISWERT ha terminado optan­do por lo que juzga una solución mucho más creativa, consistente en lanzar una campaña de ERECCIÓN MONUMENTAL generalizada, protagonizada por los ciudadanos y destinada a ahogar las muestras del abuso incontinente que en materia de monumentos viene demos­trando el municipio, con MÁS monumentos. Estos monumentos serán erigidos espontánea­mente por los madrileños a su propia costa, es decir, con sus propias manos y por genuina suscripción popular, y en ellos resultarán verdaderamente visibles sus preferencias tanto en lo que se refiere a las personas merecedoras de los homenajes como en lo que respecta a la forma o aspecto que cada monumento concreto haya de presentar.

No duda PREISWERT que la idea vaya a tener un éxito considerable entre el imagi­nativo pueblo de Madrid. En esta confianza, PREISWERT te invita tanto a unirte a los arbeitskollegen en la erección del primero de los monumentos de la campaña, como a fomentar ésta propagando la idea allí donde pueda prosperar y concibiendo tú mismo el monumento que mejor pueda adecuarse a tu natural kuntswollen.

MADRILEÑA/O:
¡YA ESTAS TARDANDO!
EN ERIGIR TU MONUMENTO

Instantánea de la erección del monumento "A Cipri", primera de la erecciones realizada en Chueca. En primer término se aprecia al anciano que asistió impertérrito a todo el revuelo. Al fondo, recordamos a Juan Antonio Ramírez documentando la acción desde el ángulo opuesto.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Unabomber Presidente

Campaña llevada a cabo desde el fanzine norteamericano Not Bored! en su número 26 (nov. 1996). Traducción publicada en Amano # 9 (1997).

* * *


Hemos puesto un enorme cartel en el gran almacén de grano abandonado de Red Hook en Brooklyn con la consigna: UNABOMBER PRESIDENTE (Unabomber for President) porque:

1. Queremos hacer pública nuestra cam­paña para convencer a los votantes de que escri­ban el nombre Unabomber en el voto para las elecciones del 5-Noviembre-1996.

2. Queremos llamar la atención sobre el hecho de que durante más de 30 años la sociedad industrial moderna norteamericana simplemente no ha encontrado ninguna cosa que hacer con el bello y extraño almacén de grano de Red Hook. Estas dos razones tienen mucho en común.

Para los americanos trabajadores y po­bres hay tan poca diferencia entre los candidatos para Presidente en 1996 que da igual a quién vo­tar. Tanto si se vota al presidente Clinton como al republicano Bob Dole o al candidato del tercer par­tido Ross Perot el resultado será el mismo: otro hombre blanco y rico sin ningún interés por usted o por mi será elegido Presidente.

Tenemos tan poco que decir sobre có­mo se llevan los asuntos en Washington, D.C., y a los políticos que llegan al gobierno les importa tan poco cómo van las cosas en lugares como Red Hook, que usted y yo podríamos muy bien votar por Unabomber para Presidente, si después de to­do decidiéramos votar. Unabomber tiene tantas po­sibilidades de salir electo como nosotros de elegir una persona decente que nos represente realmente y le impor­ten los intereses del pueblo americano hoy.

Es cierto que Unabomber está acusado de terrorista, que mató a algunas personas y trató de matar a otras, pero esto no debiera impedirle ser Presidente. El candidato presidencia¡ Republicano Bob Dole es un veterano de la Segun­da Guerra Mundial 50 años atrás. Mató a algunas personas y trató de matar a otras. Pero na­die dice que esto lo descalifique para ser Presiden­te, o que la gente que lo vota esté enferma. El candidato número dos, el republicano Colin Powell, es un veterano de la guerra del Golfo Pérsico hace tan solo 5 años. Ayudó a matar cientos de miles de iraquíes y trató de matar a muchos más. Pero na­die dice que sea un hombre loco violento, un genio sociopático incapacitado para ser presidente de los Estados Unidos. Lo único que Unabomber hizo mal fué tomar las herramientas de violencia en sus manos, sin autorización del gobierno, rompiendo así el monopolio que tiene éste sobre la violencia y sin que el gobierno le dijera bajo qué circunstan­cias está bien matar a gente inocente como él hace.

A diferencia de Bob Dole, Colin Powell, Bill Clinton y del resto de ellos, Unabomber no quiere que la política sea el negocio de la organiza­ción de esta sociedad brutal y explotadora bajo la que estamos obligados a vivir, ni lo que ésta repre­senta, como sistema de violencia. A diferencia de los políticos profesionales Unabomber no está in­teresado en mantener lo que está mal. En su mani­fiesto llamado "La Sociedad Industrial y su Futuro" Unabomber dice que él quiere que la política sea para hacer una sociedad mejor, que no sea violen­ta y explotadora. Dice que él quiere llegar a la raíz de lo que está mal en la América de hoy, y lo que está mal reside en esto: la sociedad industrial americana pone la ganancia antes que la gente. No te valora como persona, sino sólo por el dinero que puedas producir para ella. Todos los que han vivido bajo esta sociedad saben lo que esto signifi­ca: desde el momento en que no estás producien­do dinero para el capitalismo americano, eres peor que Inservible. Te has convertido en una "car­ga" para la sociedad, ¡aunque tú ayudaste a cons­truir esa misma sociedad! Y cuando eres inservible o una carga para la sociedad en la América moder­na, eres abandonado a tu suerte para que mueras y te pudras de la misma manera que el almacén de grano abandonado de Red Hook, de la misma ma­nera que el propio Red Hook mismo. ¡Pero noso­tros rechazamos ser abandonados, rechazamos morir, rechazamos pudrimos!

martes, 7 de septiembre de 2010

Valencia, capital tercermundista de Europa

Manifiesto publicado en Amano # 9 (1997).

por CCPLNDVCTDE
(Comité Ciudadano Para La Nominación De Valencia Capital Tercermundista de Europa)

* * *

Un nutrido grupo de artistas profesiona­les, críticos e intelectuales de reconocido prestigio hemos decidido promover la nominación de la ciu­dad de Valencia (Cap i Casal de todos los valen­cianos) como sede permanente y representativa de los más altos valores tercermundistas de Europa. Por otra parte sospechamos (porque tenemos buenos motivos para ello) que no somos la única Capital Europea que anhela y reclama para si la gracia de este Nuevo Privilegio.

En consecuencia, la experiencia nos demuestra que si queremos acceder a esta bien merecida denominación será necesario, previamente, doblegar la voluntad de quienes parecen empeñados en marginar a nuestra Capital de todos los grandes Acontecimientos Importantes y esto hace que sea imprescindible contar, pero ya, con el apoyo total y unánime de la globalidad de Nuestras Fuerzas Po­líticas, Sociales y Culturales. Para ello hemos ela­borado el siguiente

MANIFIESTO I
Somos los mejores
porque siempre lo hemos sido
y siempre lo seremos
porque siempre lo hemos sido
y siempre ganaremos
porque somos los mejores
y siempre lo hemos sido
porque siempre
somos los mejores.
Vixca Valencia Capital
Tercermundista de Europa!

para el que solicitamos la incondicional adhesión de todos los valencianos/as y simpatizantes. Enviar todo tipo de Avales y/o Protocolos Razona­dos de Adhesión a esta Campaña a la Concejalía de Cultura del Ayto. de Valencia incluyendo vues­tros datos personales y fotocopia del DNI o (pasaporte) en vigor. Con el material recopilado el Ayto. editará, seguramente, la correspondiente publicación.

sábado, 19 de junio de 2010

El Evangelio según Judas

Último manifiesto de Luther Blissett

por Luther Blissett

Este texto fue escrito originalmente en italiano y desarrollado como un sermón el sábado 27 de septiembre de 1997, a las 16.00, en el parque de Villa Spada, colinas de Bolonia (Italia), como parte del Ataque Psíquico sobre Karol Woytila y el Concilio Eucarístico Nacional. Ese evento había causado la invasión de Bolonia por 400.000 peregrinos, colegiales católicos, frailes y freaks, y alcanzó el climax con Bob Dylan cantando en presencia del Papa (el cantante convertido de Duluth estrechó las manos con el Polaco, mientras éste dio un sermon con la letra de "Blowin' In The Wind." ¡Repugnante!). Se ofició el Ataque Psíquico con mas de 100 Blissetts. Otra acción de "bloqueo al culto" incluyó una hoja falsa impresa por la 'Congregacion para la salvaguarda de la moral cristiana' que acusaba a la Iglesia por dejar que un comunista judío participase en el Concilio, así como una impresión del vale de descuento que imitaba el logotipo del NEC y el texto: 'Si enseñas este cupón junto con tu tarjeta NEC, puedes tomar un tentempié (bebida+ bocadillo o tostada) a 1500 liras en los siguientes bares: [inscripcion de la mayoría de bares del pueblo] .' 1500 liras es un precio absurdo, aproximadamente 1 dólar americano. Luther Blissett exhorta a todos sus seguidores a extender 'El Evangelio según Judas' y a traducirlo en todos los idiomas de la Tierra.
Traducción publicada en Amano # 9 (octubre 1997).

