Mostrando entradas con la etiqueta Grupo Surrealista de Madrid. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Grupo Surrealista de Madrid. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de febrero de 2011

Orígenes del artivismo


/.../ Precisamente porque el horizonte es la recuperación de TODO el sistema comunicativo, lo que se propugna desde Preiswert son fórmulas mínimas, fáciles, baratas, de intervención que posibiliten el contagio a toda la sociedad de una actividad de reapropiación de los canales y de los lenguajes. La imagen fotocopiada, el texto aplantillado, la sutil - menos medios, mayores resultados - distorsión de la valla publicitaria, la recalificación, en fin, de cualquier canal de comunicación, género artístico u objeto de uso o de consumo, son así, hoy por hoy, el ámbito de la actividad Preiswert. [Pepi Osborne Camarasa: “Preiswert Arbeitskollegen”, en la revista Aullido # 2, otoño 1995].

Preiswert fue el héroe de los orígenes, el meme que infectó mikuerpo e inspiró la diseminación de industrias. Nos interesaba su objetivo humorísticamente desmesurado de reapropiar para la colectividad la totalidad de los canales y los lenguajes antes de disolver la actividad Preiswert en la acción de las masas; su énfasis en la acción anónima y colectiva, que rehuía “el trazo, el rastro, la firma aurática”; la economía de medios con que trabajaban “haciendo de necesidad virtud”, procurando la máxima comunicación para el mayor número de personas con la mínima concentración de medios y de esfuerzo; su uso con este fin de la estrategia situacionista del desvío, el reciclaje de mensajes previos en un nuevo contexto; y nos interesaba su concepción de la acción paradigmática, “contagiosa”, “la idea de ejemplificar con qué poco se pueden reocupar los espacios que le han sido usurpados a la comunidad por los medios de comunicación”. 
 
Otro de los referentes de aquellos años en Madrid era la actividad subterránea del Grupo Surrealista, con quienes iniciamos un vivo debate y una colaboración estrecha, y su concepción de la acción callejera.

En efecto llevamos a cabo una serie de acciones que nosotros consideramos de naturaleza poética y con vocación política o subversiva, pero no se trata de accionismo estético, sino de acción subversiva y, por emplear un término vuestro, vírica, es decir, nosotros pretendemos que estas acciones sean anónimas, no las firmamos, ni siquiera con el nombre del grupo, por una razón muy sencilla: para evitar que sean inmediatamente manipuladas y consensuadas o llevadas a un terreno puramente artístico. Ya sabemos que cualquier acción que se haga en la calle y lleve una firma queda totalmente invalidada por su traslado a la galería, y si no ahí tenemos a los grafiteros. Lo que nosotros pretendemos es conciliar lo que es una forma de placer mental desarrollado en la vida cotidiana, una diversión propia y no estandarizada ni dirigida con la capacidad de convulsionar, por lo menos en un plano instantáneo, un comportamiento del público que va por la calle. [Grupo Surrealista de Madrid entrevistado por industrias mikuerpo, “Genealogía de la prensa marginal española”, en Amano # 7, junio 1997].

martes, 14 de septiembre de 2010

Los puños en los bolsillos reventados

Declaración del Movimiento Surrealista Internacional (grupos de Madrid, París, Estocolmo, Leeds y Praga) a propósito de la Marcha de Parados a Amsterdam de 1997. Publicada en el fanzine Amano # 8.

por Movimiento Surrealista Internacional

* * *

El 12 de abril de 1997, desde las cuatro esquinas de Europa, los parados se pondrán en marcha desde el círculo polar ártico o desde Sarajevo, desde Marruecos o Irlanda. Se han citado en Amsterdam el 14 de junio. Ese día, ante la conferencia intergubernamental europea, los parados manifestarán su cólera, su revuelta, su deseo de otra sociedad.

Estas marchas son un desafío al capitalismo, a su todopoderoso poder político, económico e ideológico. Si los manifestantes pueden parecer dispares en sus reivindicaciones, unos exigiendo el derecho al trabajo, otros con la consigna de la abolición del asalariado, todos piden la redistribución masiva de las riquezas.

El 1º de mayo será testigo de la abolición simbólica de las fronteras: por desgracia, no serán más que las fronteras europeas, no será más que una abolición simbólica, pero para los que rechazamos todas las fronteras este 12 de mayo será la negación de todos esos nacionalismos que pretenden de nuevo colonizar el imaginario.

Estos manifestantes atravesarán ciudades de las que los fascistas se creen los señores, acogidos por quienes dirigen la lucha contra la peste negra, demostrando con ello que es mediante las luchas sociales como puede ser vencido de una manera real su partido.

Estas marchas no sólo manifiestan el rechazo de la Europa de Maastricht y de Schengen, también son un portazo en las narices a los recuperadores social-demócratas que jugando la carta de la Europa social, están listos, en cada país, para administrar la explotación, y aprueban, como los liberales, la construcción de un estado europeo, soberbia herramienta de un capitalismo sin fronteras.

Solidarios con los indios de Chiapas, con las luchas de los asalariados de Corea del Sur y otras partes, los manifestantes quieren dejar constancia de que el internacionalismo ha resurgido, y que ya es hora de superar la conciencia parcelada de esta pseudo-identidad europea.

Son una patada en el culo al racismo, a la miseria; estos hombres y mujeres durante sus recorridos atravesarán ciudades y lugares donde la solidaridad se reinventa y donde se imaginan otros lazos sociales.

Lejos de corporativismos, lejos de las trampas que proponen los sindicatos o los partidos socialdemócratas, otros sindicatos, asociaciones e individuos, libres de cualquier atadura afirman alto y claro la necesidad de terminar con el Capital. Lejos de las divisiones políticas, los dogmas van a vérselas con multiples cuestionamientos.

Aquellos de los que ningún rico quiere escuchar la voz, aquellos que se toman y se tiran, explotados o indocumentados, aquellos cuya conciencia es el blanco de todas las cretinizaciones mercantiles, ideológicas o religiosas se apresuran a reconocerse mucho más numerosos y más determinados que hace tres años.

Si algunos se ríen sarcásticamente acordándose de los antiguos caminos de Santiago, es porque no ven que tanto aquí como allá, se inventan nuevas formas del mito libertario, es porque no han sabido nunca ver más allá del horizonte cerrado de su doctrina. Utopistas impacientes por experimentar que la verdadera vida está más allá de la idolatría al trabajo, a la mercancía o a la patria, los manifestantes trazan de nuevo caminos iniciáticos.

Damos la bienvenida a este movimiento del que nos consideramos parte.

París 8 de abril de 1997

domingo, 5 de septiembre de 2010

Todavía no se han parado tod@s

Texto publicado por el Grupo Surrealista de Madrid en el boletín de agitación ¿Qué hay de nuevo? (Madrid, 1998) con la adhesión de Industrias Mikuerpo.

por José Manuel Rojo

* * *

No hay peor esclavo que el esclavo feliz. No hay tiranía más segura que la que se soporta con alegría. Ante la proliferación de víctimas voluntarias no se puede hablar de libertad o de revolución. Hablemos, para empezar, de pesimismo: pesimismo sobre la cualidad intelectual y moral del ser humano, sobre su capacidad de rebeldía, sobre la fuerza de sus deseos. Porque hay muchas razones para alimentar ese pesimismo, que por fuerza ha de actuar como perturbación y ruido de la sintonía del sistema.

Precisamente 1997 terminó en Madrid con un ridículo “acontecimiento” que nos es muy útil como ilustración de lo que queremos decir. El 28 de diciembre se celebró la carrera San Silvestre Popular, organizada bajo el increíble lema “Movilización popular contra los excesos de las fiestas. Desafía la pereza”. Francamente, esto ya es demasiado. ¿Qué excesos? ¿Qué pereza?

¿Acaso se refieren los organizadores a los tímidos gastos extra que la clase trabajadora se permite por Navidad, como válvula de escape a los sacrificios cotidianos exigidos por el régimen del euro? El problema de los “excesos navideños” consiste en que se quedan cortos y duran muy poco tiempo. Dada la capacidad productiva del capitalismo que, reconozcámoslo sin prejuicios, es inmensa, habría que permitir el derroche desorbitado de los artículos de consumo, durante ciertas épocas del año, a modo de potlach gratuito por supuesto, y necesariamente universal, que saciara las necesidades materiales. Por otra parte, y seguramente en muy poco tiempo, la saturación del consumo actuaría como una vacuna contra el propio consumismo, restaurándole también así la noción de don o regalo desinteresado, fuera del cálculo monetario y del prestigio de la mercancía, volviendo a ser ejercicio imaginario, forma de comunicación humana, satisfacción de un deseo siempre reinventado.

En cuanto a la pereza denunciada por la San Silvestre… Hablar de pereza en el país de la economía sumergida, en el paraíso de las horas extraordinarias y de las ETTs, no es sino una broma de muy mal gusto. Pero además, ¡muera el trabajo y viva la pereza! Como se sabe o debería saber no hay dignidad, no hay belleza, no hay placer en el trabajo. En palabras de una consigna que debería proliferar cada vez más, “si el trabajo fuese cosa buena los ricos se lo guardarían para ellos sólos”. Pero, síntoma de envilecimiento y debilidad de nuestra época, decir que alguien es un “buen profesional”, no es un insulto abominable, sino un elogio.

Es que “la apología del trabajo, desde que la esclavitud ha desaparecido de la Europa Occidental, es una vieja idea de las clases dirigentes”. Es necesario pues enaltecer (encarecer) el trabajo para que así, mistificado en el “bien escaso” por excelencia, se puedan tolerar las condiciones insoportables en las que se desarrolla. Como decíamos en un panfleto repartido durante la huelga general de 1994, cuanto más escaso es el trabajo como medio para garantizar la subsistencia diaria, más se lo identifica con un fin metafísico de la existencia humana, llegándose a la definitiva deificación del trabajo como bien más alto, como deseo máximo, como ideal absoluto, como causa última de felicidad. Pero Paul Lafargue reclamaba ya en 1880 la jornada laboral de tres horas. En 1927, unos jóvenes obreros, en huelga por primera vez, proclamaban orgullosos que “estamos por la jornada de dos horas, y todavía, cuando sean dos horas, serán demasiadas horas”. Y en 1967, el grupo surrealista L’Ekart de Lyon defendía que “toda persona tiene el derecho de soñar a la luz del día, durante el trabajo, en la fábrica o en la oficina, desnudo o vestido”, lo que por fuerza implica una organización de la noche y del día, del ocio y del trabajo, en las antípodas de la que hoy se acepta como única posible.

Sin embargo, el siglo se apaga y las profecías están muy lejos de cumplirse. El desarrollo de la tecnología no deja lugar a dudas sobre la posibilidad de llevar a la práctica el fin del trabajo, que reducido al mínimo se convertiría en ese “condimento placentero de la pereza” soñado por Lafargue. Se confirma así que lo imaginario es lo que tiende a ser real (Breton), también en lo social, en lo económico. Pero el fin del trabajo supone el fin de los que dan y quitan el trabajo, y el triunfo de la tecnología anuncia la caducidad del pensamiento unilateral y utilitarista que la funda, permitiendo la superación histórica de ambos. Porque la realización de todos los deseos no sobrepasa los medios de acción actuales del hombre sobre el mundo material, sino la vieja organización social (Debord).

Es en nombre de esa “vieja organización social”, y de la clase dominante de la misma, que el trabajo forzado conoce una nueva fase de expansión y dominio a escala universal. En EEUU el tiempo libre para la comida en el trabajo se ha reducido de una hora a un cuarto, o a nada. La triste y banal propuesta del gobierno francés de la jornada de 35 horas es acogida en Europa como si fuera una utopía descabellada, mientras que en Inglaterra se aprestan a la resurrección de las workhouses. En Asia la “crisis” (que llega, como un aviso, castigo o penitencia, justo un año después del sobresalto casi revolucionario de los trabajadores surcoreanos) exige nuevos esfuerzos a una población exhausta. En África, en América del Sur…

¿Qué es entonces lo imaginario, qué es lo real? La abolición del trabajo fue el deseo imaginario de ayer que hoy se ha hecho alternativa real, mientras que, la supervivencia empeorada del trabajo no es sino la necesidad inevitable y real de ayer que hoy se ha convertido en excusa imaginaria, en impostura ideológica al servicio del capital.

No esperemos encontrar sin embargo, como arma de propaganda, la repetición mecánica del viejo discurso pseudo-religioso que cantaba las virtudes morales y moralizantes del trabajo. Junto al siempre efectivo “miedo al paro”, y confirmando que hoy todos los lenguajes se unifican en el lenguaje económico (suprema apropiación de la misma materia prima del imaginario social), las loas victorianas al trabajo han mutado en conceptos funcionalistas y supuestamente asépticos, lógicos, razonados ya que no del todo racionales, como la productividad o la competitividad, palabras sagradas que se marcan a fuego vivo sobre las conciencias. Sobre todo las juveniles. Los resultados de esta política infame están pues a la vista. Si medimos por ejemplo los efectos de los rayos JASP sobre los adolescentes, encontraremos que, según el último “Eurobarómetro” sobre los jóvenes europeos (abril-mayo de 1977), los españoles entre 15 y 24 años son los más dispuestos a aceptar cualquier trabajo, sin seguridad social, sin estabilidad, con poca paga, como sea, y dando las gracias.

Es aquí donde el deporte alcanza su punto de ebullición como instrumento ideológico. A la par que la publicidad, con la que por lo demás entra en constante simbiosis, el deporte es el gran medio de difusión e inoculación de las exigencias y órdenes de la economía. El argumento es siempre el mismo: un anuncio que asocia el esfuerzo del deportista con la explotación del trabajador que, convertido en un acto reflejo, en una caricatura degradada de la estrella que admira, acepta sin rechistar la conminación afable quien le pide que “siempre se exija más”, que de “lo mejor de sí mismo”.

