por Clemente Padín
Luego de adherirme a la Huelga de Arte 1990-1993 con un sólo día de huelga real, el 9 de Octubre de 1990, en el marco del Festival Latinoamericano de Arte en la Calle realizado en Montevideo, escribí a los organizadores exponiendo las razones de mi renuncia a continuar: "Aquí, en los países latinoamericanos, no podemos desdeñar un instrumento de lucha como el arte. Para nosotros el arte es un arma en la lucha ideológica contra el sistema. No podemos resignar la lucha por mejores condiciones de vida y por la vigencia de los derechos humanos. No podemos cerrar la boca, pues el sistema ya lo hace... Quien detenta el poder ideológico en la sociedad es quien decreta qué es arte y qué no lo es... Luchamos contra el sistema que trata de imponer un arte expresamente deformado que oculta las lacras sociales bajo un manto de signos banalizados, destinado a servir a sus únicos fines: el lucro y la ganancia especulativa... Pretendemos un arte que escape al ars celarem artem, un arte que zafe al artificio, un arte que cree obras que hagan y no solamente que digan."
Hoy día, 1996, estos presupuestos siguen vigentes. No parece coherente deponer las armas ante lo esencial, aunque podamos atacar aspectos colaterales tales como el énfasis en el mercado o el espectáculo como consumo conspicuo. El arte se revela a sí mismo como forma sublimada de la conciencia social y, por lo tanto, puede llegar a constituirse en un instrumento de conocimiento y de cambio (también en un instrumento de consolidación o rechazo del sistema socioeconómico que genera aquella conciencia). 0 sea que, ante la propuesta de P.O.BOX # 22 (agosto 96) de boicotear la probable Capitalidad Cultural de Europa de Barcelona para el año 2001, es posible luchar no sólo con nuestro "silencio" y la huelga de arte, sino también con nuestras más abrumadores obras sin cerrar nuestras comunicaciones con lo que es la esencia de nuestra actividad artística: la conciencia social.
Detener el proceso de la Capitalidad mediante una huelga de arte es utópico, apenas hace oír nuestra voz discordante. Si realmente fuera eficaz hubiéramos utilizado la huelga para impedir los habituales baños de sangre a que nos tiene acostumbrados el nuevo orden mundial bajo la égida de los Estados Unidos y sus testaferros. Por otra parte, las repeticiones ocurren siempre como parodia, no como historia (la historia sólo recuerda lo inaugural). ¿Por qué no imaginar otras formas de lucha? ¿Qué tal, p.e. fijar un día de movilización mundial en cada lugar en donde hubiere un networker? O, si se prefiere la reflexión y la teoría, ¿por qué no ambientar un "retiro espiritual" breve y, luego, recoger el fruto de la meditación en relación al tema de la legitimación del Estado mediante el arte?
Nuestras armas son débiles (basta contarle los versos a un poema para desarmarlo). Es claro que el silencio (la huelga) puede operar como una forma alternativa de resistencia, aunque pasiva, pero, sobre todo, operará como un suicidio para nosotros que clausuraremos nuestras posibilidades de comunicación al no producir obras.
Luego de la finalización oficial de la guerra civil española, aún seguían luchando pequeños grupos de milicianos que no querían arriar la bandera republicana. Al preguntársele a uno de ellos por qué seguía luchando sin ninguna posibilidad de éxito y a riesgo de perder su vida, respondió: "Porque estamos".
Instalación realizada durante el "Festival Latinoamericano de Arte en la Calle", organizado por Clemente Padín en octubre de 1990. Esta acción se incluía en el movimiento internacional "Strike-Art 1990-1993", que intentaba, mediante la suspensión de la actividad artística, romper el círculo vicioso del arte comercial y de consumo y el retorno de las artes a su función original como instrumento de comunicación e interrelación social.Publicado en P.O.Box # 24 (octubre 1996)
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