* * *

"Nada es real, todo es posible" Esto debe ir en lugar del dicho: "Él estaba en el mundo, y se hizo el mundo a traves de Él, pero el mundo todavía no lo supo." (Juan I, 10)

Jerusalen, año 0 AC. Prometer un mesías era la ultima tendencia. Los profetas surgían como hongos. Chiflados, necios, parásitos y similares. Yo fundé el negocio del momento: una pop star con la que nadie podía competir. El público estaba dispuesto a creer cualquier cosa, aunque sentían predilección por los derramamientos de sangre, alborotos, visiones, milagros, apariciones y sobre todo la liberacion del yugo de Roma.

Tenía que crear un género nuevo. Vagué de aquí a allá algún tiempo y encontré a un costroso carpintero en el desierto, un tío que predicaba paz y amaba a una roca y tres lagartos. Con el pelo largo, grasiento, fotogénico. Le pregunté: '¿Cuál es tu nombre?', y su nombre era 'Jesús de Nazareth'. ¡Es un nombre manido, no es lo bastante pegadizo! Necesitaba algo más glamouroso... miré su cabello y dije: 'Desde ahora, serás "JesuCristo", ¡Jesus Greasy [grasiento]!.' Era el canal que yo estaba buscando. Le sugerí que viniese conmigo y predicara a las gentes, con dietas y alojamiento a mi costa.

Le expuse la estrategia: 'Debemos lidiar y golpear a todos los competidores. ¿Ellos quieren salvar al pueblo de Israel? Tu querrás salvar a la Humanidad. ¿Hay un Mesías de la Sagrada Escritura? Tu serás nada menos que Dios. ¿Ellos quieren echar a los romanos de Israel? Tu querrás abrir nada menos que las puertas del reino de los cielos!'.

Tenía el solista, ahora necesitaba la banda. Durante los tres años en que recorrimos Palestina recluté a 11 patanes incautos. La JesuCristo Superstar Tour acabó con una entrada triunfal en Jerusalén, a la que asistieron miles de entusiastas. La pop star había alargado la altura de su fama. Los sacerdotes y la policía lo aborrecían, y pensé: 'si lo hiciera morir ahora conquistaría la inmortalidad: un mártir revolucionario dándole todo a su público, por amor a la Humanidad'. ¡Sonaba bien, tio!

Revelé a Caifás y a Pilatos el lugar de una reunión confidencial. La policía vino y lo apresó. Cuando lo besé pensaba 'Ahora sí que es verdaderamente un dios, el mayor ídolo pop de la historia!'

Entonces las cosas comenzaron a írseme de las manos. Pedro, el más incauto de los discípulos, alardeó de que ese Jesús le había confiado encontrar una iglesia. Como siempre, los teóricos de la conspiración afirmaron que no estaba muerto, que un tipo lo había visto en el desierto. Eventualmente la gente se puso de acuerdo respecto de una versión de la historia: se había ido al cielo, pero algún día volvería y resolvería todos sus problemas.

Terminaron de vender el ídolo al poder los mismos sacerdotes y policías que crearon el mártir, y se re-legitimaron a sí mismos al llevar el nuevo culto como una estola. No hice nada más, podía dejar la escena [señala el nudo corredizo] y vivir de mis rentas hasta el retorno del grasiento - puesto que dicho sujeto esta muerto para siempre [corre la soga]. Acababa de escribir 2000 años de historia futura. Había marcado por entero la imaginería occidental. La Conspiración Gnóstica quería el control de la historia. Sí, la Gran Conspiracion de la Providencia. ¿Sabes? Toda conspiración debe tener una razón de ser interior. Esto siempre es más importante que las armas: una conspiración tiene que ser un juego autosuficiente, un rompecabezas mutable. Y uno puede arrojar el rompecabezas. Aquella gente había jugado con el ídolo que yo creé durante dos jodidos milenios. Sus esperanzas de redención han llegado a ser un arroyo interminable de lágrimas y gemidos. Los descendientes de Pedro dirigen la mascarada de la Fe con los cruzados de la Asociación Católica de Obreros Italianos, como las monjas de Burman y toda la escoria usual. No puedo aguantarlo, no tengo ya intestinos para eso.

He preparado un nuevo plan en lugar de ello. Soy un hombre de acción, no puedo estarme parado más tiempo, pues hay muchas cosas por hacer y numerosas oportunidades que aprovechar. Un profesional como yo sabe que el fin de una era es como su principio. Es el desierto, el Oeste Lejano, las ideas se fecundan cruzándose y crean nuevos ídolos, nuevas mitologías con que jugar, y sobre todo nuevos cambios cósmicos. Uno debe oler los cambios en el aire, chequear los clubs, las calles y las cartas al editor. Estamos al final del milenio; en 1148 aquel tipo llamado Malaquías, un viejo monje irlandés, previó el futuro en la oscuridad de su celda, y escribió una lista de 112 papas que acaba en el año 2000 DC, y el fin de la lista es el principio del apocalipsis. Y suponemos que ¡el polaco es el ultimo papa! No tardará en saberse: si el polaco muere antes del 2000, el 99% de la profecia de Malaquías se habrá cumplido. Fue Malaquías quien me dió la idea. Esto es, él escribió que el último papa querría llamarse Pedro II- un círculo perfecto, con el último papa llevando el nombre del primero. Él anunciará el final de la Iglesia de Roma y el despliegue del apocalipsis.

Es lo que necesitábamos, pero también necesitamos una definicion más nueva, es decir, menos autoritaria. El *Hipocalipsis*, una revelación desde abajo. Esta vez no trabajaré con un mesías: el nombre será uno, pero cualquiera podrá adoptarlo. Un nombre múltiple, un ídolo modificable que atraviese todas las tendencias, lugares y ambientes. No más jodidos gurús, sino un ídolo abierto que sacerdotes y policías no puedan manipular (en realidad pueden hacerlo, pero en la misma medida que cualquier otro, no puede haber ningun monopolio). Estoy trabajando sobre un encantador, un carácter inteligente. Tiene un nombre pegadizo que promete extenderse por sí mismo: LUTHER BLISSETT


Portada de un periódico sobre Blissett atribuida al networker magiar Viktor von Laszlo (1996)

martes, 8 de junio de 2010

De máscaras y enigmas

por José Manuel Rojo

Prólogo del libro Industrias Mikuerpo. Un proyecto de gestión cultural independiente (1994-1999) [Madrid, Traficantes de Sueños, 2010).


* * *

La primera vez que tuve noticia de Luis Navarro fue bajo el signo de la conspiración, aura y estigma que no logro desprender ni de su vida ni de su actividad, para bien y para mal. Tampoco quiero hacerlo, pues las primeras impresiones son muchas veces las mejores. Y sólo un conspirador podía presentarse dejando en el buzón, sin previo aviso y sin que yo lo pudiera esperar, un ejemplar del nº 3 de su fanzine Amano, aquél que se componía de varios cuadernillos amorosamente guardados en un sobre de papel de embalaje, con una tarjeta en la que muy secamente se indicaba un número de teléfono y se proponía concertar una cita. El signo de una araña negra imprimida con un sello tanto en el sobre como en la tarjeta, el insólito nombre de Industrias Mikuerpo, los textos y las imágenes que hablaban de muerte del arte, decollage, atentado estético, todo sugería que una misteriosa organización estaba dispuesta a derribar el viejo mundo, y la invitación era, por tanto, irresistible.