Ante el poder de persuasión del deporte, los viejos altavoces del discurso del poder, la iglesia, el cuartel, la escuela se revelan como herramientas obsoletas, inservibles. Si por ejemplo se intenta llevar a la práctica ese proyecto odioso pero irrisorio de inculcar “los valores castrenses” a los niños y jóvenes, llevando a militares a los colegios e institutos, sólo se conseguirá, con la excepción de los tarados habituales, que se multiplique y fortalezca la indiferencia, el desprecio y la burla que los jóvenes ya sienten por estas instituciones desprestigiadas. Pero,que una estrella del deporte acuda a un aula, a una discoteca, que hable de sus sacrificios, de sus esfuerzos y sufrimientos, de su éxito final como recompensa mítica de todas las humillaciones, de todas las obediencias, de todas las traiciones. Veremos entonces cómo se le escucha, cómo se le hace caso, cómo se le cree, y sobre todo, cómo se le imita.

He aquí pues el factor clave de la alienación deportiva, cuya importancia decisiva para la reproducción ideológica del sistema no radica tanto en los efecto letárgicos y desmovilizadores que se deducen de su carácter de espectáculo de masas como en el cariz sorprendente de mito social, de historia ejemplar que todos los días y todas las noches pone en escena la agonía sagrada de los especialistas del dolor y del esfuerzo que lo sacrifican todo a cambio del “triunfo”. “Los madrugones de cada día a las seis de la mañana, el hecho de tener que sacar las asignaturas de segundo de INEF robándole horas al sueño, o el no poder pasar más tiempo con sus amigos o con su novio… son algunos capítulos del cuento de María que algunos no querrían leer. Ella los asume sin más”. En estos términos hagiográficos, edificantes, aleccionadores, se relata la peculiar forma de vida de una famosa nadadora, que presume libre y felizmente de su propio calvario: “Yo no me escaqueo ni un metro de los entrenamientos. Voy a tope aunque me duelan los brazos, y respiro cuando tengo que respirar”. Este es el ideal de vida que se propone y que todo el planeta asume, de rodillas ante el gran dios de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur. ¡Es realmente un dios vivo el que muestra su gloria ininterrumpida en los altares mediáticos del espectáculo integrado! Y son muchos sus oficiantes, y florecen por doquier los adeptos y los aspirantes al martirio.

El martirio. Volviendo al caso práctico del que nos hemos servido como amena ilustración, oigamos a uno de los imbéciles que participaron en la San Silvestre Popular: “Ya por el hecho madrugar y por el frío que hemos pasado combatimos la pereza, la abulia, la apatía y lo que me digas”. Masoquismo enfermizo, sumisión cobarde al instinto de muerte, odio al principio del placer y depreciación miserabilista de la existencia, obediencia ciega y fanática a la voz de mando, eso decimos porque todo eso es lo que se esconde tras una opinión así, que se ve corroborada y esclarecida por la peligrosa estupidez de uno de los organizadores: “Es impresionante la imagen de tanta gente corriendo tan temprano”. Impresionante, sí, tanto como el espectáculo de un campo de concentración o de una plantación de esclavos. Por cierto que el inevitable “mecenas” de este evento de pesadilla no fue sino la multinacional de material deportivo Nike, famosa por su explotación salvaje de la mano de obra (incluso infantil) del Sureste Asiático. El círculo vicioso siempre tiende a cerrarse cortando el hilo de la vida.

Guerra pues al trabajo bajo todas sus formas, se esconda donde se esconda, y se disfrace como se disfrace.

La palabra-llave sigue siendo hoy la desmoralización, que debe aplicarse sin más tardanza a cualquier manifestación del espíritu del enemigo. para empezar, parece completamente necesario el sabotaje sistemático de esa peste ridícula de “carreras populares”, “gincanas por los derechos humanos” y “marchas contra la droga”, cuya nocividad social es solo comparable a los trances colectivos, antesalas del linchamiento y del progrom, que se generan en los estadios de fútbol, y que en todo caso son más peligrosas que el mero consumo pasivo de las retransmisiones deportivas en tanto y en cuanto que la participación en la carrera o prueba implica una ilusión de afirmación personal, un simulacro de decisión libre, un delirio de comunión mística que inevitablemente refuerzan la asunción de los valores de la clase dominante que sustentan y dan sentido a estas demostraciones. Como medios adecuados de perturbación y sabotaje, recomendamos desde medidas agresivas como alfombrar con chinchetas, canicas o alquitrán las calzadas donde se desarrollará la carrera, hasta otras posibilidades más hedonistas y quizá más efectivas: la puesta en práctica, al paso de la carrera, de ceremonias eróticas realizadas por dos o más personas, la exhibición festiva del estado de embriaguez, la organización de fiestas irresistibles y juegos tan apasionantes como inútiles, el ejemplo provocador de durmientes entregados al mejor de los sueños, o la instalación de objetos misteriosos que despierten la curiosidad de los “atletas”, incitándoles al abandono de la prueba. Se trataría en fin de la exaltación decidida y contagiosa de los placeres de la pereza, y, por contraste, del desenmascaramiento, por vía del humor y del goce, de la nueva dictadura eugenésica de la salud y el deporte, del puritanismo y el deber.

De estas acciones subversivas y otras parecidas, en realidad muy tímidas y, si se quiere, poco imaginativas, hay que pasar sin duda a la organización de un verdadero movimiento de objeción, mejor aún, de insumisión al trabajo, que bien podría inspirarse en los métodos y experiencias de los movimientos anti-militaristas y okupas. Sólo que, instalados en el corazón mismo del sistema, en la negación del trabajo asalariado (y hasta del trabajo sin más) que funda la dominación de la economía, es más difícil, tal vez imposible, la recuperación de esta nueva y definitiva forma de lucha. Se podría proponer así el colapso de las oficinas del INEM, inundadas por miles de renuncias al trabajo, o, por el contrario, por la demanda de trabajos imposibles; el boicoteo sistemático de las entrevistas de empleo mediante respuestas absurdas y violentas al psicólogo-capataz de turno, o exigiendo condiciones desorbitadas en el sueldo, horarios, etc; la okupación de las empresas por falsos trabajadores que, una vez contratados, se declaran insumisos al trabajo, negándose tanto a desempeñar sus tareas como al abandono del lugar, librándose en cambio a la propaganda por el acto del derecho a la pereza; declaración de insalubridad pública de las ETTs, y campaña de desinfección inmediata de las mismas, mediante la creación de cordones sanitarios (barricadas, cadenas humanas, cortinas de fuego) que aislaran a la población indefensa de semejantes focos de contagio; etc.

Por cierto que hablamos de una insumisión que exija con el mayor de los cinismos la satisfacción libre e inmediata de todas las necesidades materiales y, más aún, de todos los lujos. Esta actitud irresponsable caminaría varios pasos por delante de las provocaciones de los trabajadores franceses, por otra parte gratas y estimulantes (“autoinvitación” en hoteles y restaurantes de lujo, saqueo de supermercados, anulación del peaje de las autopistas), en el sentido de que la “tragedia del paro” no se utilizaría ya como coartada, como reclamo lastimero, que no se trata de reivindicar un puesto de trabajo porque se niega el trabajo: los invitados al reality-show se niegan a contestar las preguntas del entrevistador, el público abandona el escenario, el espectáculo se apaga.

En este sentido, no hay que temer sino más bien desear y provocar la incomprensión del resto de la sociedad, la hostilidad incluso, porque tal incomprensión, tal hostilidad, tal escándalo, tendrán un efecto desmoralizador sobre las verdades indiscutibles y las creencias universales. ROMPER, romper aún con el ejemplo aislado, romper siquiera en el plano del deseo, romper esa ley maldita, afirmar que ni el trabajo ni el dinero son ya necesarios, que se puede y se debe tener acceso a todo tipo de bienes, que todo bien es un bien libre porque gracias al triunfo de la economía ya no hay bienes económicos, es abrir la puerta a la duda y a la pregunta, y al juicio pesimista sobre la organización actual del mundo.

lunes, 19 de julio de 2010

Defección: resistencia vírica

Segunda parte del artículo Dinámica de virus. El principio de realidad virtual, aparecido en varias páginas web en 1998 y publicado en Salamandra # 10 (1999), así como posteriormente en radikales livres. En esta parte del artículo se enuncian algunos principios de un movimiento de "resistencia vírica" en el que disolver las estructuras de industrias mikuerpo.

* * *

por Luis Navarro

3. El enemigo está dentro: el individuo autosuficiente contemporáneo tiene un pasajero dentro de su cuerpo. Un giro en la percepción de lo trascendente nos ha llevado de lo infinitamente grande y separado a lo inconcebiblemente pequeño y adquirido. Nuestro concepto de individuo separado está en crisis no sólo por razones políticas, sociales, culturales o psicológicas. Tampoco en sentido biológico podemos hablar de un sistema orgánico autosostenido mediante interacción con un entorno inanimado; tal sistema sería estable y se limitaría a consumar su destino. Innumerables microorganismos nos habitan, completamente adaptados a nuestros procesos fisiológicos y reproductivos, entregados como oferta en el mismo pack consumible de la vida. Algunos son a veces molestos, otros pasan simplemente inadvertidos y muchos resultan imprescindibles para consumar los procesos vitales a que estamos adaptados; ni siquiera seríamos sin ellos.

Pensemos en una comunidad tan heterogénea que una parte de sus miembros ignora qué percepción del mundo se da en la otra, o desconocen mutuamente su existencia porque la desarrollan dentro del mismo soporte, pero en contextos totalmente diferentes. No están hechos para percibirse, y sin embargo interactúan de forma simbiótica. En esta comunidad de especies que han alcanzado un estado de equilibrio dentro del sistema compartido se infiltran permanentemente elementos invasores. Hacia fuera, este sistema inestable forma parte de otro(s) sistema(s) inestable(s) con los que se relaciona, buscando siempre su posición y su equilibrio. Sería difícil establecer una jerarquía en este juego de equilibrios y derivas: los planos separados tienden a mezclarse, 'lo desconocido' siempre llega como una noticia de esos otros planos de realidad, se produjo en ellos como un desarrollo autónomo que ahora interfiere el nuestro, trascendencia que hoy se concibe como producción: el virus que llega del espacio exterior.

El Virus sería un elemento simple cuyo único objetivo es la propia reproducción en otros seres. El elemento invasor no es esencialmente maligno ni busca destruir el sistema que empieza a parasitar, sino todo lo contrario, ya que sus propias posibilidades de reproducción dependen por completo de las posibilidades de reciclaje de dicho sistema, tanto como su propia existencia no se manifiesta sino como un cambio en la forma del mismo. Sin embargo tiende a provocar siempre un desajuste cuando esta forma de existencia no ha sido plenamente adaptada. Si el elemento ya ha sido procesado el sistema dispondrá de anticuerpos que desactivarán el mensaje desequilibrante, pero este mecanismo no está garantizado, ya que los microorganismos, en función de su simplicidad, son capaces de una gran plasticidad, y consiguen transmitir con frecuencia los mismos síntomas bajo codificaciones siempre nuevas. Es conocida la dificultad enfrentada por los virólogos a la hora de detectar y tratar el SIDA, debido a la enorme "astucia" planteada por el virus responsable de esta constelación difusa de "enfermedades", capaz de mutar constantemente y de alcanzar formulaciones de sí mismo que burlan todas las vigilancias. Cada año se detectan nuevas formulaciones del virus de la gripe, muchas de ellas provocadas por los desafíos lanzados por la medicina a través de las vacunas y de la medi(c)ación paranoica, dándose el resultado paradójico de que la propia lucha contra el virus puede fomentar la aparición de especies adaptadas a las nuevas condiciones.

El virus no ataca al organismo globalmente, sino que lo infecta localmente. La misión de la partícula vírica que logra alcanzar la célula sin ser reconocida es modificar su código genético en un sentido que facilite su propia replicación. Pero este "fraude" de escritura, este detournement clandestino del espacio ocupado producirá en el organismo que lo soporta el "síntoma" mediante el que el virus se expresa, y únicamente a partir del cual será diagnosticada su existencia. El síntoma es la emergencia en un plano de realidad de algo que acontece en otro plano de realidad, la noticia de lo trascendente o la "novedad comunicable". Sólo la esporádica afirmación del virus desarraigado y disconforme nos da algo que decir cuando alguien nos pregunta cómo estamos. Para el enfermo todo es sinónimo de su enfermedad, y él mismo no se define por otra cosa.

Ahora la célula expele partículas víricas capaces de contaminar otras células y reiniciar el proceso. Generalmente un virus es una escritura azarosa con pocas probabilidades de asentarse en el sistema: sus efectos virulentos suelen ser destructivos para el organismo que lo hospeda, por lo que son rechazados finalmente por el mecanismo inmunológico o agotan su ciclo sin asegurarse la reproducción. Así como todo ser vivo se adapta al medio, emigra o perece, el Virus se adapta al ser vivo, muta o es eliminado como una simple toxina. Por ello el virus que parasita temporalmente un organismo busca medios de transmisión a través de los cuales acceder a otros organismos y reiniciar allí el proceso, manifestándose cuando lo logra en forma de epidemia. También en el proceso de contagio muestran los virus una diversidad notable: todo tipo de fluidos corporales, objetos compartidos, alimentos ingeridos o el propio aliento según el tipo. En el caso improbable, pero posible en función del gran número de interacciones, de que el virus se estabilizase en un número de individuos, habría generado un factor transmisible de diversidad.

La dinámica descrita presenta grandes analogías con los procesos de interacción social que se condensan en la cultura. La cultura es la realidad formal que media la actividad humana. No podemos saber si nos posee o la poseemos. Cuando la concebimos como algo dado e indiscutible es probablemente ella quien se reproduce a nuestra costa. Cuando nos oponemos a algunos de sus contenidos lo hacemos siempre en función y a través de otros, de manera que no hay posibilidad de escapar a alguna dinámica de abstracción que nos haga reconocibles para los demás, a alguna formalización por tanto de algo que podríamos percibir, continuando con nuestro juego, como "el virus de la cultura", o el concepto de cultura atravesando la historia, transmitiéndose bajo un proceso análogo y muy diversas formulaciones. Suponer aquí que la cultura es un virus que se reproduce de modo estable en el animal humano no implica sino la metáfora de un injerto orgánico que se ha impuesto en las dinámicas selectivas y se ha constituido en capacidad del animal viviente lanzado a una nueva etapa evolutiva: cultura, en vez colmillos, un olfato fino o piernas veloces. Cultura, en lugar de miedo.