Hay que confesar empero, siquiera para ser fiel al propio Luis desmitificando (pero sólo en parte) esa primera máscara de Blanqui o de Fantomas, que ya se había dado un primer contacto, aunque más por su parte que por la mía: unas semanas antes de depositar el fanzine en el buzón, Luis nos había encontrado, a los del Grupo Surrealista de Madrid, en el puesto que montábamos en aquellos años 90 los domingos por la mañana en el Rastro, más concretamente en la plaza de Tirso de Molina, junto al resto de tenderetes de la variopinta ultraizquierda de la época (¡todavía había maoístas!). Allí Luis se topó con el nº 7 de la revista Salamandra, dándose el encuentro casual sobre una mesita de camping de un situacionista (?) y unos materiales surrealistas que se correspondían en gran parte con sus propias preocupaciones [1]. La poca o mucha importancia que tuvo este encuentro para él ya lo comenta Luis en este libro, así como la posterior y duradera colaboración que nacería del mismo; en cuanto a nosotros, perdidos en un medio que interpretaba la palabra poesía única y exclusivamente como el poema escrito y encima con rima, y la vida poética, sobre todo si se identificaba con un proyecto político revolucionario, como un eufemismo de “estar en las nubes”, ese encuentro parecía ser ya no fundamental, sino fundacional [2]. El tiempo no lo desmentiría. Y ahora me encuentro prologando un libro que documenta los frutos agridulces de una aventura en la que fuí amigo, testigo y a veces cómplice, y reconozco que me es sencillamente imposible no remitirme a mi propia experiencia, revivir los debates que nos encendieron, fiarme de mi memoria, referirme incluso a la propia actividad surrealista. En mi descargo considero que no me alejo tanto del tema en cuanto que tales divagaciones pueden ayudar, por mero efecto reflejo, a iluminar el pensamiento y la acción de Luis Navarro; y si en este prólogo se vierten juicios falsos, exageraciones o apreciaciones peregrinas, la culpa es siempre del prologuista del libro y nunca de su autor.

Volviendo al punto de partida, antes he definido a Luis como “situacionista” para inmediatamente ponerlo en duda con un signo de interrogación. Es que así fue catalogado desde fuera, y así es como hoy fundamentalmente se le recuerda, lo que es irónico en una persona que siempre combatió las ideologías, las mitificaciones (que no exactamente los mitos) y las etiquetas, las suyas y las de las demás [3]. Y basta con revisar estas páginas para comprender qué limitadora es, cómo cercena las otras personalidades de Luis, de qué manera borra todas las máscaras menos una, aunque es posible que algunos prefirieran que fuera la única y exclusiva. Puede que el retrato quedara más revolucionariamente correcto, pero también más falso. En efecto, individualista que niega al individuo invitando a los otros a participar en el juego [4], Luis se ha escondido detrás de varios nombres múltiples, muchos seudónimos y algún que otro fantasma colectivo, en una aventura irónicamente ambiciosa, con algunos éxitos y más fracasos, en la que cada avatar era derribado, o caía desfallecido al suelo de puro aburrimiento, para levantarse de nuevo con un antifaz distinto. Porque la estrategia es una, pero las tácticas no son tres, sino tres mil si fuera necesario: Industrias Mikuerpo como santo y seña y punto de encuentro, el fanzine Amano y sus dobles del Signzine y del Cuaderno Itinerante, la red de creadores y esos experimentos tan conmovedores en su ingenuidad y en su osadía que fueron Artesaldo o No te vendo más que la herida, las campañas de violencia mental ejemplificada en los atentados estéticos, propios o de otros, la agitación de los nombres múltiples, la Resistencia Vírica y la Huelga de Arte como resumen y en cierto modo apoteosis de todas las experiencias anteriores. Así se explica que a menudo Luis hablara de sus proyectos en primera persona del plural, pero este “nosotros” no era el Nos del rey absoluto, sino la sedienta y anónima voz colectiva que vaga pidiendo venganza en pos de ese “horizonte de verdad que es irrenunciable, como demuestra la existencia, ésta sí constatable a cada instante, de la falsedad y la violencia” [5]. Es evidente que semejante trasmigración experimental de la identidad no tiene nada que ver con el relativismo posmoderno, pues la verdad absoluta no existe pero sí su búsqueda eterna, sino con la gran paradoja que supone que, para aprehender esa verdad en un mundo falsificado de espejos y laberintos y muñecas katiuska, quizás es necesario habitar siquiera un instante en el reflejo para evitar el deslumbramiento [6].

Dicho esto, resulta innegable y a mucha honra todo lo que Luis debe a la I. S. y todo lo que ha devuelto con creces gracias a su labor impagable de agente contaminante del virus situacionista en particular y del revolucionario en general, con la editorial Literatura Gris, la colección de folletos de radikales livres, o el Archivo Situacionista Hispano y la página de Altediciones en Internet [7]. Ya el propio interesado se encarga de reconocer esta deuda, pero yo diría que la lección situacionista, tanto la utópica como la científica, está tamizada y coloreada por la sensitiva mirada hacia lo sensible de Walter Benjamin, que permite encontrar aquella pequeña ventana tan temida por Trotsky, abierta de par en par no hacia el más allá, sino a la magia y al misterio del más acá, hasta el punto de que el aire embriagador que por ella circula es capaz de integrar en el materialismo “lo maravilloso y lo desconocido dentro de su sustancia” [8]. A esta base nada banal habría que añadir los aciertos puntuales del mail-art más bruto, la curiosidad por las fantasmadas de provocadores tan pintorescos (y en el fondo insustanciales) como Stewart Home, y la ética, estética y angst adolescente del punk y su filosofía DIY, genéticamente modificada, me atrevería a decir y que me perdone quien me tenga que perdonar, por la relación personal y afectiva, siempre conflictiva y crítica pero también real, con la Movida [9]. A partir de estos ingredientes, el rol de mero difusor de las ideas de Debord y sus amigos se desdobla en otras muchas líneas de fuerza, de las destacaría dos que me parecen fundamentales: la reflexión teórica, que ha sido capaz de ir más allá de sus modelos en un análisis muy personal e innovador de las delicuescencias del espectáculo, la técnica o la cultura de masas, y el replanteamiento radical de la crítica del arte y de su famosa muerte, con todo lo que esto implica. Y aunque parezca lo contrario, esta última es la más rica y compleja y contiene y desarrolla las dos anteriores, pues toda la actividad de Luis a través de sus sucesivas máscaras está penetrada de esta verdad: que si se impugna al arte y al artista es para exaltar la creatividad social, y que se pueden y deben utilizar en la lucha por la emancipación las tácticas de las utopías que pretendieron ir más allá del arte separado desde una práctica que, precisamente por ser utopista, se reveló limitada e insatisfactoria. Es obvio también que tal planteamiento era el que más podía interesar en un principio al grupo surrealista y por tanto a mí mismo, y por eso también empezaré por aquí.

En efecto, desde el principio coincidimos en la defensa e ilustración de la poesía por otros medios, gracias sin duda a que la construcción sistemática de situaciones utilizando todos los recursos económicos y técnicos disponibles etc, etc, estaba afortunadamente contaminada en Luis por la benéfica influencia de Benjamin y su noción de la iluminación profana, que tanto se corresponde con la teoría y práctica surrealistas de lo maravilloso. Por supuesto había diferencias, terminológicas en primer lugar, pero no sólo: si para el surrealismo lo maravilloso se manifiesta como un descubrimiento cualitativamente superior con y en la realidad que sublima la pintada, el objeto encontrado o la persona desconocida que el azar nos acerca, elevándolas a otra dimensión afectiva y psicológica que ilumina la realidad sórdida, Luis se centraba en la sordidez desvalida del gadget tirado a la basura, la canción pasada de moda, el cartel publicitario despegado y caído en la acera, pecios del consumismo que no son espectacularmente extraordinarios o inspiradores, pero que al moverse del sitio que la economía les había adjudicado daban la vuelta a su ideología y a sí mismos, permitiendo además que en la crítica de su propia miseria se colara la poesía. De esta manera, todo aquel que supiera ver se convertía un poeta que no utilizaría palabras sino miradas, pero puesto que esta estética de la percepción partía de un mundo desencantado, reclamaba para ser eficaz y obrar milagros un distanciamiento y una desmitificación de sí misma que nosotros no siempre teníamos en cuenta. La cuestión ya no era, por tanto, si los medios a utilizar para el advenimiento de la poesía tenían que ser racionales o irracionales, o si ésta tenía que desafiar a la religión o a la moral burguesa; el problema radicaba sobre todo en que la economía había cambiado las reglas del Gran Juego mediante la reificación constante del deseo.

Y es que, ¡quien lo diría!, ya en 1994 y, lo que resulta aún más asombroso, desde hace muchos años antes según aseguraban algunos viejos del lugar, se había producido la “disolución entrópica del individuo en inmensas masas líquidas llamadas corrientes y su liquidación burocrática”, lo que hacía casi imposible abrir brecha en “los condicionantes mercantiles de los signos y las ideas” [10]. El urbanismo, por su parte, se había encargado de domesticar la ciudad reduciéndola a un enorme centro comercial, haciendo casi imposible la deriva; y hasta la imaginación “ocupa un ministerio adjunto en el poder y rige sin competencia en el mercado”, y esas eran casi las únicas funciones que le quedaban. Pero ese casi no significaba un salvoconducto para la pasividad y el abatimiento, sino para el todo de la verdadera vida; no, “la crítica de una cultura entendida como espectáculo es un paso necesario para el reconocimiento de la alienación presente, pero debe ir pareja con la experimentación de nuevas formas de relación e intercambio simbólico que permitan hacerle frente”, por lo que lejos de regodearse en el diagnóstico lúcido pero también cómodo y estéril tiene que llevar a la superación del marasmo sensible y sensitivo que ha forjado la dominación. Aparte de la experiencia cotidiana de la poesía por medio de la estética de la percepción y sus aledaños (derivas, iluminación profana, etc), esta guerra al espectáculo en el campo de batalla que parecía más favorable a sus intereses [11] pasaría por la reconsideración de la creatividad, que tradicionalmente se ha identificado con las prácticas artísticas, y por el atentado estético y la guerrilla cultural. Ambas tácticas, como ya sabían los situacionistas, no se concebían como herramientas autosuficientes, sino que su triunfo final hubiera sido “unir el potencial revolucionario del arte y la cultura a la actividad de los revolucionarios”, y su honor el haberlo intentado.

En cuanto al problema de la creatividad, lo que interesaba a Luis era ante todo la energía del acto creador, entendido como tiempo robado a los dispositivos del ocio dirigido, y liberado tanto de la dictadura del canon como de la rentabilidad del mercado. En consecuencia, importaban mucho menos las cuestiones formales o cualitativas de la obra en sí, pues “en nuestra iconoclastia podíamos prescindir de la realización virtuosa y del culto a la imagen” [12]. A partir de esta premisa se descifra mejor la atención esperanzada hacia experiencias de “imaginación colectiva” como el graffiti, el elogio interesado de las técnicas que hipotéticamente ayudarían a que todos hicieran la poesía como el copy-art, y las campañas quijotescas de Industrias Mikuerpo para lanzar la red de creadores o el Artesaldo: estos juegos de guerra no pretendían sino “abrir espacios de intervención social desde la cultura ensayando nuevas formas de producción, recepción y gestión simbólica”. Y si digo “quijotescas” es porque así es el esfuerzo que supone enfrentarse a los gigantes muy reales de la vanidad y de la ambición, que por desgracia siguen existiendo, como rémoras o excrecencias del pasado que se quiere abolir, en toda persona que ensaya la creación a pesar de que no se considere artista, que lo niegue incluso… o quizás por ello mismo. Como se comprobará, el propio autor reflexiona sobre esta deriva indeseable, por lo que solamente me gustaría añadir que un continuo infortunio parecido, pero también una esperanza análoga que merecía la pena avivar, acompañó e inspiró la actividad de Amano como fanzine. En efecto, Amano apoyó sistemática y generosamente a toda la prensa marginal para consolidar una red de fanzines que se hiciera consciente de sí misma, es decir, que a pesar de la diversidad irremediable e irrenunciable cada publicación se sintiera parte de un mismo movimiento, y que ese movimiento fuera verdaderamente marginal, en el sentido de enfrentado por su propia esencia al espectáculo, en cuanto que ensayaba lo que podría ser la libre comunicación de una sociedad liberada. De ahí artículos como “Tú mism@: manual de fanedición”, una verdadera llamada a las armas para montar uno, dos, mil fanzines que fueran las flores del mal y las cerezas envenenadas de un mayo eterno, o la sección de publicaciones, calidoscopio nada ecléctico, sino muy estudiado, donde se pasaba revista a un amplísimo arco temático: mail-art (P. O. Box), poesía visual (Stidna!), cómic (TMEO, El Cosmonauta Eléctrico), punk (Suburbio), contrainformación y anarquismos varios (Resiste, El Acratador, Molotov, La Lletra A)…y hasta cierta emanación de la cultura basura (¡Mondo Brutto!) que parecía tener algo que decir sobre cómo era la vida en el vertedero. El objetivo era una vez más que los unos leyeran a los otros, las ideas fluyeran y la pasión se contagiara, pero que esta conspiración desde la fanprensa era un bello gesto más que una realidad cierta lo sabía el propio conspirador, que ya se encargaba de arrojar un poco de agua fría a la olla a presión de la ideología fanzinera en un texto del nº 9 de Amano, donde avisaba contra los que pensaban el fanzine como un meritoriaje para escalar las altas cimas profesionales de la industria del entretenimiento [13].

Otro tanto, en lo bueno y en lo malo, se podría decir del atentado estético, que buscaba nada menos que “señalar una contradicción estructural del sistema, denunciar los actos fallidos del lenguaje público, promover la agitación psíquica, crear líneas de resistencia y herramientas de crítica, delimitar el espacio privado o marcar el espacio conquistado, etc.”. Puesto que estas páginas recogen buenos ejemplos de estos atentados y de su genealogía, me limitaré a comentar dos elaboraciones especialmente significativas que estaban además intrínsecamente relacionadas: las acciones de violencia mental amparadas en Luther Blissett y la Huelga de Arte. Sobre el primero, la evolución, equívoca como poco y más bien muy decepcionante de su original italiano, seguramente ha desprestigiado la labor de sus replicantes, pero me parece que en el caso de los hispanos existían condicionantes peculiares que le daban una dimensión distinta y de mayor interés. Aparte del valor específico que puedan tener acciones como la de interrumpir la visita oficial de una Infanta en una inauguración de ARCO, me refiero al hecho de que brotaron “luthers blissetts” de base en sitios insospechados y entre gente bastante ajena a las facultades de Bellas Artes, sin duda algo toscos pero por ello mismo capaces, como se comprobará más adelante, de cruzar la fina línea de sombra que separa las páginas satinadas de cultura de las amarillas de sucesos y crónicas policiales [14]. En cuanto a la Huelga de Arte, hoy puede parecer también una aventura frívola y artística, pero para los que recordamos su gestación y participamos en alguno de sus asaltos la percepción es muy otra. Hay que leer (o releer) un texto como “Por una huelga espectacular”, para saborear y hacerse una idea de la urgencia y el peligro de esta iniciativa, que mezclaba la arrogancia situacionista con el profetismo milenarista para condenar a una muerte inexorable al espectáculo. Todo era posible, parecía en efecto que se podía parar el circo artístico y cultural para abrir un debate sobre el papel del arte contemporáneo en la producción de mercancías, y sobre la existencia de una potencia creadora universal que estaba siendo, que siempre había sido confiscada por la figura sagrada del “artista”. Muy al contrario, “la Huelga de Arte no es una huelga de artistas”, pero tampoco de anti-artistas que se olvidaran de que la creatividad existe; y “la Huelga de Arte no es una huelga de silencio”, porque consideraba el sabotaje como herramienta idónea contra las galerías y exposiciones esquirolas; y, en fin, “la Huelga de Arte no es una huelga de producción”, sino de consumo. Tres condiciones que bien podrían hoy inspirar nuevos modelos de lucha contra los roles especializados [15], la pasividad disfrazada de participación o no, el consumo incesante.