La base para esta analogía la otorga el hecho de que ambos sistemas se estructuran como una escritura. Podemos comprender nuestra secuencia ADN como la escritura inmanente que determina la mayor parte de los rasgos externos del individuo viviente, y las fórmulas condensadas de la cultura (ritos, mitos, instituciones o costumbres) como escritura trascendente que determina la mayoría de las disposiciones prácticas del individuo humano. No porque en nuestra cultura occidental y judeocristiana el libro haya sido el medio de transmisión de cultura por antonomasia y haya heredado el prestigio de "objeto revelador" de su origen: esto más bien contribuye a sepultar y mistificar el tipo de escritura al que hago referencia, que no es sino la imagen que un grupo humano se hace de sí mismo. No es preciso ceñirse a la secuencia discursiva y si acaso sí concebir ya esa mediación que es el objeto transmisor de cultura como una emergencia que parasita la conciencia social y busca reproducirse en ella. A través del libro, al fin y al cabo, el conocimiento establecido se reproduce en las conciencias como un residente estable y estabilizador, es el aparecido que trae la noticia trascendente de la autoridad histórica, pero que en la modernidad se constituye también, al lado de las mediaciones que le suceden y muy influido entonces por ellas, en molécula responsable de nuevas apariciones, producciones que la dinamizan.

Pero no se trata aquí de describir dos dinámicas paralelas, de las cuales una sería la alegoría más o menos mecánica de la otra y ésta el paradigma más o menos sesgado de aquélla. Ambos planos de realidad, naturaleza y cultura, no pueden entenderse en oposición ni sólo en relación de complementariedad formal, sino que están imbricados uno en el otro, resultan en última instancia indiscernibles y su conceptualización separada sólo obedece a una elección de perspectiva. El individuo humano está genéticamente dispuesto para ser un individuo cultural; nuestra escritura exterior del mundo condiciona la supervivencia de determinados rasgos sobre otros. Esta interactividad, que siempre ha funcionado de hecho naturalizando la cultura al tiempo que se cultivaba la naturaleza, mantenía bajos niveles de eficacia mientras seguía predominando una naturaleza indomable sobre la que se injertaban dolorosamente los rasgos de la cultura, mientras que unos pocos, apropiándose de lo que es común y de sus mediaciones, ponían en juego nuevos dinamismos selectivos. Los mecanismos por los que ese conocimiento resulta operable permanecían a disposición de una minoría, por lo que se presentaba como un flujo trascendente, dado e imperativo. Hoy transcurrimos la mayor parte de nuestra existencia en un entorno culturizado en el que la novedad constituye la norma y la única marca de trascendencia a que podemos aspirar. El paisaje de diseño (más o menos afortunado) que son nuestras ciudades aparcela y canaliza nuestra conciencia igual que lo hace con el territorio. Los vaivenes de la opinión pública siguen los dictados de la información. Se existe televisivamente, periodísticamente, informáticamente. Los eventos ya no son lo que sucede, ni la trascendencia que se expresa a través de ellos, sino la reconstrucción vírica que de ellos hacen los medios. El flujo incontinente de novedades se ha abstraído de toda noción de progreso y ya no tiende sino hacia sí mismo. La representación, que se materializa en la erección que provoca la chica del anuncio, termina absorbiendo a ésta y reconduciéndola hacia la abstracción extrema del flujo de capital, Representación Máxima. Retorno del Aparecido, de una forma de Trascendencia que se ha hecho indiscutible bajo su disfraz profano. La dominación capitalista, que tiene su origen en la revolución burguesa, se reproduce de nuevo y se refuerza con cada revolución virtualizada. Todas estas novedades han perdido su poder de innovación. El principio de placer y el principio de realidad, tradicionalmente enfrentandos como el sujeto a sus resistencias, han sido superados por la máquina del capital mediante la formulación de un principio de realidad virtual que mistifica toda realidad en su representación y permite el goce de la representación en sí misma.

El primer movimiento por el que la máquina capitalista se agencia cualquier impulso de transformación es el reconocimiento. A medida que la máquina procesa información y se hace más compleja resulta mucho más sencillo para ella incorporar novedades y adecuarlas a sus mecanismos de producción, e incluso aportar alguna modelización previa que reconduzca la novedad al campo glamouroso de los "remakes". Aquí la máquina sale a la calle (el activista y el espía utilizan probablemente la misma marca y modelo) y recorre con su ojo divino las huellas de resistencia de lo humano, ensañándose en la mierda y en los cristales, buscando la proporción que produce la emergencia, allí donde aún queda algo que contar. A continuación se produce el aislamiento de la molécula emergente y sus propiedades: la máquina selecciona los accesos a esa realidad, abstrayéndola de sus relaciones, y se apropia de la trascendencia propia del suceso, de su alma o paradigma. De ella no quedan más que imágenes, y éstas no son todavía sino material en bruto. Siguiente paso: elaboración de contratipos. La máquina corta y pega a conveniencia de la máquina, construye su propia trascendencia, se autoproduce en el nuevo paradigma. Aunque documentase fielmente el paradigma originario, ya no es lo que fue, ni deja de serlo, lo que permite conjugar a conveniencia lo virtual y lo real en esa frontera ambigua. El proceso se culminará con la conversión en mercancía buscada desde el principio, momento en que se hace patente la conversión de lo otro en lo mismo y la reproducción de lo mismo a través de lo otro, es decir, el mecanismo básico de alienación con todas las matizaciones y extensiones que hoy comporta.

Este proceso, repetido una y otra vez, enfrenta siempre el problema del desgaste de lo conocido. La reproducción de la Máquina, no referida a ninguna trascendencia exterior que la justifique, necesita alentar su propia trascendencia, recrear siempre lo sorprendente, lo no visto, el lugar donde el miedo y el deseo todavía movilizan alguna transacción numérica. Esto le lleva a transgredir constantemente los códigos (hasta que el efecto de transgresión se vuelve contra sí mismo), a innovar y multiplicar permanentemente el campo de las mediaciones (hasta que la mediación sea comprendida por el ciudadano medio como un juguete sin más trascendencia), a hacer cada vez más visible lo que proliferaba gracias a su invisibilidad. Y aunque estamos todavía lejos de localizar, aislar y desactivar a nuestro propio "odiado pasajero", el modelo y su puesta en práctica resultan hoy accesibles para cualquiera que desease estar verdaderamente informado.


4. Durante mucho tiempo los movimientos de transformación social han asumido que se enfrentaban a un sujeto histórico específico desde una posición bien definida. Con respecto a las mediaciones, algunos han aceptado someterse a su lógica, sin lograr así producir ninguna disidencia real puesto que se asumían todas las determinaciones derivadas de la misma, y otros se han limitado a prescindir de ellas al punto de no existir. Pero así como los sistemas de dominación han variado sus tácticas sin renunciar a sus propios fines, sólo una adecuación en los principios y tácticas de la resistencia podría abrir alguna esperanza de intervención real en la construcción de la realidad futura. Este proyecto de intervención se hace más necesario y comprometido a medida que disminuye la capacidad de luchar global y frontalmente contra las instituciones, y en la misma medida en que se radicaliza el conflicto entre la concentración de los poderes y la difusividad de los nuevos medios. He aquí algunos caracteres muy genéricos que podría contener un nuevo código de resistencia adecuado a los tiempos de la filtración vírica:

i. La concentración creciente de poder, capital e información, que han llegado a ser sinónimos y a fundirse en el "espectáculo", no puede ser enfrentada mediante grandes concentraciones de lo mismo. Toda sistematización debe entenderse como incorporación del sistema, facilita los procesos de reconocimiento e integración y entrega el contratipo ya fabricado a la escenificación virtualizada de la realidad social. Lo que hubiera debido quedar claro de las sucesivas revoluciones y sus consecuencias es que no es tanto la afiliación de la clase dominante como la propia lógica de la dominación lo que debe cuestionarse, y esto no puede hacerse en la práctica sino oponiendo al poder creciente del capital concentrado un tipo de acción molecular difusa. Así como la guerrilla se constituyó en la alternativa de los ejércitos populares a las rígidas estructuras militares invasoras en la época de las barricadas, la guerrilla cultural busca la amplificación mediática mediante acciones locales y paradigmáticas, en vez de construir estructuras de intervención que le restan movilidad y que no resultan posibles allí donde no es posible movilizar a las masas. El reciente cambio de estrategia del movimiento de insumisión en España aporta un modelo de resistencia vírica en fase experimental que busca remontar el reflujo social conformista tras anunciar el presidente del gobierno la próxima profesionalización del ejército. Ante la posible desmovilización que esta decisión política pudiese ocasionar entre los antimilitaristas, el movimiento de ón en los cuarteles llamar la atención acerca de que el verdadero objetivo es el cuestionamiento total de los ejércitos, y del peligro que podría constituir un ejército profesional desvinculado del pueblo. A la retirada de la amplificación mediática que supondría la despenalización de sus reivindicaciones, el movimiento reacciona filtrando algunos elementos en la institución militar para producir después espectaculares declaraciones públicas de insumisión que obligan a la sociedad a replantearse las verdaderas coordenadas del debate. Así, el movimiento suple su anterior capacidad de movilización mediante una campaña de filtraciones víricas locales e impide que se cierre el debate social en un punto de inflexión vital del mismo.

ii. La acción molecular deja de ser un fenómeno aislado que se agota en sí mismo trascendiéndose en las mediaciones. Como el virus necesita al portador para reproducirse, así la acción molecular necesita la amplificación mediática para llegar a otras conciencias. Los situacionistas se dieron cuenta de que el campo de aplicación del juego de posibilidades experimentales que desarrolla el artista ya no era meramente el de los contenidos o el de las formas, sino el de la pragmática de los discursos. "Utilizaron" diversas celebraciones oficiales para dar a conocer sus propios puntos de vista de modo imprevisto y escandaloso aprovechando la concentración de medios, "desviaron" signos institucionales artísticos o publicitarios, "ocuparon" la radio y la imprenta universitaria para extender el movimiento de las ocupaciones en mayo de 1968 a otros focos, se "apoyaron" en instrumentos de cultura de masas como el comic o el cine para difundir teoría revolucionaria. Esta aceptación de los canales de mediación no debe suponer sin embargo la asunción de su lógica, sino que ha de constituir una respuesta a la misma. Ciertas formas de discurso activístico surgidas en los setenta con la puesta en circulación de las tecnologías domésticas derivaron pronto en un género endogámico de práctica artística con una estética bien definida, o se disolvieron en su propia falta de perspectivas sin conseguir otra cosa que potenciar estas mismas tecnologías y servir como mercado de vanguardia, y lo mismo volverá a suceder ante el nuevo discurso mesiánico que viene acompañando la eclosión de las "democratizadoras" y "participativas" redes electrónicas, que parece que debieran llevar su carácter emancipador inscrito en su estructura. Como también sucedió con el movimiento de fanzines y otras prácticas Do It Yourself, valiosas y necesarias en sí mismas, pero pronto agotado en la virtualización planificada por unos cuantos capitalistas que supieron sacar tajada material de la "idea" o disuelto en la más absoluta insignificancia. El lado enunciativo del discurso espectacular transforma el acto de rebelión su contrario, el contratipo, la formalización subvertida de la experiencia, la subversión de la subversión. La guerrilla del arte se transforma allí en arte de la guerrilla, y el sueño de participación colectiva en la participación de un sueño colectivo. La utilización óptima de los medios desde el punto de vista de la emancipación no consiste en difundir a través de ellos opiniones más o menos disonantes, sino en la doble estrategia de creación de redes difusas de contrainformación capaces de acoger y difundir los múltiples disensos y el desenmascaramiento del poder espectacular mediante intervenciones que interrumpan su discurso y lo enfrenten a sí mismo. El "espectro colectivo" Luther Blissett, constituido por una red internacional de activistas culturales no jerárquica ni organizada especializada en atacar los medios de comunicación, ha llevado a cabo diversas acciones en Italia que han sembrado el caos y la duda en los canales de información tanto oficiales como alternativos, dinamizando el debate sobre la utilización política de los medios con unos cuantos ejemplos prácticos. Su convocatoria de una huelga de arte para los años 2000-1 en España pretende ser un pulso vírico a la concentración de los medios, planteándose no como un "tiempo de silencio" sino como un "contexto de actuación" para cuestionar la organización global de la experiencia mediante acciones locales. Este tipo de acciones no pueden explicarse por sí mismas porque no apuntan a ninguna toma de poder, sino a la disolución de los poderes existentes. Su sentido hay que buscarlo más allá, en los propios medios de comunicación que construyen la realidad desde arriba y que promueven este tipo de intervenciones ritualizadas. La acción molecular se parece al atentado terrorista en que es un tipo de acción adaptado al medio, concebido para alcanzar resonancia a través de él, sacando provecho de su interacción perversa con lo que hasta nuestros días se ha venido llamando "realidad", manipulando la manipulación. No obstante se opone al juego del terror, que no es sino la cara oculta del poder y su complementario en la producción controlada y dosificada de miedo, en que es así mismo una acción que se inscribe en la mediación, detornándola y dándole un nuevo sentido, en vez de lanzar un pulso a la violencia imposible de ganar, más aún cuando ésta se disfraza de víctima con el hábito de la "virtud democrática".

iii. Del mismo modo que un virus no suele atacar aisladamente un cuerpo, la acción molecular tratará de vincularse a otras acciones, concebidas de modo concertado o sumadas a una tendencia visible. La erupción de varios focos de infección al mismo tiempo produce una sensación de epidemia que se realimenta a sí misma y desencadena replicaciones incontroladas del mismo fenómeno. La práctica habitual de la manifestaciones masivas, hoy normalizada y espectacularizada, alcanzaría probablemente mayor eficacia si se concertasen diversas acciones en diferentes puntos de la ciudad, produciéndose de modo sincrónico o sucesivo, apuntando a una misma reivindicación. Mientras que el sistema de dominación oficial es por definición siempre uno, y los intereses que confluyen en él se terminan canalizando en una dirección única, las motivaciones de los grupos de activistas son por definición fragmentarias y autónomas. Mientras la realidad que constituye el flujo unificado de información quiere ser interpretada siempre del mismo modo, nosotr@s no disponemos de una imagen cerrada del mundo que queremos. Mientras el problema es el mismo para tod@s las respuestas que cada un@ de nosotr@s es capaz de concebir son muchas. Es por ello que para enfrentar la globalización creciente de los discursos y de los poderes es preciso articular las diversas expresiones de lucha en un modelo descentralizado, desjerarquizado y difuso de organización en red, que no resulte opresivamente vinculante y fomente el apoyo mutuo. Los grupos y colectivos articulados en torno al I y II Encuentros por la Humanidad y contra el Neoliberalismo y la Red Internacional contra el Neoliberalismo constituyeron las expresiones más notables de este modo emergente de organización, que se inspira en las redes de información y las parasita. A pesar de que las condiciones han sido bastante precarias, estas iniciativas han logrado movilizar y poner en contacto rabias y entusiasmos de todo el planeta, y han llegado a constituir una red de contrainformación que ha puesto en cuestión en muchos casos la "versión oficial". En el campo de la expresión estética las redes descentralizadas de mail-art constituyen desde hace tiempo un paradigma experimental que ha mostrado su eficacia.

iv. El sentido de la filtración vírica es que la escritura del mundo que imponen los medios puede ser detornada, y que es factible concebir un uso instrumental de las ideas adecuado a fines utópicos. Ya hemos visto antes cómo plagio y subversión conforman las tácticas mediante las que el virus se reproduce a partir del código reapropiado y redireccionado de acuerdo con los propios fines. El plagio y la subversión, el redireccionamiento de los códigos de dominación inscritos en aquellas objetivaciones de lo real que le acaban dando forma, son los componentes también del desvío situacionista de obras de arte, películas, textos, carteles publicitarios y situaciones, y se manifiestan como las herramientas más eficaces para liberar y reapropiar el conocimiento y cuestionar la propiedad privada de las ideas. Mediante la práctica del desvío la conciencia alienada en el uso social resucita, desenmascara la naturaleza perversa de los discursos que se le imponen como contratipos de emergencias sociales y devuelve el beneficio del capital simbólico al dueño legítimo del deseo. La práctica del redireccionamiento de los discursos declina al mismo tiempo la invitación a producir y a consumir desaforadamente un flujo saturado de imágenes, permite construir una experiencia propia a partir de retazos del mundo visible, fomenta la conciencia crítica y evita muchos esfuerzos. Los derechos de propiedad intelectual se oponen tanto al carácter social y socializador de los discursos como a los intereses inmediatos de quienes los producen, y sólo son recompensados por el sistema en la misma medida en que ayudan a sostenerlo, constituyendo no otra cosa que un lastre para los que lo enfrentan radicalmente desde fuera.

v. Frente a un poder móvil, deslocalizado e invisible como el que plantean las modernas burocracias informatizadas es preciso funcionar sin una identidad fija que permita el reconocimiento, es preciso evitar ser nombrado por el enemigo para no exponerse a su "magia". El capital ha necesitado construir esas identidades fijas para poder parasitarlas, reproducirse a través de ellas y, en última instancia, poder aislar el elemento invasor y robarle su imagen. Habría que mantener el anonimato de la acción mientras ello fuese posible: no dar pistas a los agentes inmunológicos que transitan las instituciones. Pero este nuevo género de anonimato tiene fundamentos más sólidos que el simple temor al reconocimiento, ya que asume el componente social de nuestro mundo personal. El subcomandante Cero se cubría el rostro para no ser reconocido, pero el subcomandante Marcos lo hace para facilitar la identificación de sus congéneres y simpatizantes. Tod@s somos Marcos. La utilización de nombres múltiples como Karen Eliot o de espectros colectivos como Luther Blissett y la difusión de una actividad bajo tantas identidades como sean necesarias para desarrollar una "acción combinada" son dos alternativas complementarias.

Estos pocos retazos no pretenden definir una teoría de la acción vírica ni dar demasiadas pistas acerca de las emergencias a las que pudiera dar lugar. Tal intento de definición sería, por otro lado, contradictorio con su dinámica abierta e imprevisible. Se trataba sólo de dejar constancia de cómo las estrategias víricas de contaminación han sustituido eficazmente en la época moderna a las viejas dinámicas represivas, y de cómo los nuevos movimientos sociales comienzan a apropiarse de esas dinámicas. En cualquier caso, todas ellas expresan una nueva actitud frente a la construcción de lo real y su complejidad presente: ante la infección espectacular y contra las viejas ilusiones, defección en toda regla, proyección del descontento, producción sistemática de errores. Allí donde el lenguaje se ha convertido en disfraz de la economía, disfrázate con ropa vieja, utiliza los medios de modo fraudulento, multiplica las entidades y los eventos, estudia las dinámicas de posesión y ponlas en práctica. Tod@s somos pasajer@s poseíd@s, pero el análisis minucioso de esas dinámicas de posesión en el propio disfrute alienado nos permite disponer de una perspectiva. "Okupa o Resiste".

viernes, 16 de julio de 2010

Infección: el nuevo rostro del miedo

Primera parte del artículo Dinámica de virus. El principio de realidad virtual, aparecido en varias páginas web en 1998 y publicado en Salamandra # 10 (1999).

por Luis Navarro

* * *

1.
En un divertido relato de terror de Lord Dunsany titulado "Los fantasmas" (1) se expresa, de un modo un tanto ingenuo, pero por eso más claramente, el desajuste entre el sustrato ideológico de una sociedad tradicional de corte aristocrático y el injerto histórico de la ideología revolucionaria burguesa. Aquella, dividida en clases en base a la transmisión de títulos nobiliarios y de propiedad sobre bienes y personas (adquiridos normalmente como botín de guerra); ésta, fundada en principios democráticos pero desarrollada sobre la antigua división de clases tomando ahora como base la propiedad privada (producto de la explotación de los recursos materiales y humanos).

El narrador protagonista y su hermano, a quien ha ido a visitar después de muchos años a un lugar alejado de «las grandes rutas comerciales que llenaron los años de latas vacías de conservas y novelas baratas», se enredan en una discusión sobre fantasmas que acaba por manifestarse reflejo de otra más profunda sobre las mediaciones: «Confundía las cosas imaginarias con las que tenían existencia concreta; sostenía que el hecho de que alguien dijera haber conocido a alguien que afirmara haber visto fantasmas probaba la existencia de estos últimos». Para mostrar la inconsistencia de la opinión de su hermano, el narrador vela durante la noche desafiando la aparición de los fantasmas. Éstos tardan en hacer acto de presencia, pero finalmente entran de dos en dos. «Cuando los miré, supe súbitamente lo que eran estas criaturas y tuve miedo. Eran los pecados, los inmundos pecados inmortales de todos estos señores y señoras de la corte.»

Edward John Moreton Drax Plunkett, decimoctavo barón de Dunsany, creador de relatos fantásticos para el consumo popular en una época en que el goticismo se había convertido en un estilema decadente (2), vivió a caballo entre dos siglos y entre dos concepciones del mundo. Podía ver fantasmas «sin asustarse ni convencerse de que existieran». El relato plantea un ajuste de cuentas tranquilizador entre estos dos mundos que, como otros relatos sobre reencuentros y regresos a la «vieja hacienda», es también un ajuste de cuentas con el propio origen. Pero la solución alcanzada en este caso resulta discutible y tiene el aspecto una evasiva ramplona: tras proyectar sobre su hermano la culpa originaria, quien al comunicarla había hecho (nuevamente) patente la secuencia criminal de la historia, concibe la idea de matarlo, afirmándola a pesar de todo y por eso mismo. Se trata de un impulso, una asunción fugaz de los pecados «ajenos», al que logra sobreponerse echando mano de un conjuro poco ortodoxo: «Si dos rectas se cortan entre sí» - dice en voz alta - «los ángulos que se oponen son iguales. Sean las rectas AB y CD que se cortan en E,- además los ángulos CEA y CEB equivalen a dos ángulos rectos (prop. XIII). También CEA y AED equivalen a dos ángulos rectos iguales... Pero el ángulo CEA es común, por lo tanto AED es igual a CEB. De la misma manera, CEA es igual a DEB. Quod erat demostrandum.» Tras de lo cual «la lógica y la razón se restablecieron» en su mente.

No trato de cuestionar la eficacia literaria de la estratagema sino de sacar provecho teórico de su aparente ineficacia. El personaje de Dunsany sólo puede aspirar a su propósito de expulsar así a los aparecidos allí donde la realidad misma no los admite. La imagen del aparecido corresponde todavía a una concepción religiosa del mundo, monárquica-monoteísta o aristocrática-politeísta. Los seres venidos del otro mundo carecen de la consistencia de éste, al que ya no aparecen ligados por ninguna determinación propia. Existen, pero no son reales: existe una diferencia irreductible. El mundo «profano» del capitalismo de origen burgués no reconoce a los aparecidos. Para éste sólo existe lo real, y sólo realiza lo productivo según su propia lógica. Estos fantasmas, como aquel otro de Canterville con el que se podía departir, ni siquiera dan miedo. Parecen manifestarse sólo para someterse al test infalible de la lógica y darle la razón, lo que hubieran conseguido a pesar de ella misma. Al fin y al cabo no son reales, ¿cómo hubieran podido probar su existencia? Puras especulaciones, ¿cómo producirían efectos? Pero si los aparecidos existiesen, el discurso lógico no saldría ileso de este uso trascendental, como en aquellas disputas del lenguaje contra la fe en las que el lenguaje no vencía sino en la medida en que se contaminaba de lo divino. Dunsany sustituye un símbolo manifiesto por una alegoría mecanizada, pero con ello la ciencia no refuta a la magia, sino que la magia se disfraza como ciencia y produce un nuevo engendro desconocido por una y otra. Una forma mutante adquiere realidad sin poder ser en modo alguno su propia causa, incubada en los discursos ajenos. El fantasma se filtra en la deducción: la "fórmula" se transforma en plegaria o conjuro injertado en la Máquina.

El uso «pervertido» que Dunsany hace de la geometría no le conduce al terreno de la razón, sino de la racionalización, y en su tosquedad hace evidente lo que la ideología moderna ha ocultado detrás de todas sus «evidencias». Nadie asume ya sin matices la idea de un Gran Relato unificado del Progreso basado en argumentos científicos o tecnológicos o sociales que dé sentido a las transformaciones que acompañan en el mundo moderno al abandono del orden tradicional, pero se acepta sin réplica su expresión negativa en el proceso de «secularización». Entendiendo primero por tal el abandono del orden y la percepción del mundo religiosos, esto es, del reconocimiento y culto de una trascendencia absoluta de la que emana el sentido, la tendencia a la secularización habría terminado afectando al propio mito fundante que la justifica y hasta al propio lenguaje. El llamado «fin de las ideologías» no sería sino la extensión de este proceso de vaciamiento de los contenidos simbólicos. Los aspectos negativos del mismo (pérdida del sentido ético o histórico, eliminación o represión del mundo afectivo, desencantamiento), asimilados como descriptores de la nueva conciencia, han sido utilizados con frecuencia por la crítica cultural para desenmascarar las pretensiones de universalidad del discurso nacido bajo el nuevo orden económico que impone la industrialización (3). El retorno de un componente místico en movimientos que, como la contracultura, pretenden llevar a cabo la negación de las estructuras existentes, el prestigio político y moral que suscitan determinados líderes espirituales del momento, la emergencia de un nuevo género de «culto» adaptado a las condiciones de la sociedad del espectáculo en sectas, congregaciones y hasta en la fascinación por lo fenomenal y lo morboso ponen de manifiesto lo apresurado de este pronóstico.

La aceptación intelectual de la apertura de un proceso secularizador en el mundo moderno, cuya contemplación resulta en efecto tan desmovilizadora, entra en contradicción con la inercia de lo determinado que el nuevo sistema reclama de nosotros. Se sostiene a la vez y con la misma vehemencia que Dios ha muerto y que no hay nada nuevo bajo el sol. Se libera al ser humano del yugo de la Tradición a la vez que se le dice que no debe esperar nada de sí mismo. Eliminada la mediación de la TrascendencIa, absolutamente otra, ante todo por su falta de productividad, el nuevo mundo no puede renunciar en absoluto a la trascendencia de la mediación y realiza una mediación productiva, una magia inherente al mundo. Después de eliminar a los aparecidos fomenta las apariciones. El miedo continúa vigente, aunque ya no es tanto el miedo al otro mundo cuanto a lo que de otro hay en éste, que es todo lo que no resulta apropiable y la posibilidad misma de acabar siendo expropiado por la propia mediación o por quienes la manipulan. La incapacidad para reconciliar la ausencia formal del sentido con su construcción dinámica desde el plano material revela que a la eliminación de los dogmas y de los contenidos liberadores de la religión ha sobrevivido su componente más funesta: el extrañamiento insuperable de una transcendencia, la percepción de un mundo separado, el miedo a lo Otro. Allí donde la fluidez de la comunicación ha arrasado los contenidos utópicos, redentores, o simplemente ilusionantes de nuestra relación con lo trascendente permanecen todavía los aspectos reificantes de esa relación.


2. Cuando el cinematógrafo irrumpió en la historia era a la vez el Aparecido y la aparición, la Noticia y la eterna cadena de anuncios. Este triunfo tecnológico prometía erradicar definitivamente las viejas supersticiones y permitía construir socialmente un miedo profano a la medida de las necesidades de reproducción de la nueva clase dominante. Constituyéndose en nueva mediación accesible a todos, imponía un nuevo modo de relación con la misma y garantizaba un poder de replicación inaudito para las ideas. Empezó parasitando la realidad y la acabó construyendo a su medida. Aunque procesó en su realidad fantasmática las viejas historias de aparecidos, junto a todas las variedades de posesiones, demencias, invasiones, presencias latentes y mutaciones que habían legado la literatura y la historia, manifestando así su afán de incorporar cualquier elemento extraño, el paradigma del terror cinematográfico acabó siendo el del Vampiro.