Como era de rigor, tampoco la Huelga de Arte se iba a librar de su correspondiente vacuna anti-ideológica, y sus ilusiones, una vez inservibles como conductor de energía, serían diseccionados en “Una inmensa acumulación de nada. Una mirada de lechuza sobre la huelga de arte 2000-2001”. De cualquier manera, y para que no quedara ninguna duda de qué va todo esto, en este artículo se asocia la Huelga de Arte con la huelga salvaje, y esta, “desarrollada al margen de los sindicatos, no es un simple parón productivo de carácter excepcional que apunta a ciertas reformas expresadas en su tabla de reivindicaciones, sino una situación insurreccional que reclama una transformación radical de las condiciones existentes”. Así que volvemos al punto de partida, centro neurálgico que nunca hemos perdido de vista: el objetivo último y el anhelo primero de Industrias Mikuerpo era asociar las franjas del “arte” más marginales y más (aparentemente) a la contra (mail-art, poesía visual, terrorismo poético…), con los colectivos e individuales anarquistas, okupas, punks, y toda la nebulosa contestataria de movimientos sociales que saldría de la topera en Seattle y Génova con todas sus luces y sombras; en definitiva, lograr el viejo sueño de rimar en un mismo movimiento revolucionario la acción y el sueño. ¿Se logró? ¿Y ese sueño, era tal o pesadilla? Bueno, ya explica Luis que “todavía no estábamos a la altura de poder conectar las fuerzas subversivas del arte con los movimientos sociales en cuyo ámbito nos desenvolvíamos, pero aunque solíamos encontrar cierta incomprensión considerábamos irrenunciable esta tarea”. Es verdad que esa incomprensión se mostró terca y parecía irrompible, pero en algunos momentos las barreras entre los dos mundos se rompían, y desde los dos lados [16]. Y aunque entre ambientes tan distintos se tensaba una desconfianza mutua, y el aislamiento y la especialización existían como ahora, no es menos cierto que había también curiosidad, atención y hasta promiscuidad (estrictamente intelectual por desgracia), lo que explica que radikales livres como el de Acción directa sobre el arte y la cultura o los refritos hipervitaminados de Hakim Bey fueran leídos atentamente en los círculos más impacientes que se estaban reuniendo bajo la bandera insurreccionalista, por lo menos por algunas personas, en algunos momentos, evidentemente entre muchísimas cosas más. En este proceso tuvo un papel clave Amano y Literatura Gris y el Archivo Situacionista Hispano, y creo no equivocarme tanto si digo que no sólo en la transmisión de la versión “ortodoxa” o “política” de la I. S. [17] . Me parece que también algunos presupuestos del atentado estético como el juego, el humor, la transformación poética de la existencia, la creatividad personal como antídoto de la cultura dirigida, interpretados de la manera que tenían que ser interpretados por los que no eran artistas ni maldita falta les hacía, pudieron filtrarse en otras tácticas y otra mentalidad ya sí plenamente de acción directa [18]. Otra cosa es lo que sucedió después, acaso inmediatamente después, y puede que hasta a la vez.

En fin, para entender qué cosa fue la cosa que sucedió hay que releer una nota editorial sin firma aparecida en el nº 2 de Maldeojo sobre los límites del accionismo, y en especial de la acción estética cuando esta empezó a mutar en la llamada acción simbólica, malentendido acaso inevitable pero sumamente dañino. Porque un libro de cocina poética como el folleto Acción directa sobre el arte y la cultura podía sugerir la interrupción de la corriente de imágenes conductistas del espectáculo mediante la imaginación realizada en la calle, para revelar su vacío y, con un poco de suerte, suspender el espíritu del paseante haciéndole intuir que existen otros mundos en este tan espantoso, pero semejante ejemplo de revolución por otros medios no trataba de suplantar los medios revolucionarios habituales, sólo ser su complemento. En cambio, la acción simbólica empezó a tomarse demasiado en serio, olvidó la necesaria modestia, se emborrachó de entusiasmo y del presunto éxito que le empezaban a brindar las cámaras de televisión, y pasó de considerarse una forma de lucha a ser La Lucha que estaba a la altura de nuestro tiempo posmoderno. Imposible por tanto que pudiera agotarse en sí misma, que no fuera usada por nadie más que por sus protagonistas, que se justificara en su espléndida inutilidad, sino que era imprescindible convocar a los periodistas, pasar no a la acción sino a la performance, dirigiéndose no ya al cómplice, al compañero o al simple paseante, sino al espectador que todo lo ve desde su pantalla de plasma porque todos contribuimos a ponérselo en bandeja de hojalata. Detrás de tanto desvarío estaba la ilusión de que se podía cabalgar al tigre de los medios de comunicación y de las instituciones, ser más listos que ellos, manipularlas en nuestro provecho, jugar con sus posibilidades técnicas, colar el mensaje por sus entresijos imperfectamente sellados… ilusión perniciosa, pero también comprensible, que iba a llevarnos demasiado lejos por el camino casuístico de las componendas, en concreto hasta la famosa exposición Desacuerdos, donde la “creatividad difusa” bailó la danza de los siete velos ante el poder, le cortaron la cabeza y de ella nunca más se supo… aparentemente. Pero hay que reconocer que el nombre de la exposición del 2005 en Barcelona fue muy acertado, pues ya desde el ensayo general que supusieron los talleres De la acción directa como una de las bellas artes [19], realizados también en el MACBA cinco años antes, fermentaron y estallaron no sólo desacuerdos, sino discusiones, enfrentamientos y, en fin, rupturas más o menos dolorosas, más o menos necesarias, más o menos estériles entre las mismas personas y colectivos que habían defendido y practicado estos métodos.

Y si la infatuación del accionismo simbólico terminó por envenenar un ambiente propicio al mismo, qué se podía esperar de los medios directamente “políticos”, donde estos métodos nunca habían gozado precisamente de una aceptación general: así nació un amargo rencor hacia lo que fue interpretado como payasadas ciudadanistas e intentos de recuperación del “artistariado”, creándose una confusión lamentable con las posibilidades de verdadera subversión que ofrecía el arsenal de la poesía por otros medios [20]. Ese rencor y esa confusión duran hasta hoy, y son tanto más lamentables cuanto que hubo un tiempo en el que poesía y acción hablaban el mismo lenguaje, o empezaban a hacerlo, y hasta puede que un eco psicofónico de esa conversación llegue todavía hasta nuestros días a través de nuevos conspiradores como La Felguera, Huérfanos Salvajes o los Críticos Crónicos [21]. Pero para entender los errores del pasado hay que acordarse y comprender también cómo podía influir en estas actitudes la difusión de aquellas teorías que exaltaban a los trabajadores postindustriales y al común de los ciudadanos, como poseedores de un mundo inagotable de riquezas ocultas que la economía robaba para sobrevivir, pues era la vida la que se había puesto a trabajar y no tanto las máquinas. Hablo, claro está, de antes de la Era del Bloom, y parece que han pasado mil años y no diez cuando estábamos rodeados de prodigiosas subjetividades que compartían su inteligencia para producir un sinfín de maravillas inmateriales que solamente la maldad, qué digo, la mera torpeza del poder estropeaba, al ponerles un precio en vez de dejarlas corretear libres y salvajes cual mp3 en el Soulseek. Lo que hicieran esas subjetividades con sus afectos y deseos y cuerpos parecía dar igual, fueran tristes imbecilidades dignas de un reality show o campañas de lavado de imagen de una multinacional cualquiera, igual que parecía dar igual que esa multiplicidad afectiva tuviera un defecto de fábrica clamoroso, pues en efecto la pantalla del espectáculo nos devuelve formulaciones aceptables de todos los deseos. De tan pésimos principios se dedujeron conclusiones aún más contraproducentes, como la triste cantinela que insistía en la dificultad moral que tenía el trabajador inmaterial a la hora de sabotear una labor que se basaba en la autoexplotación de sus afectos y deseos más íntimos, lo que podría explicar tal vez la increíble mansedumbre de tanto becario, de tanto neoprofesional, de tanto creativo mileurista durante los últimos años. Sin embargo, Paolo Virno y demás tenores del general intellect tenían parte de razón en su diagnóstico, en cuanto que la economía ha ampliado su campo de batalla y sus métodos de producción, al menos en el primer mundo, sin entrar a discutir qué sucede con las bases materiales y la energía que permiten soportar tanta inmaterialidad, y que existen deseos y emociones de los que el espectáculo se apropia pero no siempre prefabrica, pero en vez de proponer a partir de aquí una guerra total contra el totalitarismo económico que estaba expropiando nuestra vida pública y privada, se cayó en una vanidosa complacencia, por la que parecía que el ciudadano-espectador aceptaba con sumo gusto solucionar la crisis de la imaginación del espectáculo de la que hablaba Luis Navarro. Es lógico que semejante ideología segregara la forma de lucha que mejor le correspondía, y que ese accionismo terminara dirigiéndose a los mass-media, obsesionándose por ser acogido en su regazo, por alimentarlos a fin de cuentas [22].