El Vampiro es la figura que pivota entre la imagen fascinante del Aparecido desde el otro mundo y la alarmante aparición mágica desde las mediaciones de éste. Figura de tránsito, permitía el adoctrinamiento colectivo de las masas en un nuevo género de miedo productivo y no paralizante, ya que permitía el reconocimiento desde los viejos géneros del terror popular oral o literario y los cargaba de nuevos elementos inquietantes, capaces de suscitar el deseo sin cuya presencia el miedo no puede experimentarse. Drácula es un ser del otro mundo, pero está en éste, y no como un mero contemplador pasivo ni como juez de las acciones humanas, sino que necesita producirse a sí mismo cada día a costa de los vivos. Al no ser un aparecido, sino una aparición, necesita un cuerpo éste (verdadero, tangible, sexuado) desde el que emerger como lo otro (la realidad es siempre lo otro), justificar su presencia y seducir a sus semejantes. Aquí vemos a la realidad reproducirse a costa de la verdad, y no sólo en el plano de las víctimas, que tienen que luchar para no sucumbir a su encanto, sino también en el de la construcción de la propia identidad. A la vez que se produce como lo mismo (eternidad alienada de la vida) a partir de los otros (vida alienada de eternidad), se reproduce en los otros como lo mismo (otros vampiros) a cada contacto. Así, cancelada la vía de la otredad absoluta que ordena el mundo y sólo puede sostenerse por el miedo absoluto al mundo «otro», un nuevo género de terror emerge hacia lo que estando en éste, produce lo otro de modo invisible (La noche de los muertos vivientes).

Un cambio en las relaciones es el que promueve un cambio en las formas (una transformación, de la que sólo poseemos síntomas). Pero casi siempre que ocurre una transformación de este carácter algo queda del pasado y nada puede instaurarse que no se deduzca del mismo en el plano ideológico (códigos de intercambio social, estructuras de poder, valores, privilegios...), incluso cuando la transformación supone un cambio absoluto en la posición de los particulares. No es difícil ver en el Conde Drácula el vestigio de una nobleza parásita que ha perdido su sangre azul, quedando a expensas de sus víctimas. Pero tampoco resulta difícil ver en él, tal y como el cine nos lo ofrece, una proyección de la propia mediación cinematográfica, cuando ésta nos aliena y nos seduce. El relato cinematográfico presenta grandes divergencias tanto con la leyenda original como con el relato literario de Bram Stoker. El cine no sólo vampiriza estos componentes de la tradición popular, histórica y literaria, sino que los readapta a sus propia dinámica como medio y termina inventando un mito que le es propio y que llega a convertirse en uno de sus paradigmas. “Montaje” se dice de muchas maneras. El montaje reúne varios planos discursivos con grados diversos de virtualidad, pero todos ellos reales, mucho más que aquello que ocurrió en efecto, pues es «lo que queda». Lo real no es sino lo que aparece.

Hoy nadie se deja asustar por el drácula de celuloide. Contemplamos esos montajes con ternura, comprensión o cinefilia militante, no ya como a realidades otras. No sólo se habría avanzado mucho en cuanto a recursos técnicos, efectos de producción y de sala y exploraciones narrativas, sino que ante todo tendríamos mucho menos miedo. En nuestro secularizado mundo ya no existirían los fantasmas. Por fin habríamos superado ese modo ingenuo de relacionarnos con la realidad como si fuese «otra».

Lo que ocurre es que las viejas mediaciones han pasado a ser de dominio público, convertidas en género y ubicadas en una región mental conocida. El Fantasma y el Vampiro se nos han vuelto excesivamente reales, al lado de la Aparición, que siempre resulta sorprendente y desequilibradora. Es fácil percibir esta degeneración de las mediaciones como una degeneración paralela de los impulsos básicos, pero éstos permanecen. La aparición de nuevas tecnologías, esa revolución electrónica en la que Burroughs descubre "la continuación del juego de la guerra", ha hecho del miedo algo tan cotidiano que ni siquiera lo percibimos. Los fantasmas se multiplican hoy en la misma medida en que lo hacen los instrumentos de transmisión y las realidades codificadas a través de los mismos. El vídeo, la electrónica, las redes han invadido ahora el espacio privado del mismo modo que el cine había hecho lo propio con el espacio público. Lo otro ya no es sobrenatural, sino espantosamente real, de forma que el miedo se ha apoderado del mundo y lo construye a su medida. Los vaivenes de la bolsa, las explosiones terroristas, los escándalos no necesitan sustraerse de ninguna trascendencia porque la generan por sí mismos en la mediación, y no existirían sin ella. Es la Comunicación la que genera toda esta violencia. Antes, la irrupción de lo Otro desde el otro mundo era algo excepcional; hoy vivimos en estado de excepción permanente.

«A la gente le da miedo mezclarse»(4). El "Virus" es sin duda el paradigma del miedo en las nuevas mediaciones, a la vez que el Gran Motor (o mejor, ínfimos reactores invisibles) de las mismas. Es El que Se Manifiesta al final de esta historia de terror, y lo hace como El que Siempre Ha Estado Presente. Ahora comprendemos que el Aparecido no era sino la proyección de un agente oculto en el organismo y el Vampiro un mero transmisor de información; ahora contemplamos las invasiones, las posesiones, la incertidumbre de otra manera. Su período de latencia ha transcurrido y hoy se manifiesta obscenamente en la anomia absoluta y el desarraigo de los seres. La posibilidad de contraer al Otro, percibido constantemente como el terror absoluto que amenaza la estabilidad del sistema es hoy sentida como una presión invisible que amenaza nuestra ilusión de Identidad, y lo hace desde ella misma. Este emisario de la trascendencia que puedes encontrar a la vuelta de cualquier esquina gritando su mercancía como si le doliese se manifiesta desde lo puramente real y cuando se manifiesta le da forma, hablamos entonces de lo Nuevo.

Lo nuevo no tiene forma propia. Emerge como amenaza y como posibilidad límite de redención para la mónada invadida, cuya forma toma prestada para producir otra escritura del ser. El virus es el límite de ser y la posibilidad de transgredirlo. Eternidad como algo dado de antemano desde el mundo trascendente que se hereda en la escritura, eternidad que se genera a costa de los seres desde el mundo virtual de las nuevas mediaciones, cada vez antes ya viejas. El miedo se desplaza siempre un poco más allá, del mismo modo que el deseo nunca se conforma. El Otro, por el contrario, sigue ahí, cada vez más presente e inaccesible.


NOTAS

1. Citamos de la traducción de R. Masera: La espada de Welleran y otras ensoñaciones, Barcelona, Adiax, 1982.

2. “Eran poco más que sombras, sombras muy distinguidas, y casi indistintas; pero todos habéis leído antes historias de fantasmas, todos habéis visto en los museos vestidos de esos tiempos; no es necesario describirlos...”. op. Cit.

3. Otras veces, esta crítica vuelve desde su objeto y adivina en él todavía la presencia de residuos ideológicos, de viejos prejuicios con nuevos ropajes, de estructuras de conciencia que no se han adaptado a las variaciones objetivas del contexto, más lentas que él en desarrollarse.

4. Easton Ellis: Menos que cero.

martes, 8 de junio de 2010

De máscaras y enigmas

por José Manuel Rojo

Prólogo del libro Industrias Mikuerpo. Un proyecto de gestión cultural independiente (1994-1999) [Madrid, Traficantes de Sueños, 2010).


* * *

La primera vez que tuve noticia de Luis Navarro fue bajo el signo de la conspiración, aura y estigma que no logro desprender ni de su vida ni de su actividad, para bien y para mal. Tampoco quiero hacerlo, pues las primeras impresiones son muchas veces las mejores. Y sólo un conspirador podía presentarse dejando en el buzón, sin previo aviso y sin que yo lo pudiera esperar, un ejemplar del nº 3 de su fanzine Amano, aquél que se componía de varios cuadernillos amorosamente guardados en un sobre de papel de embalaje, con una tarjeta en la que muy secamente se indicaba un número de teléfono y se proponía concertar una cita. El signo de una araña negra imprimida con un sello tanto en el sobre como en la tarjeta, el insólito nombre de Industrias Mikuerpo, los textos y las imágenes que hablaban de muerte del arte, decollage, atentado estético, todo sugería que una misteriosa organización estaba dispuesta a derribar el viejo mundo, y la invitación era, por tanto, irresistible.

Hay que confesar empero, siquiera para ser fiel al propio Luis desmitificando (pero sólo en parte) esa primera máscara de Blanqui o de Fantomas, que ya se había dado un primer contacto, aunque más por su parte que por la mía: unas semanas antes de depositar el fanzine en el buzón, Luis nos había encontrado, a los del Grupo Surrealista de Madrid, en el puesto que montábamos en aquellos años 90 los domingos por la mañana en el Rastro, más concretamente en la plaza de Tirso de Molina, junto al resto de tenderetes de la variopinta ultraizquierda de la época (¡todavía había maoístas!). Allí Luis se topó con el nº 7 de la revista Salamandra, dándose el encuentro casual sobre una mesita de camping de un situacionista (?) y unos materiales surrealistas que se correspondían en gran parte con sus propias preocupaciones [1]. La poca o mucha importancia que tuvo este encuentro para él ya lo comenta Luis en este libro, así como la posterior y duradera colaboración que nacería del mismo; en cuanto a nosotros, perdidos en un medio que interpretaba la palabra poesía única y exclusivamente como el poema escrito y encima con rima, y la vida poética, sobre todo si se identificaba con un proyecto político revolucionario, como un eufemismo de “estar en las nubes”, ese encuentro parecía ser ya no fundamental, sino fundacional [2]. El tiempo no lo desmentiría. Y ahora me encuentro prologando un libro que documenta los frutos agridulces de una aventura en la que fuí amigo, testigo y a veces cómplice, y reconozco que me es sencillamente imposible no remitirme a mi propia experiencia, revivir los debates que nos encendieron, fiarme de mi memoria, referirme incluso a la propia actividad surrealista. En mi descargo considero que no me alejo tanto del tema en cuanto que tales divagaciones pueden ayudar, por mero efecto reflejo, a iluminar el pensamiento y la acción de Luis Navarro; y si en este prólogo se vierten juicios falsos, exageraciones o apreciaciones peregrinas, la culpa es siempre del prologuista del libro y nunca de su autor.

Volviendo al punto de partida, antes he definido a Luis como “situacionista” para inmediatamente ponerlo en duda con un signo de interrogación. Es que así fue catalogado desde fuera, y así es como hoy fundamentalmente se le recuerda, lo que es irónico en una persona que siempre combatió las ideologías, las mitificaciones (que no exactamente los mitos) y las etiquetas, las suyas y las de las demás [3]. Y basta con revisar estas páginas para comprender qué limitadora es, cómo cercena las otras personalidades de Luis, de qué manera borra todas las máscaras menos una, aunque es posible que algunos prefirieran que fuera la única y exclusiva. Puede que el retrato quedara más revolucionariamente correcto, pero también más falso. En efecto, individualista que niega al individuo invitando a los otros a participar en el juego [4], Luis se ha escondido detrás de varios nombres múltiples, muchos seudónimos y algún que otro fantasma colectivo, en una aventura irónicamente ambiciosa, con algunos éxitos y más fracasos, en la que cada avatar era derribado, o caía desfallecido al suelo de puro aburrimiento, para levantarse de nuevo con un antifaz distinto. Porque la estrategia es una, pero las tácticas no son tres, sino tres mil si fuera necesario: Industrias Mikuerpo como santo y seña y punto de encuentro, el fanzine Amano y sus dobles del Signzine y del Cuaderno Itinerante, la red de creadores y esos experimentos tan conmovedores en su ingenuidad y en su osadía que fueron Artesaldo o No te vendo más que la herida, las campañas de violencia mental ejemplificada en los atentados estéticos, propios o de otros, la agitación de los nombres múltiples, la Resistencia Vírica y la Huelga de Arte como resumen y en cierto modo apoteosis de todas las experiencias anteriores. Así se explica que a menudo Luis hablara de sus proyectos en primera persona del plural, pero este “nosotros” no era el Nos del rey absoluto, sino la sedienta y anónima voz colectiva que vaga pidiendo venganza en pos de ese “horizonte de verdad que es irrenunciable, como demuestra la existencia, ésta sí constatable a cada instante, de la falsedad y la violencia” [5]. Es evidente que semejante trasmigración experimental de la identidad no tiene nada que ver con el relativismo posmoderno, pues la verdad absoluta no existe pero sí su búsqueda eterna, sino con la gran paradoja que supone que, para aprehender esa verdad en un mundo falsificado de espejos y laberintos y muñecas katiuska, quizás es necesario habitar siquiera un instante en el reflejo para evitar el deslumbramiento [6].

Dicho esto, resulta innegable y a mucha honra todo lo que Luis debe a la I. S. y todo lo que ha devuelto con creces gracias a su labor impagable de agente contaminante del virus situacionista en particular y del revolucionario en general, con la editorial Literatura Gris, la colección de folletos de radikales livres, o el Archivo Situacionista Hispano y la página de Altediciones en Internet [7]. Ya el propio interesado se encarga de reconocer esta deuda, pero yo diría que la lección situacionista, tanto la utópica como la científica, está tamizada y coloreada por la sensitiva mirada hacia lo sensible de Walter Benjamin, que permite encontrar aquella pequeña ventana tan temida por Trotsky, abierta de par en par no hacia el más allá, sino a la magia y al misterio del más acá, hasta el punto de que el aire embriagador que por ella circula es capaz de integrar en el materialismo “lo maravilloso y lo desconocido dentro de su sustancia” [8]. A esta base nada banal habría que añadir los aciertos puntuales del mail-art más bruto, la curiosidad por las fantasmadas de provocadores tan pintorescos (y en el fondo insustanciales) como Stewart Home, y la ética, estética y angst adolescente del punk y su filosofía DIY, genéticamente modificada, me atrevería a decir y que me perdone quien me tenga que perdonar, por la relación personal y afectiva, siempre conflictiva y crítica pero también real, con la Movida [9]. A partir de estos ingredientes, el rol de mero difusor de las ideas de Debord y sus amigos se desdobla en otras muchas líneas de fuerza, de las destacaría dos que me parecen fundamentales: la reflexión teórica, que ha sido capaz de ir más allá de sus modelos en un análisis muy personal e innovador de las delicuescencias del espectáculo, la técnica o la cultura de masas, y el replanteamiento radical de la crítica del arte y de su famosa muerte, con todo lo que esto implica. Y aunque parezca lo contrario, esta última es la más rica y compleja y contiene y desarrolla las dos anteriores, pues toda la actividad de Luis a través de sus sucesivas máscaras está penetrada de esta verdad: que si se impugna al arte y al artista es para exaltar la creatividad social, y que se pueden y deben utilizar en la lucha por la emancipación las tácticas de las utopías que pretendieron ir más allá del arte separado desde una práctica que, precisamente por ser utopista, se reveló limitada e insatisfactoria. Es obvio también que tal planteamiento era el que más podía interesar en un principio al grupo surrealista y por tanto a mí mismo, y por eso también empezaré por aquí.

En efecto, desde el principio coincidimos en la defensa e ilustración de la poesía por otros medios, gracias sin duda a que la construcción sistemática de situaciones utilizando todos los recursos económicos y técnicos disponibles etc, etc, estaba afortunadamente contaminada en Luis por la benéfica influencia de Benjamin y su noción de la iluminación profana, que tanto se corresponde con la teoría y práctica surrealistas de lo maravilloso. Por supuesto había diferencias, terminológicas en primer lugar, pero no sólo: si para el surrealismo lo maravilloso se manifiesta como un descubrimiento cualitativamente superior con y en la realidad que sublima la pintada, el objeto encontrado o la persona desconocida que el azar nos acerca, elevándolas a otra dimensión afectiva y psicológica que ilumina la realidad sórdida, Luis se centraba en la sordidez desvalida del gadget tirado a la basura, la canción pasada de moda, el cartel publicitario despegado y caído en la acera, pecios del consumismo que no son espectacularmente extraordinarios o inspiradores, pero que al moverse del sitio que la economía les había adjudicado daban la vuelta a su ideología y a sí mismos, permitiendo además que en la crítica de su propia miseria se colara la poesía. De esta manera, todo aquel que supiera ver se convertía un poeta que no utilizaría palabras sino miradas, pero puesto que esta estética de la percepción partía de un mundo desencantado, reclamaba para ser eficaz y obrar milagros un distanciamiento y una desmitificación de sí misma que nosotros no siempre teníamos en cuenta. La cuestión ya no era, por tanto, si los medios a utilizar para el advenimiento de la poesía tenían que ser racionales o irracionales, o si ésta tenía que desafiar a la religión o a la moral burguesa; el problema radicaba sobre todo en que la economía había cambiado las reglas del Gran Juego mediante la reificación constante del deseo.

Y es que, ¡quien lo diría!, ya en 1994 y, lo que resulta aún más asombroso, desde hace muchos años antes según aseguraban algunos viejos del lugar, se había producido la “disolución entrópica del individuo en inmensas masas líquidas llamadas corrientes y su liquidación burocrática”, lo que hacía casi imposible abrir brecha en “los condicionantes mercantiles de los signos y las ideas” [10]. El urbanismo, por su parte, se había encargado de domesticar la ciudad reduciéndola a un enorme centro comercial, haciendo casi imposible la deriva; y hasta la imaginación “ocupa un ministerio adjunto en el poder y rige sin competencia en el mercado”, y esas eran casi las únicas funciones que le quedaban. Pero ese casi no significaba un salvoconducto para la pasividad y el abatimiento, sino para el todo de la verdadera vida; no, “la crítica de una cultura entendida como espectáculo es un paso necesario para el reconocimiento de la alienación presente, pero debe ir pareja con la experimentación de nuevas formas de relación e intercambio simbólico que permitan hacerle frente”, por lo que lejos de regodearse en el diagnóstico lúcido pero también cómodo y estéril tiene que llevar a la superación del marasmo sensible y sensitivo que ha forjado la dominación. Aparte de la experiencia cotidiana de la poesía por medio de la estética de la percepción y sus aledaños (derivas, iluminación profana, etc), esta guerra al espectáculo en el campo de batalla que parecía más favorable a sus intereses [11] pasaría por la reconsideración de la creatividad, que tradicionalmente se ha identificado con las prácticas artísticas, y por el atentado estético y la guerrilla cultural. Ambas tácticas, como ya sabían los situacionistas, no se concebían como herramientas autosuficientes, sino que su triunfo final hubiera sido “unir el potencial revolucionario del arte y la cultura a la actividad de los revolucionarios”, y su honor el haberlo intentado.

En cuanto al problema de la creatividad, lo que interesaba a Luis era ante todo la energía del acto creador, entendido como tiempo robado a los dispositivos del ocio dirigido, y liberado tanto de la dictadura del canon como de la rentabilidad del mercado. En consecuencia, importaban mucho menos las cuestiones formales o cualitativas de la obra en sí, pues “en nuestra iconoclastia podíamos prescindir de la realización virtuosa y del culto a la imagen” [12]. A partir de esta premisa se descifra mejor la atención esperanzada hacia experiencias de “imaginación colectiva” como el graffiti, el elogio interesado de las técnicas que hipotéticamente ayudarían a que todos hicieran la poesía como el copy-art, y las campañas quijotescas de Industrias Mikuerpo para lanzar la red de creadores o el Artesaldo: estos juegos de guerra no pretendían sino “abrir espacios de intervención social desde la cultura ensayando nuevas formas de producción, recepción y gestión simbólica”. Y si digo “quijotescas” es porque así es el esfuerzo que supone enfrentarse a los gigantes muy reales de la vanidad y de la ambición, que por desgracia siguen existiendo, como rémoras o excrecencias del pasado que se quiere abolir, en toda persona que ensaya la creación a pesar de que no se considere artista, que lo niegue incluso… o quizás por ello mismo. Como se comprobará, el propio autor reflexiona sobre esta deriva indeseable, por lo que solamente me gustaría añadir que un continuo infortunio parecido, pero también una esperanza análoga que merecía la pena avivar, acompañó e inspiró la actividad de Amano como fanzine. En efecto, Amano apoyó sistemática y generosamente a toda la prensa marginal para consolidar una red de fanzines que se hiciera consciente de sí misma, es decir, que a pesar de la diversidad irremediable e irrenunciable cada publicación se sintiera parte de un mismo movimiento, y que ese movimiento fuera verdaderamente marginal, en el sentido de enfrentado por su propia esencia al espectáculo, en cuanto que ensayaba lo que podría ser la libre comunicación de una sociedad liberada. De ahí artículos como “Tú mism@: manual de fanedición”, una verdadera llamada a las armas para montar uno, dos, mil fanzines que fueran las flores del mal y las cerezas envenenadas de un mayo eterno, o la sección de publicaciones, calidoscopio nada ecléctico, sino muy estudiado, donde se pasaba revista a un amplísimo arco temático: mail-art (P. O. Box), poesía visual (Stidna!), cómic (TMEO, El Cosmonauta Eléctrico), punk (Suburbio), contrainformación y anarquismos varios (Resiste, El Acratador, Molotov, La Lletra A)…y hasta cierta emanación de la cultura basura (¡Mondo Brutto!) que parecía tener algo que decir sobre cómo era la vida en el vertedero. El objetivo era una vez más que los unos leyeran a los otros, las ideas fluyeran y la pasión se contagiara, pero que esta conspiración desde la fanprensa era un bello gesto más que una realidad cierta lo sabía el propio conspirador, que ya se encargaba de arrojar un poco de agua fría a la olla a presión de la ideología fanzinera en un texto del nº 9 de Amano, donde avisaba contra los que pensaban el fanzine como un meritoriaje para escalar las altas cimas profesionales de la industria del entretenimiento [13].

Otro tanto, en lo bueno y en lo malo, se podría decir del atentado estético, que buscaba nada menos que “señalar una contradicción estructural del sistema, denunciar los actos fallidos del lenguaje público, promover la agitación psíquica, crear líneas de resistencia y herramientas de crítica, delimitar el espacio privado o marcar el espacio conquistado, etc.”. Puesto que estas páginas recogen buenos ejemplos de estos atentados y de su genealogía, me limitaré a comentar dos elaboraciones especialmente significativas que estaban además intrínsecamente relacionadas: las acciones de violencia mental amparadas en Luther Blissett y la Huelga de Arte. Sobre el primero, la evolución, equívoca como poco y más bien muy decepcionante de su original italiano, seguramente ha desprestigiado la labor de sus replicantes, pero me parece que en el caso de los hispanos existían condicionantes peculiares que le daban una dimensión distinta y de mayor interés. Aparte del valor específico que puedan tener acciones como la de interrumpir la visita oficial de una Infanta en una inauguración de ARCO, me refiero al hecho de que brotaron “luthers blissetts” de base en sitios insospechados y entre gente bastante ajena a las facultades de Bellas Artes, sin duda algo toscos pero por ello mismo capaces, como se comprobará más adelante, de cruzar la fina línea de sombra que separa las páginas satinadas de cultura de las amarillas de sucesos y crónicas policiales [14]. En cuanto a la Huelga de Arte, hoy puede parecer también una aventura frívola y artística, pero para los que recordamos su gestación y participamos en alguno de sus asaltos la percepción es muy otra. Hay que leer (o releer) un texto como “Por una huelga espectacular”, para saborear y hacerse una idea de la urgencia y el peligro de esta iniciativa, que mezclaba la arrogancia situacionista con el profetismo milenarista para condenar a una muerte inexorable al espectáculo. Todo era posible, parecía en efecto que se podía parar el circo artístico y cultural para abrir un debate sobre el papel del arte contemporáneo en la producción de mercancías, y sobre la existencia de una potencia creadora universal que estaba siendo, que siempre había sido confiscada por la figura sagrada del “artista”. Muy al contrario, “la Huelga de Arte no es una huelga de artistas”, pero tampoco de anti-artistas que se olvidaran de que la creatividad existe; y “la Huelga de Arte no es una huelga de silencio”, porque consideraba el sabotaje como herramienta idónea contra las galerías y exposiciones esquirolas; y, en fin, “la Huelga de Arte no es una huelga de producción”, sino de consumo. Tres condiciones que bien podrían hoy inspirar nuevos modelos de lucha contra los roles especializados [15], la pasividad disfrazada de participación o no, el consumo incesante.

Como era de rigor, tampoco la Huelga de Arte se iba a librar de su correspondiente vacuna anti-ideológica, y sus ilusiones, una vez inservibles como conductor de energía, serían diseccionados en “Una inmensa acumulación de nada. Una mirada de lechuza sobre la huelga de arte 2000-2001”. De cualquier manera, y para que no quedara ninguna duda de qué va todo esto, en este artículo se asocia la Huelga de Arte con la huelga salvaje, y esta, “desarrollada al margen de los sindicatos, no es un simple parón productivo de carácter excepcional que apunta a ciertas reformas expresadas en su tabla de reivindicaciones, sino una situación insurreccional que reclama una transformación radical de las condiciones existentes”. Así que volvemos al punto de partida, centro neurálgico que nunca hemos perdido de vista: el objetivo último y el anhelo primero de Industrias Mikuerpo era asociar las franjas del “arte” más marginales y más (aparentemente) a la contra (mail-art, poesía visual, terrorismo poético…), con los colectivos e individuales anarquistas, okupas, punks, y toda la nebulosa contestataria de movimientos sociales que saldría de la topera en Seattle y Génova con todas sus luces y sombras; en definitiva, lograr el viejo sueño de rimar en un mismo movimiento revolucionario la acción y el sueño. ¿Se logró? ¿Y ese sueño, era tal o pesadilla? Bueno, ya explica Luis que “todavía no estábamos a la altura de poder conectar las fuerzas subversivas del arte con los movimientos sociales en cuyo ámbito nos desenvolvíamos, pero aunque solíamos encontrar cierta incomprensión considerábamos irrenunciable esta tarea”. Es verdad que esa incomprensión se mostró terca y parecía irrompible, pero en algunos momentos las barreras entre los dos mundos se rompían, y desde los dos lados [16]. Y aunque entre ambientes tan distintos se tensaba una desconfianza mutua, y el aislamiento y la especialización existían como ahora, no es menos cierto que había también curiosidad, atención y hasta promiscuidad (estrictamente intelectual por desgracia), lo que explica que radikales livres como el de Acción directa sobre el arte y la cultura o los refritos hipervitaminados de Hakim Bey fueran leídos atentamente en los círculos más impacientes que se estaban reuniendo bajo la bandera insurreccionalista, por lo menos por algunas personas, en algunos momentos, evidentemente entre muchísimas cosas más. En este proceso tuvo un papel clave Amano y Literatura Gris y el Archivo Situacionista Hispano, y creo no equivocarme tanto si digo que no sólo en la transmisión de la versión “ortodoxa” o “política” de la I. S. [17] . Me parece que también algunos presupuestos del atentado estético como el juego, el humor, la transformación poética de la existencia, la creatividad personal como antídoto de la cultura dirigida, interpretados de la manera que tenían que ser interpretados por los que no eran artistas ni maldita falta les hacía, pudieron filtrarse en otras tácticas y otra mentalidad ya sí plenamente de acción directa [18]. Otra cosa es lo que sucedió después, acaso inmediatamente después, y puede que hasta a la vez.