Ya que volvemos a mentar a la bicha, de ella y de las nocividades que genera en el medio radical es justamente de lo que habla “No veis lo que está pasando”, publicado en Maldeojo nº 1. Este texto, además de poner en duda que la célebre horizontalidad y democratización de la comunicación de Internet consiga cerrar la boca del monólogo del poder [23], describe el paso de la fase pasiva a la activa del espectáculo, por el que las personas participan libre y voluntariamente en los mecanismos de estupidización y amaestramiento que parodian la vida real, degradando toda experiencia en número de circo: gracias a tan exitosa domesticación, ya no sólo tenemos un policía dentro de nuestro cuerpo sino también un periodista y un paparazzi y una presentadora de televisión y un concursante de Gran Hermano y un publicista, sobre todo un publicista de uno mismo y de todo lo demás. Por otro lado, el espectáculo hoy no se contentaría exclusivamente con la distorsión de la realidad mediante la proyección de noticias falsas y de simulacros materializados en las fantasías de las mercancías, sino que directamente delira, inventa, fabula, crea esa realidad, como una performance permanente que nos sumergiera en su realidad paralela. La experiencia irrealista de estos últimos años con las fábulas de Bush, el terrorismo espectral, la economía-ficción, la locura científica y las quimeras transgénicas, parecen darle la razón. Y sin embargo, y a diferencia de otras interpretaciones, la critica de Luis nunca rompió las amarras con esa realidad que nunca puede ser completamente abolida, como tampoco lo es la verdad, porque entonces se caería en la trampa de limitarse a denunciar “la situación ideal que estos medios define como propia y de sus contradicciones con el mundo real, el mundo de la vida”, cuando “éste sigue gobernado por el conflicto” [24]. Tampoco queda abolida la economía, y como se comprobará leyendo los textos de este libro, una virtud de su reflexión es no olvidarse de que el espectáculo, la dominación, la atenuación de las formas-de-vida, la megamáquina que se rebela contra su progenitor, la mala cabeza del Hombre de Neardenthal, o lo-que-sea, no son abstracciones sin rostro humano o inteligencias superiores del espacio exterior que se han apoderado de nuestros cuerpos gracias al infalible Plan 9, sino que responden a unos intereses económicos y de clase muy precisos y muy evidentes; que, parafraseando a la película Excalibur de John Boorman, la pregunta a la que también hay que responder es “¿Cuál es el secreto del espectáculo? ¿A quien sirve?”, o si no, ni preguntamos ni entendemos nada. A esto Luis responde, en el contexto de la Huelga de Arte, que “es el Capital, como fuerza separada del control humano, quien se agazapa tras un encadenamiento uniforme de espectáculos que impiden retirar la mirada para comprender. Es el Capital quien admite esa metáfora como uno de sus Nombres Divinos. Y si el Capital siempre tuvo una lógica prevención hacia las huelgas, pondrá todos los recursos para eliminar los recursos que puedan cuestionar el mundo que ha construido de arriba a abajo, un mundo que se disolvería apenas retirásemos la mirada”. Me parece que en todos sus textos esta idea aletea, se explicita a veces y siempre se sobreentiende, y sería innecesario destacarla como un acierto si no se hubiera olvidado, o mejor dicho no se quisiera olvidar en nuestros días.

Por cierto que yo tampoco me olvido de terminar este prólogo. Sólo que antes de despedirme desearía que el libro que nos okupa no sea interpretado como letra muerta del pasado y munición gastada de una guerra perdida; que vuelva a repetirse la reacción que provocaba Amano en sus mejores lectores, que después de leerlo “entren ganas de hacer cosas”; que, como gritaba el cantante Abbo al final del ultimo concierto de UK Decay, este libro también gritara que “esto no es un final, es un nuevo comienzo”. ¿De qué? A esta pregunta sólo el lector podrá responder si quiere y puede, y cualquier respuesta será mejor que el silencio y la comodidad y el aburrimiento. Porque sigue habiendo máscaras y enigmas hasta que la última máscara revele el último enigma.

A fin de cuentas, lo que no nos da la gana olvidar es que el problema más urgente sigue siendo combatir la dictadura en el mundo.


NOTAS

1 Como luego nos explicaría, se trataba del texto que abría la revista, «Los días en rojo: por un proyecto político de vida poética», que teorizaba sobre la acción poética como forma de agitación subversiva y de experimentación de la poesía, y el «Juego de la isla», aplicación práctica en la forma de exploración psicogeográfica de Tirso de Molina.

2 Hay que recordar que el simple y modesto homenaje a Guy Debord que incluimos en el núm. 3 del periódico ¿Qué hay de nuevo? con motivo de su suicidio, las fechas de su nacimiento y muerte y la famosa frase de «in girum noctis…», era suficiente para que algunas personas, muy curtidas en la IS y en las viejas luchas obreras asamblearias de los años 70, entraran en contacto con nosotros. Por supuesto que no éramos los únicos en manejar esas ideas, que ya en esos años 70 se habían ensayado con un fulgor difícil de igualar, que ya existía Preiswert e Industrias Mikuerpo y Stidna! y La Fiambrera Obrera y P.O. Box, o estaban a punto de existir, pero eso no lo sabíamos o no lo suficientemente. Baste esta anécdota para ilustrar el vacio informativo general en el que iba a irrumpir la labor de divulgación (entre otras cosas) de Industrias Mikuerpo.

3 Como advertía en el marco de un ciclo de charlas dedicadas a la IS., «asumir con toda consecuencia un movimiento que ha dejado de existir tan pública y notoriamente, y que jamás pudo ver realizados ninguno de los puntos de su programa, es llevar una careta o ser un fantasma. Así que, situacionistas, ni uno (…) Hoy, que ya no hay situacionistas, existe en cambio el situacionismo: es una ideología» («¿Situacionistas hoy?», en Laberinto Minos núm. 4, p. 15, Sevilla 2003).

4 Hasta el punto de que la aventura de Amano e Industrias Mikuerpo, teniendo las características inconfundibles de su principal animador, no se entiende tampoco si se pasa por alto el sello indeleble que dejaron tantos otros colaboradores, fijos u ocasionales, y particularmente los más vinculados a su origen como Alberto Conderana (a.k.a. Basilio Rivero), Jose Antonio Santos (Tomás Caro), César Otero (Blank@ Pork@), Miguel Sotos, Maite Barrera, Ana Martínez y Ana Lucas.

5 Maldeojo, «Walter Benjamin y la crítica de la dominación», en El Viejo Topo (2000).

6 El texto «Perseo dominando» lo explica mejor: «existe un punto en que toda acción humana queda procesada y convertida en tendencia del sistema. Ante cada enunciado divergente el sistema elabora un reflejo invertido del mismo que lo incorpora y lo disuelve como tal diferencia. Pero existe también el momento de la diferenciación consciente, en el que el individuo contempla el sistema en su conjunto y elabora puntos de fuga, adaptando su identidad a las fallas del discurso del sistema y promoviendo preferentemente otros subsistemas alternativos. Interviniendo la realidad a través de su representación, tal como hiciera Perseo, mediante la detournement, la performance política o el atentado estético, el individuo o el grupo social participa en la construcción de los supuestos que rigen el entorno sociocultural».

7 Aunque su contribución más conocida sea la traducción y publicación de las dos revistas citadas, Amano y Literatura Gris prestaron atención a otros nombres más actuales, Not bored! o Ken Knabb, que se salían ligeramente de la foto. Tras el cierre de otras actividades, Literatura Gris se ocupó también de llevar adelante el archivo y la página web de Altediciones, un intento de configurar una red de distribución alternativa, con criterios y márgenes distintos, a partir de la cooperación entre pequeñas editoriales y distribuidoras antiautoritarias de todo el estado español: Alambre en la Cintura, Acuarela, Alikornio, Almargen, Etcétera, Likiniano Elkartea, Literatura Gris, Muturreko Burutazioak, Octaedro Límites, Pepitas de Calabaza, Précipité, Traficantes de Sueños y Virus).

8 “MIESKELETO. Mapa conceptual para hablar de Mikuerpo años después”. Todas las citas que no aparezcan referenciadas se refieren al boceto para la realización del libro elaborado por Mikuerpo.

9 No se era joven impunemente durante los años 80, y la Movida existió incluso para los más conscientes de sus insuficiencias. Quede para el anecdotario que el lema del programa de radio que nuestro amigo animaba en el pueblo conquense de Las Pedroñeras era “contra la movida madrileña, vino de Valdepeñas”, lo que no quitaba para que, junto a los grandes éxitos del punk y del rock radical vasco, se pinchara no sólo a Parálisis Permanente o Ilegales, lo que puede ser lógico, sino también a UA, La Mode o Décima Víctima. Y más allá de las anécdotas, conviene recordar que tenían razón los que decían que la Movida era un timo porque todo el mundo decía ser artista: esa idea o consigna de genialidad generalizada (y sinvergüenza), al alcance de cualquiera que se lo propusiera, fue (aparte de cierta liberalización de las costumbres) posiblemente su legado más digno, que no la redime de otros muchos efectos perniciosos, pero sí matiza una influencia que (y esto también es inexorablemente cierto) no puede ni tiene por qué ser comprendida ni compartida por las generaciones anteriores y posteriores que no la vivieron.

10 «De antemano», en Amano núm. 0, octubre 1994.

11 Gracias precisamente a la contribución histórica del arte, e incluso a su pesar: léase sobre esta cuestión “No hay arte que valga. La voluntad de crear en la época del artificio”.

12 El precio a pagar de esta iconoclastia sería el sacrificio del estupefaciente imagen y, en consecuencia, del poder perturbador y visionario que se supone al arte mágico, única forma de investigación y de expresión creativas que podría tal vez escapar al desencantamiento de la economía y al embrujo del espectáculo. Como no hay magia negra ni roja ni blanca que al parecer pueda con la transparente del espectáculo, queda legitimada y disponible como hipótesis de trabajo la apuesta de Amano: oponer a la Imagen unívoca que coloniza los imaginarios una oleada de imágenes, no importa cuáles ni de qué tipo, con tal de que sean propias en vez de teledirigidas, autoproducidas en vez de consumidas.

13 Ante estas fantasías oportunistas, el texto se reafirma en que «el fanzine es además y sobre todo un elemento de desorden, y habría que responder con ese desorden a la manipulación institucional de los medios y a la compra dosificada de energías revolucionarias, que es algo así como la PSS de los insumisos culturales» («¿La vida artificial es vida inteligente?», en Amano núm. 9, 1997). Las reflexiones allí contenidas partieron de la participación en un debate sobre el fenómeno de fanedición en la FNAC de Madrid, propiciado por la presentación del libro De espaldas al kiosko. Guía histórica de fanzines y otros papelujos de alcantarilla, en el que Mikuerpo participó junto a Buitre No Come Alpiste, Mondo Brutto y Subterfuge.

14 Sobre las contradicciones de los nombres múltiples, léase «Luther Blissett en España», un distanciado pero imprescindible balance crítico que el propio Luis Navarro aplica a una de sus máscaras más queridas.

15 Y pienso en concreto en el rol de obrero/proletario, que aliena al resto de explotados de su propia explotación, al no considerarse exactamente como obreros, y por buenas razones, para no considerarse nada en absoluto que pueda poner en cuestión la fantasía de que ya hemos llegado a la sociedad sin vencedores ni vencidos. Y es que la mayor victoria del diablo es hacer creer que no existe.

16 A este respecto me es imposible no recordar aquel puesto del Rastro antes citado, donde se reunían desde brillantes adolescentes anarquistas a punto de contagiarse de rabia hasta poetas presuntamente malditos, desde apuntadores del subsuelo hasta franceses que huían del mundo industrial, desde una punkette que admiraba “la caña surrealista” (fuera eso lo que fuera) hasta Elvis Pérez administrando vitriolo en viñetas, o Lusmore y sus ilustraciones anarco-góticas. Estas relaciones peligrosas se extenderían al taller-lectura pública de La sociedad del espectáculo organizado en Traficantes de Sueños en su antiguo local de la calle Hortaleza, las charlas y debates en la Librería Periferia, o incluso la fundación de la revista Maldeojo, ambicioso intento de puesta al día de la teoría situacionista que introdujo también la crítica anti-industrial cuando todavía ignorábamos, algunos de nosotros al menos, que no era exactamente un enriquecimiento renovador de ésta sino su refutación en el escenario de la catástrofe tecnocientífica. Sea como fuere, uno de los mayores títulos de gloria de Maldeojo fue sin duda su participación (no precisamente desdeñable) en el árbol genealógico de Los amigos de Ludd.

17 Como se puede leer en un texto que hace balance de tan agitada época, “la teoría situacionista, accesible por primera vez en español gracias al esfuerzo de Literatura Gris, también causó un fortísimo impacto ente nosotros” (“La epidemia de rabia en España”, segunda parte, por Los tigres de Sutullena, revista Resquicios núm. p. 31).

18 En este sentido, puede ser significativo señalar que una de las acciones estéticas documentadas en Amano fue realizada por la misma persona que más adelante tendría un papel destacado en Conflicto, una de las publicaciones más inteligentes de las cercanas o influidas por el insurreccionalismo.

19 En un documento justificativo de estos talleres, los organizadores explicaban que «ahora sucede, para nuestra sorpresa, que el Macba ha contactado con la gente de la fiambrera, que hasta la fecha no hemos hecho nada de nada para instituciones de ese pelaje, para que montemos una especie de “taller” en que nos explayemos sobre el tipo de cosas que nosotros entendemos como arte político relevante» (…) Tras el primer mosqueo y ante la evidencia de que no era broma, decidimos plantearles lo que haríamos sabiendo que eso era poco habitual, para ser suaves, en un contexto como el del Macba. Lo que les planteamos fue un proyecto de taller en que hablaran al mismo nivel reconocidos grupos de arte político comprometido con conflictos bien reales (…) juntamente con los «correspondientes» movimientos sociales de Barcelona... se trataba, obviamente, de desactivar el juego de que vengan artistas de lejos a contar aquí en un museo lo que ellos hacen y que eso deje en buen lugar al museo sin afectar para nada a la gente de acá». Con lo que suponemos que era mera inocencia, el texto termina diciendo que «para nuestra sorpresa la gente del Macba ha aceptado nuestra propuesta».