En fin, para entender qué cosa fue la cosa que sucedió hay que releer una nota editorial sin firma aparecida en el nº 2 de Maldeojo sobre los límites del accionismo, y en especial de la acción estética cuando esta empezó a mutar en la llamada acción simbólica, malentendido acaso inevitable pero sumamente dañino. Porque un libro de cocina poética como el folleto Acción directa sobre el arte y la cultura podía sugerir la interrupción de la corriente de imágenes conductistas del espectáculo mediante la imaginación realizada en la calle, para revelar su vacío y, con un poco de suerte, suspender el espíritu del paseante haciéndole intuir que existen otros mundos en este tan espantoso, pero semejante ejemplo de revolución por otros medios no trataba de suplantar los medios revolucionarios habituales, sólo ser su complemento. En cambio, la acción simbólica empezó a tomarse demasiado en serio, olvidó la necesaria modestia, se emborrachó de entusiasmo y del presunto éxito que le empezaban a brindar las cámaras de televisión, y pasó de considerarse una forma de lucha a ser La Lucha que estaba a la altura de nuestro tiempo posmoderno. Imposible por tanto que pudiera agotarse en sí misma, que no fuera usada por nadie más que por sus protagonistas, que se justificara en su espléndida inutilidad, sino que era imprescindible convocar a los periodistas, pasar no a la acción sino a la performance, dirigiéndose no ya al cómplice, al compañero o al simple paseante, sino al espectador que todo lo ve desde su pantalla de plasma porque todos contribuimos a ponérselo en bandeja de hojalata. Detrás de tanto desvarío estaba la ilusión de que se podía cabalgar al tigre de los medios de comunicación y de las instituciones, ser más listos que ellos, manipularlas en nuestro provecho, jugar con sus posibilidades técnicas, colar el mensaje por sus entresijos imperfectamente sellados… ilusión perniciosa, pero también comprensible, que iba a llevarnos demasiado lejos por el camino casuístico de las componendas, en concreto hasta la famosa exposición Desacuerdos, donde la “creatividad difusa” bailó la danza de los siete velos ante el poder, le cortaron la cabeza y de ella nunca más se supo… aparentemente. Pero hay que reconocer que el nombre de la exposición del 2005 en Barcelona fue muy acertado, pues ya desde el ensayo general que supusieron los talleres De la acción directa como una de las bellas artes [19], realizados también en el MACBA cinco años antes, fermentaron y estallaron no sólo desacuerdos, sino discusiones, enfrentamientos y, en fin, rupturas más o menos dolorosas, más o menos necesarias, más o menos estériles entre las mismas personas y colectivos que habían defendido y practicado estos métodos.

Y si la infatuación del accionismo simbólico terminó por envenenar un ambiente propicio al mismo, qué se podía esperar de los medios directamente “políticos”, donde estos métodos nunca habían gozado precisamente de una aceptación general: así nació un amargo rencor hacia lo que fue interpretado como payasadas ciudadanistas e intentos de recuperación del “artistariado”, creándose una confusión lamentable con las posibilidades de verdadera subversión que ofrecía el arsenal de la poesía por otros medios [20]. Ese rencor y esa confusión duran hasta hoy, y son tanto más lamentables cuanto que hubo un tiempo en el que poesía y acción hablaban el mismo lenguaje, o empezaban a hacerlo, y hasta puede que un eco psicofónico de esa conversación llegue todavía hasta nuestros días a través de nuevos conspiradores como La Felguera, Huérfanos Salvajes o los Críticos Crónicos [21]. Pero para entender los errores del pasado hay que acordarse y comprender también cómo podía influir en estas actitudes la difusión de aquellas teorías que exaltaban a los trabajadores postindustriales y al común de los ciudadanos, como poseedores de un mundo inagotable de riquezas ocultas que la economía robaba para sobrevivir, pues era la vida la que se había puesto a trabajar y no tanto las máquinas. Hablo, claro está, de antes de la Era del Bloom, y parece que han pasado mil años y no diez cuando estábamos rodeados de prodigiosas subjetividades que compartían su inteligencia para producir un sinfín de maravillas inmateriales que solamente la maldad, qué digo, la mera torpeza del poder estropeaba, al ponerles un precio en vez de dejarlas corretear libres y salvajes cual mp3 en el Soulseek. Lo que hicieran esas subjetividades con sus afectos y deseos y cuerpos parecía dar igual, fueran tristes imbecilidades dignas de un reality show o campañas de lavado de imagen de una multinacional cualquiera, igual que parecía dar igual que esa multiplicidad afectiva tuviera un defecto de fábrica clamoroso, pues en efecto la pantalla del espectáculo nos devuelve formulaciones aceptables de todos los deseos. De tan pésimos principios se dedujeron conclusiones aún más contraproducentes, como la triste cantinela que insistía en la dificultad moral que tenía el trabajador inmaterial a la hora de sabotear una labor que se basaba en la autoexplotación de sus afectos y deseos más íntimos, lo que podría explicar tal vez la increíble mansedumbre de tanto becario, de tanto neoprofesional, de tanto creativo mileurista durante los últimos años. Sin embargo, Paolo Virno y demás tenores del general intellect tenían parte de razón en su diagnóstico, en cuanto que la economía ha ampliado su campo de batalla y sus métodos de producción, al menos en el primer mundo, sin entrar a discutir qué sucede con las bases materiales y la energía que permiten soportar tanta inmaterialidad, y que existen deseos y emociones de los que el espectáculo se apropia pero no siempre prefabrica, pero en vez de proponer a partir de aquí una guerra total contra el totalitarismo económico que estaba expropiando nuestra vida pública y privada, se cayó en una vanidosa complacencia, por la que parecía que el ciudadano-espectador aceptaba con sumo gusto solucionar la crisis de la imaginación del espectáculo de la que hablaba Luis Navarro. Es lógico que semejante ideología segregara la forma de lucha que mejor le correspondía, y que ese accionismo terminara dirigiéndose a los mass-media, obsesionándose por ser acogido en su regazo, por alimentarlos a fin de cuentas [22].

Ya que volvemos a mentar a la bicha, de ella y de las nocividades que genera en el medio radical es justamente de lo que habla “No veis lo que está pasando”, publicado en Maldeojo nº 1. Este texto, además de poner en duda que la célebre horizontalidad y democratización de la comunicación de Internet consiga cerrar la boca del monólogo del poder [23], describe el paso de la fase pasiva a la activa del espectáculo, por el que las personas participan libre y voluntariamente en los mecanismos de estupidización y amaestramiento que parodian la vida real, degradando toda experiencia en número de circo: gracias a tan exitosa domesticación, ya no sólo tenemos un policía dentro de nuestro cuerpo sino también un periodista y un paparazzi y una presentadora de televisión y un concursante de Gran Hermano y un publicista, sobre todo un publicista de uno mismo y de todo lo demás. Por otro lado, el espectáculo hoy no se contentaría exclusivamente con la distorsión de la realidad mediante la proyección de noticias falsas y de simulacros materializados en las fantasías de las mercancías, sino que directamente delira, inventa, fabula, crea esa realidad, como una performance permanente que nos sumergiera en su realidad paralela. La experiencia irrealista de estos últimos años con las fábulas de Bush, el terrorismo espectral, la economía-ficción, la locura científica y las quimeras transgénicas, parecen darle la razón. Y sin embargo, y a diferencia de otras interpretaciones, la critica de Luis nunca rompió las amarras con esa realidad que nunca puede ser completamente abolida, como tampoco lo es la verdad, porque entonces se caería en la trampa de limitarse a denunciar “la situación ideal que estos medios define como propia y de sus contradicciones con el mundo real, el mundo de la vida”, cuando “éste sigue gobernado por el conflicto” [24]. Tampoco queda abolida la economía, y como se comprobará leyendo los textos de este libro, una virtud de su reflexión es no olvidarse de que el espectáculo, la dominación, la atenuación de las formas-de-vida, la megamáquina que se rebela contra su progenitor, la mala cabeza del Hombre de Neardenthal, o lo-que-sea, no son abstracciones sin rostro humano o inteligencias superiores del espacio exterior que se han apoderado de nuestros cuerpos gracias al infalible Plan 9, sino que responden a unos intereses económicos y de clase muy precisos y muy evidentes; que, parafraseando a la película Excalibur de John Boorman, la pregunta a la que también hay que responder es “¿Cuál es el secreto del espectáculo? ¿A quien sirve?”, o si no, ni preguntamos ni entendemos nada. A esto Luis responde, en el contexto de la Huelga de Arte, que “es el Capital, como fuerza separada del control humano, quien se agazapa tras un encadenamiento uniforme de espectáculos que impiden retirar la mirada para comprender. Es el Capital quien admite esa metáfora como uno de sus Nombres Divinos. Y si el Capital siempre tuvo una lógica prevención hacia las huelgas, pondrá todos los recursos para eliminar los recursos que puedan cuestionar el mundo que ha construido de arriba a abajo, un mundo que se disolvería apenas retirásemos la mirada”. Me parece que en todos sus textos esta idea aletea, se explicita a veces y siempre se sobreentiende, y sería innecesario destacarla como un acierto si no se hubiera olvidado, o mejor dicho no se quisiera olvidar en nuestros días.

Por cierto que yo tampoco me olvido de terminar este prólogo. Sólo que antes de despedirme desearía que el libro que nos okupa no sea interpretado como letra muerta del pasado y munición gastada de una guerra perdida; que vuelva a repetirse la reacción que provocaba Amano en sus mejores lectores, que después de leerlo “entren ganas de hacer cosas”; que, como gritaba el cantante Abbo al final del ultimo concierto de UK Decay, este libro también gritara que “esto no es un final, es un nuevo comienzo”. ¿De qué? A esta pregunta sólo el lector podrá responder si quiere y puede, y cualquier respuesta será mejor que el silencio y la comodidad y el aburrimiento. Porque sigue habiendo máscaras y enigmas hasta que la última máscara revele el último enigma.

A fin de cuentas, lo que no nos da la gana olvidar es que el problema más urgente sigue siendo combatir la dictadura en el mundo.


NOTAS

1 Como luego nos explicaría, se trataba del texto que abría la revista, «Los días en rojo: por un proyecto político de vida poética», que teorizaba sobre la acción poética como forma de agitación subversiva y de experimentación de la poesía, y el «Juego de la isla», aplicación práctica en la forma de exploración psicogeográfica de Tirso de Molina.

2 Hay que recordar que el simple y modesto homenaje a Guy Debord que incluimos en el núm. 3 del periódico ¿Qué hay de nuevo? con motivo de su suicidio, las fechas de su nacimiento y muerte y la famosa frase de «in girum noctis…», era suficiente para que algunas personas, muy curtidas en la IS y en las viejas luchas obreras asamblearias de los años 70, entraran en contacto con nosotros. Por supuesto que no éramos los únicos en manejar esas ideas, que ya en esos años 70 se habían ensayado con un fulgor difícil de igualar, que ya existía Preiswert e Industrias Mikuerpo y Stidna! y La Fiambrera Obrera y P.O. Box, o estaban a punto de existir, pero eso no lo sabíamos o no lo suficientemente. Baste esta anécdota para ilustrar el vacio informativo general en el que iba a irrumpir la labor de divulgación (entre otras cosas) de Industrias Mikuerpo.

3 Como advertía en el marco de un ciclo de charlas dedicadas a la IS., «asumir con toda consecuencia un movimiento que ha dejado de existir tan pública y notoriamente, y que jamás pudo ver realizados ninguno de los puntos de su programa, es llevar una careta o ser un fantasma. Así que, situacionistas, ni uno (…) Hoy, que ya no hay situacionistas, existe en cambio el situacionismo: es una ideología» («¿Situacionistas hoy?», en Laberinto Minos núm. 4, p. 15, Sevilla 2003).

4 Hasta el punto de que la aventura de Amano e Industrias Mikuerpo, teniendo las características inconfundibles de su principal animador, no se entiende tampoco si se pasa por alto el sello indeleble que dejaron tantos otros colaboradores, fijos u ocasionales, y particularmente los más vinculados a su origen como Alberto Conderana (a.k.a. Basilio Rivero), Jose Antonio Santos (Tomás Caro), César Otero (Blank@ Pork@), Miguel Sotos, Maite Barrera, Ana Martínez y Ana Lucas.

5 Maldeojo, «Walter Benjamin y la crítica de la dominación», en El Viejo Topo (2000).

6 El texto «Perseo dominando» lo explica mejor: «existe un punto en que toda acción humana queda procesada y convertida en tendencia del sistema. Ante cada enunciado divergente el sistema elabora un reflejo invertido del mismo que lo incorpora y lo disuelve como tal diferencia. Pero existe también el momento de la diferenciación consciente, en el que el individuo contempla el sistema en su conjunto y elabora puntos de fuga, adaptando su identidad a las fallas del discurso del sistema y promoviendo preferentemente otros subsistemas alternativos. Interviniendo la realidad a través de su representación, tal como hiciera Perseo, mediante la detournement, la performance política o el atentado estético, el individuo o el grupo social participa en la construcción de los supuestos que rigen el entorno sociocultural».

7 Aunque su contribución más conocida sea la traducción y publicación de las dos revistas citadas, Amano y Literatura Gris prestaron atención a otros nombres más actuales, Not bored! o Ken Knabb, que se salían ligeramente de la foto. Tras el cierre de otras actividades, Literatura Gris se ocupó también de llevar adelante el archivo y la página web de Altediciones, un intento de configurar una red de distribución alternativa, con criterios y márgenes distintos, a partir de la cooperación entre pequeñas editoriales y distribuidoras antiautoritarias de todo el estado español: Alambre en la Cintura, Acuarela, Alikornio, Almargen, Etcétera, Likiniano Elkartea, Literatura Gris, Muturreko Burutazioak, Octaedro Límites, Pepitas de Calabaza, Précipité, Traficantes de Sueños y Virus).

8 “MIESKELETO. Mapa conceptual para hablar de Mikuerpo años después”. Todas las citas que no aparezcan referenciadas se refieren al boceto para la realización del libro elaborado por Mikuerpo.