20 Como botón de muestra, el «Taller de Investigaciones Subversivas UHP» puntualizaba que «el poder se vacuna, asume pequeñas dosis de rebeldía y demuestra que hay sitio para todos y todas bajo su paraguas. Plantillas realizadas en las pulcras paredes de los templos del arte, manuales de robo anclados a una mesa para que nadie los trinque, propaganda sobre la precariedad en la casa de los precarizadores, etc.» («Desacuerdos: un insulto a la memoria y a la inteligencia», 2005). Se comprende que este panfleto denunciara con tanta ira que «nunca pensamos que observaríamos un ejemplar del Manuscrito encontrado en Vitoria metido en una urna de cristal, con el aliento de un guardia jurado a nuestras espaldas y una cámara apuntando a nuestro cogote».

21 Aparte de realizar acciones tan gozosas como festejar la apertura imaginaria de las puertas secretas del subsuelo de Madrid, con la consecuencia real de una deriva masiva e improvisada, evidentemente interrumpida por la policía, la siembra por las calles de Móstoles de un «suicidio masivo de juguetes abandonados» y de «espantapájaros que se te vienen a comer a tus hijos», o la quema pública de dinero en una concentración contra la crisis económica, porque «en el mundo que todavía llevamos en el corazón existirá el baile, pero no el dinero», estos colectivos parece que han sabido reorientar su vuelo en la dirección primigenia. Quizás por ello sus miembros no se contentan con estos actos de subversión vital, ni los consideran por encima de todos los demás, sino que participan en la lucha antifascista, redactan textos que intentan analizar la realidad, o acuden a manifestaciones tan poco culturales como la que se convocó en Madrid en diciembre pasado en apoyo de la revuelta griega, sin ir más lejos. Ya se sabe que estas formas de combate político no son las únicas, ni tal vez las mejores, pero sin duda son ineludibles para impedir que la práctica de la acción poética se separe de su sentido último revolucionario, lo que de todas maneras no disipa las últimas dudas: cuando Ñaque, fanzine emanado de Huérfanos Salvajes, se presentó en la sociedad internauta, fue recibida en alguna página anarquista al celebérrimo y nada halagüeño grito de «¡¡¡…que vienen los artistas!!!».

22 Había que oír a algunos activistas cómo se alegraban, o se encogían de hombros comprensivamente, cuando se les hacía notar que esta o aquella táctica de guerrilla cultural había inspirado un anuncio televisivo o un gag de una sitcom. ¿Acaso no aprovechaba la economía todas nuestras facultades conscientes e inconscientes? ¿Qué había entonces de malo en que reflejara también nuestras estratagemas? ¿No serviría para colar de matute nuestras reivindicaciones? Claro, visto así… pero preferiría que no lo hiciéramos.

23 Poner en duda no significa descartarlo por completo: aunque «nunca cupo esperar que ningún progreso tecnológico fuese capaz de constituir por sí mismo un progreso social», con Internet se abre «un nuevo espacio de lucha, ni más virtual que la caligrafía ni menos real que el Ministerio de Defensa». Crítico de la técnica sin ser tecnófobo, Luis Navarro incorpora en todos sus textos una disección muy pertinente de los efectos casi letales, pero nunca definitivos, del acondicionamiento técnico en la imaginación y la sensibilidad humanas, aspecto éste que no siempre queda suficientemente reflejado en otras aportaciones (véase un excelente y reciente ejemplo de ello en «Encanto, hechizo, truco. Sobre el destino de la Magia en la época Tecnológica», Salamandra núm. 17-18).

24 «No veis lo que está pasando», Maldeojo núm. 1, p. 26, Madrid 2000.
Acción estética Acción postal Adolfo Marchena Aeron Bergman y Alejandra Salinas AIR Aitor Onaindía Al-Ma Alabastro Alan Turner Alberto Conderana Alejandro Thornton Amador Savater amanita Amano 0 Amano 1 Amano 2 Amano 3 Amano 4 Amano 5 Amano 6 Amano 7 Amano 8 Amano 9 ambos Ana Lucas Ana Ortega Andrés Morte Angela Serna Anki Toner ANNA ANO Antonio Cantarero Antonio Dantas Antonio Gómez Antonio Langoyo Antonio Nelos Antonio Orihuela Antonio Pérez-Cares Añino Archivo Situacionista Hispano Arte Correo Arte Marrón Arte por fotocopia Artesaldo Asger Jorn Asociacione Psicogeográfica de Bologna Barry Smylie Bartolomé Ferrando Basilio Rivero Bertold Brecht Bill Brown Blues Visto Bob Jones BOEK Buitre No Come Alpiste Bureau Of Public Secrets Carles Hac Mor Carlos Barona Carlos T. Mori Carmen Cámara CCPLNDVCTDE Cecilia Cruz Olivares César Figueiredo César Otero César Pesqueras César Reglero Chema de Francisco cine citas y referencias Clemente Padín Coe Col.lectiu Reçerca collage cómic e ilustración Coordinadora de artistas kontra el Arte Corpá Cristina R. Alcalá crítica cultural crítica social Cuadernos Itinerantes Damego Dana Crane Dave-Baptiste Chirot decolage Demon Lugman deriva Dirk Schwarze Domingo Mestre Dorian Ribas Marinho Dragan Zivancevic Dug Brent E. A. Graphix Edgar Prodeo Edgardo-Antonio Vigo El Bellotino de oro El Club de los Estetas Patéticos El Cosmonauta Eléctrico El Lissitzky el relato El Terrible Burgués Elena Cabrera Elisa Velasco Elvis Pérez Emerenciano Encuentros por la Humanidad y contra el Neoliberalismo Encyclopédie des Nuisances entrevistas Eugenio Castro Extraños con Linternas Fanzine Amano fanzines Fausto Grossi Fernando Aguiar Fernando García Delgado Fernando Márquez Fernando Martínez Fernando Millán fotografía Foucault Genealogía de la prensa marginal española Gil G. Wolman Giordano Genghini grafiti Grupo Redondo Grupo Surrealista de Madrid Gustav Metzger Guy Bleus Guy Debord Hakim Bey Hans Braumüller Huelga de arte Ibirico Inismo Internacional Situacionista J. Seafree Jean Terrosian Jesús Camarero John Bennett John Held Jr. Jorge Matamoros Jose Luis Campal José Luis Castillejo José Manuel Rojo José Manuel Vázquez Juan Angel Fernández García Juan Angel Sáiz Manrique Juan José Espinosa Vargas Julia Masvernat Kalvellido Kamen Nedev Karen Eliot Ken Knabb Kike Babas Kike Turrón Kiki de Noche Koldo Guinea komandos de acción kultural anónima (kks) La Compañía La Guerrilla La Más Bella La Voz de mi Madre Laboratorio Excéntrico Laura Baigorri Lautréamont Lesoj Literatura Gris Lluís Guiu Soler López de Ael Los Incontrolados Luis Navarro Luis Ruid Lusmore Luther Blissett Mabel Quiñones Macromassa Maite Barrera Maldeojo manifiestos Manuel Almeida e Sousa Manuel Portela Mari Luz Bermejo Merz Mail Miguel Amorós Miguel Guzmán Misola Dorela mitopoiesis Molero Prior Monty Cantsin muerte del arte Mumia Abu-Jamal Mundo Corvo música experimental Narradores de la red Nel Amaro Nelo Vilar neoísmo net art Nidia Palomo Nietzsche Nikolaus Marr No Copyright nombres múltiples Not Bored nuara nuevas tecnologías Obra/Abre Orfilia P. O. Box Paul Nougé Pedro Gonzalves Pere Foix Pere Sousa performance Phayum pintura plagiarismo poesía visual Poetas desenchufados Preiswert Arbeitskollegen Producciones Imposibles prospectos del Laboratorio psicogeografía radikales livres Raffaelle Gallucci Refractor Resistencia Vírica Ribota Richard Paget Robert Filliou Roger Sesan Sign'zine Silvia Díaz Chica Sotos Spencer Selby Stewart Home Stidna Timothy C. Mayo Tomás Caro TOTEM Traficantes de Sueños United Artists Of The Museum Vda. de Blissett Vicente Muñoz Victor Zygonov Vittore Baroni Von Beetfarmer DeBoring Vanaygum y Poe Vórtice Walter Benjamin Wilderness Wu Ming Yolanda Pérez Herreras zaj