9 No se era joven impunemente durante los años 80, y la Movida existió incluso para los más conscientes de sus insuficiencias. Quede para el anecdotario que el lema del programa de radio que nuestro amigo animaba en el pueblo conquense de Las Pedroñeras era “contra la movida madrileña, vino de Valdepeñas”, lo que no quitaba para que, junto a los grandes éxitos del punk y del rock radical vasco, se pinchara no sólo a Parálisis Permanente o Ilegales, lo que puede ser lógico, sino también a UA, La Mode o Décima Víctima. Y más allá de las anécdotas, conviene recordar que tenían razón los que decían que la Movida era un timo porque todo el mundo decía ser artista: esa idea o consigna de genialidad generalizada (y sinvergüenza), al alcance de cualquiera que se lo propusiera, fue (aparte de cierta liberalización de las costumbres) posiblemente su legado más digno, que no la redime de otros muchos efectos perniciosos, pero sí matiza una influencia que (y esto también es inexorablemente cierto) no puede ni tiene por qué ser comprendida ni compartida por las generaciones anteriores y posteriores que no la vivieron.

10 «De antemano», en Amano núm. 0, octubre 1994.

11 Gracias precisamente a la contribución histórica del arte, e incluso a su pesar: léase sobre esta cuestión “No hay arte que valga. La voluntad de crear en la época del artificio”.

12 El precio a pagar de esta iconoclastia sería el sacrificio del estupefaciente imagen y, en consecuencia, del poder perturbador y visionario que se supone al arte mágico, única forma de investigación y de expresión creativas que podría tal vez escapar al desencantamiento de la economía y al embrujo del espectáculo. Como no hay magia negra ni roja ni blanca que al parecer pueda con la transparente del espectáculo, queda legitimada y disponible como hipótesis de trabajo la apuesta de Amano: oponer a la Imagen unívoca que coloniza los imaginarios una oleada de imágenes, no importa cuáles ni de qué tipo, con tal de que sean propias en vez de teledirigidas, autoproducidas en vez de consumidas.

13 Ante estas fantasías oportunistas, el texto se reafirma en que «el fanzine es además y sobre todo un elemento de desorden, y habría que responder con ese desorden a la manipulación institucional de los medios y a la compra dosificada de energías revolucionarias, que es algo así como la PSS de los insumisos culturales» («¿La vida artificial es vida inteligente?», en Amano núm. 9, 1997). Las reflexiones allí contenidas partieron de la participación en un debate sobre el fenómeno de fanedición en la FNAC de Madrid, propiciado por la presentación del libro De espaldas al kiosko. Guía histórica de fanzines y otros papelujos de alcantarilla, en el que Mikuerpo participó junto a Buitre No Come Alpiste, Mondo Brutto y Subterfuge.

14 Sobre las contradicciones de los nombres múltiples, léase «Luther Blissett en España», un distanciado pero imprescindible balance crítico que el propio Luis Navarro aplica a una de sus máscaras más queridas.

15 Y pienso en concreto en el rol de obrero/proletario, que aliena al resto de explotados de su propia explotación, al no considerarse exactamente como obreros, y por buenas razones, para no considerarse nada en absoluto que pueda poner en cuestión la fantasía de que ya hemos llegado a la sociedad sin vencedores ni vencidos. Y es que la mayor victoria del diablo es hacer creer que no existe.

16 A este respecto me es imposible no recordar aquel puesto del Rastro antes citado, donde se reunían desde brillantes adolescentes anarquistas a punto de contagiarse de rabia hasta poetas presuntamente malditos, desde apuntadores del subsuelo hasta franceses que huían del mundo industrial, desde una punkette que admiraba “la caña surrealista” (fuera eso lo que fuera) hasta Elvis Pérez administrando vitriolo en viñetas, o Lusmore y sus ilustraciones anarco-góticas. Estas relaciones peligrosas se extenderían al taller-lectura pública de La sociedad del espectáculo organizado en Traficantes de Sueños en su antiguo local de la calle Hortaleza, las charlas y debates en la Librería Periferia, o incluso la fundación de la revista Maldeojo, ambicioso intento de puesta al día de la teoría situacionista que introdujo también la crítica anti-industrial cuando todavía ignorábamos, algunos de nosotros al menos, que no era exactamente un enriquecimiento renovador de ésta sino su refutación en el escenario de la catástrofe tecnocientífica. Sea como fuere, uno de los mayores títulos de gloria de Maldeojo fue sin duda su participación (no precisamente desdeñable) en el árbol genealógico de Los amigos de Ludd.

17 Como se puede leer en un texto que hace balance de tan agitada época, “la teoría situacionista, accesible por primera vez en español gracias al esfuerzo de Literatura Gris, también causó un fortísimo impacto ente nosotros” (“La epidemia de rabia en España”, segunda parte, por Los tigres de Sutullena, revista Resquicios núm. p. 31).

18 En este sentido, puede ser significativo señalar que una de las acciones estéticas documentadas en Amano fue realizada por la misma persona que más adelante tendría un papel destacado en Conflicto, una de las publicaciones más inteligentes de las cercanas o influidas por el insurreccionalismo.

19 En un documento justificativo de estos talleres, los organizadores explicaban que «ahora sucede, para nuestra sorpresa, que el Macba ha contactado con la gente de la fiambrera, que hasta la fecha no hemos hecho nada de nada para instituciones de ese pelaje, para que montemos una especie de “taller” en que nos explayemos sobre el tipo de cosas que nosotros entendemos como arte político relevante» (…) Tras el primer mosqueo y ante la evidencia de que no era broma, decidimos plantearles lo que haríamos sabiendo que eso era poco habitual, para ser suaves, en un contexto como el del Macba. Lo que les planteamos fue un proyecto de taller en que hablaran al mismo nivel reconocidos grupos de arte político comprometido con conflictos bien reales (…) juntamente con los «correspondientes» movimientos sociales de Barcelona... se trataba, obviamente, de desactivar el juego de que vengan artistas de lejos a contar aquí en un museo lo que ellos hacen y que eso deje en buen lugar al museo sin afectar para nada a la gente de acá». Con lo que suponemos que era mera inocencia, el texto termina diciendo que «para nuestra sorpresa la gente del Macba ha aceptado nuestra propuesta».

20 Como botón de muestra, el «Taller de Investigaciones Subversivas UHP» puntualizaba que «el poder se vacuna, asume pequeñas dosis de rebeldía y demuestra que hay sitio para todos y todas bajo su paraguas. Plantillas realizadas en las pulcras paredes de los templos del arte, manuales de robo anclados a una mesa para que nadie los trinque, propaganda sobre la precariedad en la casa de los precarizadores, etc.» («Desacuerdos: un insulto a la memoria y a la inteligencia», 2005). Se comprende que este panfleto denunciara con tanta ira que «nunca pensamos que observaríamos un ejemplar del Manuscrito encontrado en Vitoria metido en una urna de cristal, con el aliento de un guardia jurado a nuestras espaldas y una cámara apuntando a nuestro cogote».

21 Aparte de realizar acciones tan gozosas como festejar la apertura imaginaria de las puertas secretas del subsuelo de Madrid, con la consecuencia real de una deriva masiva e improvisada, evidentemente interrumpida por la policía, la siembra por las calles de Móstoles de un «suicidio masivo de juguetes abandonados» y de «espantapájaros que se te vienen a comer a tus hijos», o la quema pública de dinero en una concentración contra la crisis económica, porque «en el mundo que todavía llevamos en el corazón existirá el baile, pero no el dinero», estos colectivos parece que han sabido reorientar su vuelo en la dirección primigenia. Quizás por ello sus miembros no se contentan con estos actos de subversión vital, ni los consideran por encima de todos los demás, sino que participan en la lucha antifascista, redactan textos que intentan analizar la realidad, o acuden a manifestaciones tan poco culturales como la que se convocó en Madrid en diciembre pasado en apoyo de la revuelta griega, sin ir más lejos. Ya se sabe que estas formas de combate político no son las únicas, ni tal vez las mejores, pero sin duda son ineludibles para impedir que la práctica de la acción poética se separe de su sentido último revolucionario, lo que de todas maneras no disipa las últimas dudas: cuando Ñaque, fanzine emanado de Huérfanos Salvajes, se presentó en la sociedad internauta, fue recibida en alguna página anarquista al celebérrimo y nada halagüeño grito de «¡¡¡…que vienen los artistas!!!».

22 Había que oír a algunos activistas cómo se alegraban, o se encogían de hombros comprensivamente, cuando se les hacía notar que esta o aquella táctica de guerrilla cultural había inspirado un anuncio televisivo o un gag de una sitcom. ¿Acaso no aprovechaba la economía todas nuestras facultades conscientes e inconscientes? ¿Qué había entonces de malo en que reflejara también nuestras estratagemas? ¿No serviría para colar de matute nuestras reivindicaciones? Claro, visto así… pero preferiría que no lo hiciéramos.

23 Poner en duda no significa descartarlo por completo: aunque «nunca cupo esperar que ningún progreso tecnológico fuese capaz de constituir por sí mismo un progreso social», con Internet se abre «un nuevo espacio de lucha, ni más virtual que la caligrafía ni menos real que el Ministerio de Defensa». Crítico de la técnica sin ser tecnófobo, Luis Navarro incorpora en todos sus textos una disección muy pertinente de los efectos casi letales, pero nunca definitivos, del acondicionamiento técnico en la imaginación y la sensibilidad humanas, aspecto éste que no siempre queda suficientemente reflejado en otras aportaciones (véase un excelente y reciente ejemplo de ello en «Encanto, hechizo, truco. Sobre el destino de la Magia en la época Tecnológica», Salamandra núm. 17-18).

24 «No veis lo que está pasando», Maldeojo núm. 1, p. 26, Madrid 2000.
Acción estética Acción postal Adolfo Marchena Aeron Bergman y Alejandra Salinas AIR Aitor Onaindía Al-Ma Alabastro Alan Turner Alberto Conderana Alejandro Thornton Amador Savater amanita Amano 0 Amano 1 Amano 2 Amano 3 Amano 4 Amano 5 Amano 6 Amano 7 Amano 8 Amano 9 ambos Ana Lucas Ana Ortega Andrés Morte Angela Serna Anki Toner ANNA ANO Antonio Cantarero Antonio Dantas Antonio Gómez Antonio Langoyo Antonio Nelos Antonio Orihuela Antonio Pérez-Cares Añino Archivo Situacionista Hispano Arte Correo Arte Marrón Arte por fotocopia Artesaldo Asger Jorn Asociacione Psicogeográfica de Bologna Barry Smylie Bartolomé Ferrando Basilio Rivero Bertold Brecht Bill Brown Blues Visto Bob Jones BOEK Buitre No Come Alpiste Bureau Of Public Secrets Carles Hac Mor Carlos Barona Carlos T. Mori Carmen Cámara CCPLNDVCTDE Cecilia Cruz Olivares César Figueiredo César Otero César Pesqueras César Reglero Chema de Francisco cine citas y referencias Clemente Padín Coe Col.lectiu Reçerca collage cómic e ilustración Coordinadora de artistas kontra el Arte Corpá Cristina R. Alcalá crítica cultural crítica social Cuadernos Itinerantes Damego Dana Crane Dave-Baptiste Chirot decolage Demon Lugman deriva Dirk Schwarze Domingo Mestre Dorian Ribas Marinho Dragan Zivancevic Dug Brent E. A. Graphix Edgar Prodeo Edgardo-Antonio Vigo El Bellotino de oro El Club de los Estetas Patéticos El Cosmonauta Eléctrico El Lissitzky el relato El Terrible Burgués Elena Cabrera Elisa Velasco Elvis Pérez Emerenciano Encuentros por la Humanidad y contra el Neoliberalismo Encyclopédie des Nuisances entrevistas Eugenio Castro Extraños con Linternas Fanzine Amano fanzines Fausto Grossi Fernando Aguiar Fernando García Delgado Fernando Márquez Fernando Martínez Fernando Millán fotografía Foucault Genealogía de la prensa marginal española Gil G. Wolman Giordano Genghini grafiti Grupo Redondo Grupo Surrealista de Madrid Gustav Metzger Guy Bleus Guy Debord Hakim Bey Hans Braumüller Huelga de arte Ibirico Inismo Internacional Situacionista J. Seafree Jean Terrosian Jesús Camarero John Bennett John Held Jr. Jorge Matamoros Jose Luis Campal José Luis Castillejo José Manuel Rojo José Manuel Vázquez Juan Angel Fernández García Juan Angel Sáiz Manrique Juan José Espinosa Vargas Julia Masvernat Kalvellido Kamen Nedev Karen Eliot Ken Knabb Kike Babas Kike Turrón Kiki de Noche Koldo Guinea komandos de acción kultural anónima (kks) La Compañía La Guerrilla La Más Bella La Voz de mi Madre Laboratorio Excéntrico Laura Baigorri Lautréamont Lesoj Literatura Gris Lluís Guiu Soler López de Ael Los Incontrolados Luis Navarro Luis Ruid Lusmore Luther Blissett Mabel Quiñones Macromassa Maite Barrera Maldeojo manifiestos Manuel Almeida e Sousa Manuel Portela Mari Luz Bermejo Merz Mail Miguel Amorós Miguel Guzmán Misola Dorela mitopoiesis Molero Prior Monty Cantsin muerte del arte Mumia Abu-Jamal Mundo Corvo música experimental Narradores de la red Nel Amaro Nelo Vilar neoísmo net art Nidia Palomo Nietzsche Nikolaus Marr No Copyright nombres múltiples Not Bored nuara nuevas tecnologías Obra/Abre Orfilia P. O. Box Paul Nougé Pedro Gonzalves Pere Foix Pere Sousa performance Phayum pintura plagiarismo poesía visual Poetas desenchufados Preiswert Arbeitskollegen Producciones Imposibles prospectos del Laboratorio psicogeografía radikales livres Raffaelle Gallucci Refractor Resistencia Vírica Ribota Richard Paget Robert Filliou Roger Sesan Sign'zine Silvia Díaz Chica Sotos Spencer Selby Stewart Home Stidna Timothy C. Mayo Tomás Caro TOTEM Traficantes de Sueños United Artists Of The Museum Vda. de Blissett Vicente Muñoz Victor Zygonov Vittore Baroni Von Beetfarmer DeBoring Vanaygum y Poe Vórtice Walter Benjamin Wilderness Wu Ming Yolanda Pérez Herreras zaj